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CÓMO VENCER LOS CELOS EN EL MATRIMONIO

¿Eres celoso o sufres por los celos de tu pareja? No importa de qué lado de este dilema te encuentres, este artículo te ayudará.  Primero, me dirigiré al cónyuge celoso y trataré de explicar por qué siente celos y cómo puede lidiar con este problema. Segundo, quiero animar al cónyuge que tiene que soportar los celos de su pareja. Siempre hay dos maneras de ver las cosas y lo mismo sucede con los celos.  Si estas leyendo este artículo, sé que probablemente estarás muy frustrado por este problema.  ¡Ánimo, existen soluciones! Pero, primero debes entender la causa de los celos y la solución que la Palabra de Dios nos da para este problema.

¿Eres el cónyuge celoso/celosa?

1. Cómo entender los celos. Si quieres superar los celos, debes considerar el aspecto bíblico de este problema. Al estudiar las Escrituras que se dirigen a este tema, en seguida reconocerás que existen dos tipos de celos, los celos honrados y los corruptos. ¿Por qué digo esto? Porque Dios es celoso (Éx. 34:14). La palabra celoso en este pasaje significa procurar celosamente lo correcto y lo bueno. Dios no quiere que tengas ningún otro dios por encima de Él, y por lo tanto, te persigue con celo ardiente. Sin embargo, Dios, en Su amor, nunca obligará, controlará ni manipulará a una persona para que lo siga. Incluso, te da la opción de rechazarlo. Jesús destacó esta libertad de elección cuando les dijo a los fariseos: «Pero ustedes no quieren venir a Mí para que tengan esa vida» (Jn. 5:40).

Un hombre o una mujer puede sentir celos honrados por otra persona. Pablo reveló esta verdad cuando le dijo a la iglesia de Corinto: «Porque celoso estoy de ustedes con celo de Dios; pues los desposé a un esposo para presentarlos como virgen pura a Cristo» (2Co. 11:2). Por lo tanto, es natural que tu cónyuge quiera que le seas fiel. Pero, lo malo de los celos humanos es que, por lo general, se pasan del límite y la persona trata de forzar el amor o la fidelidad de la otra. Dios nunca hace eso. De hecho, es imposible obligar a alguien a que te ame o te sea fiel. El amor y la fidelidad deben ser la decisión del libre albedrío de la persona.

En contraste, la Biblia dice que los celos corruptos son obra de tu carne o son motivados por tu naturaleza pecaminosa. El egoísmo es lo que hace que alguien presione, obligue o manipule a otra persona. Los celos egoístas siempre dan lugar a la rivalidad y al odio contencioso; y como resultado, destruyen el amor matrimonial (Gá. 5:20).

Como puedes ver, los celos no siempre son corruptos ni están mal; es una cuestión de motivación o de conducta. Si muestras enojo, contención y envidia hacia tu cónyuge o si estás tratando de manipular a tu pareja, entonces definitivamente tus celos son corruptos. Tus celos no tienen una motivación piadosa la cual es atenuada por el amor y la libertad.

2. ¿Por qué sientes celos? Identificar por qué sientes celos es el siguiente paso para liberarte de este comportamiento contencioso. Hay muchas cosas que pueden provocar los celos, pero estas no son las razones por las que eres celoso. Por ejemplo, puedes sentir celos por la riqueza, las posesiones, la belleza, la capacidad atlética, las relaciones interpersonales, los logros académicos o el éxito de alguna persona. En otras palabras, puedes sentir celos por cualquier cosa.

Sin embargo, esas cosas no son la causa de tu celos. Identificar la causa de los celos es a veces más difícil porque se requiere una introspección genuina. ¿Cuáles son las causas de los celos que te dominan? Los celos surgen cuando la persona: se compara con los demás, no confía en otros, se siente insegura, está en competencia con otros o teme que su pareja la reemplazca por otra persona. A veces el origen de los celos incluye todas estas razones. Para liberarte de estas causas, tienes que lidiar bruscamente con estos problemas en tu vida. No puedes esperar que tus celos desaparezcan milagrosamente simplemente porque así lo deseas. Para alcanzar la libertad que deseas, debes poner en práctica las soluciones que se encuentran en la Palabra de Dios. ¿Por dónde empiezas?

3. Deja de compararte con los demás. Una de las causas fundamentales de los celos es el compararse con los demás. Eso también es un pecado común de la naturaleza carnal, y por lo tanto, debes desecharlo. Pablo determinó que la comparación con los demás fue uno de los problemas principales que causó la autodestrucción de la iglesia en Corinto. Les dijo: «Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos. Pero ellos, midiéndose a sí mismos y comparándose consigo mismos, carecen de entendimiento» (2 Co. 10:12). Así como la congregación en esta iglesia destruyó el amor y la armonía de su comunidad, tú también destruirás tu relación con tu ser querido si permites que la comparación domine tu corazón.

¿Por qué es tan destructiva la comparación? Porque cuando te comparas con otra persona adoptas una de dos posiciones: Te consideras superior o inferior a esa persona. Las dos actitudes indican un orgullo pecaminoso (Ro. 12:3). El orgullo siempre provoca rencillas y distancia a las personas (Pr. 28:25). Por eso es imprudente compararse con los demás.

La única solución a este problema de la comparación es no considerarse mejor ni peor que los demás. La realidad es que eres igual a los demás. ¿Puedes ver a alguien que consideras popular, próspero o más espiritual y creer que ante los ojos de Dios eres igual a esa persona? ¿En realidad crees que Dios te ve absolutamente igual? Si no lo crees, entonces tienes un problema con la comparación y esto es contrario a la verdad que se encuentra en la Palabra de Dios.

Las Escrituras dicen que a los ojos de Dios no hay diferencia entre las personas. Pablo declaró que todos los creyentes acuden a Dios y caminan delante de Él en igualdad. «Esta justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo es para todos los que creen. Porque no hay distinción»  (Ro. 3:22). A los ojos de Dios, todos estamos bajo el pecado. Por lo tanto, cuando alguien llega a la fe en Cristo, está en pie de igualdad con todos los demás pecadores en la justicia de Dios.

Por medio de Su gracia, Dios nos da a todos «una fe igualmente preciosa» (2P 1:2 RVR '60). La frase igualmente preciosa es una sola palabra griega que se refiere a algo similar o de igual valor. En la época de Pedro, esta palabra describía a los extranjeros que habían recibido los privilegios de la ciudadanía, lo cual los hacía igual a los ciudadanos nativos. Pedro estaba convencido de que los destinatarios de su carta eran su igual porque habían recibido la misma fe preciosa de Dios, quien no los diferenciaba de los demás. ¡Qué declaración tan alentadora y humilde del apóstol! Ahora, ¿permitirás que Dios conforme tu pensamiento al de Él? 

4. Resuelve los problemas con la confianza. Otra causa principal de los celos es no confiar en las personas. ¿Estás herido por el fracaso de una relación o un matrimonio anterior, o te ha lastimado alguien cercano? En tal caso, tienes que resolver esa cuestión en tu corazón. ¿Crees que es posible que todas las personas cercanas te lastimen? Si es así, este es el problema.

La solución para la falta de confianza es creer que Dios es amor y que deposita Su amor en otras personas para que no te lastimen. No todos son infieles, no confiables o engreídos.  Pero si piensas que todas las personas son así, pondrás una barrera a tu alrededor y no permitirás que alguien se te acerque. Tratarás de controlar y manipular a las personas que te rodean y esto las alejará. Debes dejar de culpar a tu cónyuge por lo que otra persona te hizo. ¡No es justo! Deja de hacerlo hoy mismo y trata a tu cónyuge conforme al tipo de persona que es. Pablo tuvo que lidiar con muchas personas que lo lastimaron. Mencionó a Alejandro el calderero que, «me hizo mucho daño» (2Ti. 4:14). También dijo que todos lo habían abandonado (2Ti. 4:16). Pero Pablo también descubrió que muchísimas personas tenían un corazón como el suyo. Lee su recomendación de todos los que colaboraron con él en el capítulo 16 de Romanos. Tú también podrás encontrar personas que se parezcan a ti. A medida que encuentres personas de confianza, confía en ellos y deja de dudar de su compromiso contigo, así madurarás en este aspecto.  Tu cónyuge quiere ser ese tipo de persona para ti. ¿Cómo puedes estar seguro? ¡Es muy sencillo! Se casó contigo y se comprometió a vivir el resto de su vida contigo. Esa es razón suficiente para confiar en él/ella. ¿Por qué no comienzas hoy?

5. Lidia con tu inseguridad. Batallar con la inseguridad es una de las luchas más grandes del corazón humano. Por lo general, las personas batallan con tres diferentes aspectos de la seguridad: La seguridad espiritual (su relación con Dios), la seguridad relacional (su relación con las personas) y la seguridad física (su relación con su entorno). La Biblia aborda cada uno de estos temas. Es posible tener una perspectiva sana de cada uno de estos aspectos y así adquirir la seguridad que deseamos. Sin embargo, esto require que la persona escuche la voz del Señor y obedezca Sus mandatos. Dios prometió claramente: «Pero el que me escucha vivirá seguro, Y descansará, sin temor al mal» (Pr. 1:33). ¿Cómo superas tus inseguridades con escuchar al Señor? La madurez en la relación con Dios es fundamental para la solución de cualquier problema en tu vida. Consideremos las formas de lidiar con la inseguridad.

6. Madura en la seguridad con Dios. ¿Cómo madura una persona en su seguridad con Dios? Todo comienza con creer que Él te ama y quiere lo mejor para ti. La confianza en el amor de Dios siempre le dará seguridad a tu corazón. Dios declaró: «Con amor eterno te he amado, Por eso te he sacado con misericordia» (Jer. 31:3). ¿Crees eso? Si no crees que Dios te ama y quiere lo mejor para ti, ¿cómo confiarás en Él para otras cosas? La prueba mayor de que Dios realmente te ama es el hecho de que envió a Su hijo a comunicarse con la humanidad, a tomar el castigo por nuestro pecado y a morir en la cruz por nosotros. El apóstol Juan dijo: «Y nosotros hemos llegado a conocer y hemos creído el amor que Dios tiene para nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios permanece en él» (1 Jn. 4:16).

Si tienes una relación con Dios, que te ha amado desde la eternidad y que ha sacrificado Su posesión más valiosa—Su Hijo, ¿cómo no vas a  estar seguro en Él y no creer que Él quiere lo mejor para ti (Ro. 8:32)? Si quieres cambiar tu relación en este aspecto, en humildad debes pedirle perdón a Dios por dudar de Su amor.  Comienza a confiar en que estás seguro en Su amor para siempre.

7. Madura en tu seguridad relacional. ¿Cómo madura una persona en la seguridad relacional? Así como debes creer en el amor de Dios, también debes confiar en que las personas a tu alrededor también te aman. Debido a la inseguridad, el rey Saúl no creía en el amor de David y eso causó un distanciamiento en su relación. Pero, ¿amaba David a Saúl en realidad? En las Escrituras se ve claramente que David sinceramente se preocupaba por Saúl y quería servirle de cualquier manera posible. La Biblia dice: «Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él; y él le amó mucho, y le hizo su paje de armas» (1S. 16:21 RVR '60) El único problema era que Saúl no creía que David lo amaba. Por lo tanto, Saúl persiguió y abusó de David y se puso en competencia con él. Como resultado, Saúl arruinó su relación con David y lo ahuyentó. Lo triste es que innumerables cónyuges le hacen lo mismo a su pareja debido a la inseguridad.

Para encontrar seguridad en tus relaciones debes hacer varias cosas. Primero, asegúrate de no crear tu propio problema. Determina por qué te parece que las personas no te aman. Examina tu conducta para ver si ofendes a los demás con tu actitud, palabras o acciones. Si eres ofensivo, te debes arrepentir de ello. La conducta ofensiva o desagradable siempre hará que las personas te rechacen. Sin embargo, el resultado de David fue todo lo contrario porque se comportaba con prudencia y las personas lo aceptaban. Samuel declaró: «Y salía David a dondequiera que Saúl le enviaba, y se portaba prudentemente. Y lo puso Saúl sobre gente de guerra, y era acepto a los ojos de todo el pueblo, y a los ojos de los siervos de Saúl» (1S. 18:5). ¿Tu comportamiento hace que las personas te acepten o te rechacen?

Segundo, determina cuál es el comportamiento ofensivo que hace que las personas te rechacen. ¿Impones tu criterio y te vuelves dominante en tus relaciones? ¿Eres controlador, pegajoso, desagradable o buscas la atención de los demás? ¿Manipulas la amistad de las personas al darles regalos y al dominar su tiempo o sus conversaciones? Cuando alguien te rechaza, ¿le ruegas o suplicas por su amor y tratas de obligarlo a que permanezca en la relación? ¿Te preocupa más la aceptación de las personas que tu amor propio? ¿Te resientes cuando una persona o un grupo que consideras parte del "grupo de moda" no te incluye?  Como resultado, ¿rechazas a esa persona o grupo por despreciarte? Si reconoces que te comportas de esta manera, sí eres una persona insegura. Debes admitir que este tipo de comportamiento es pecaminoso y arrepiéntete ante Dios. Abandona esta conducta pecaminosa y revístete de conducta piadosa (Col. 3:12-14). A medida que cambia tu conducta, comenzarás a establecer amistades genuinas, y con cada nueva amistad aumentará tu seguridad relacional.

El tercer paso que debes tomar para lograr esa seguridad en tus relaciones es que debes enfocarte en el bienestar de los demás, debes decidir amar y servir a los demás en lugar de esperar que ellos te sirvan. La verdadera madurez se revela cuando te preocupas más por los demás en lugar de tu propia persona. El egoísmo es el fruto más evidente de la inmadurez. ¿No te sientes satisfecho y seguro en tus relaciones cuando amas y sirves a los demás sin esperar nada a cambio? El apóstol Pablo enseñó que esta debe ser la meta de nuestro crecimiento en Cristo: «...hagan completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás» (Fil. 2:2-4). Observa que para estar unidos en espíritu con otras personas, debes dejar el egocentrismo y humildemente servir a los demás. Amar de esta manera siempre resultará en relaciones duraderas con los demás.

8. Madura en la seguridad física. La causa principal de la inseguridad física es que otras personas te han lastimado en el pasado. La inseguridad física es simplemente el temor de que te vuelva a suceder. He conocido personas que han sido victimas de abuso, físico y sexual, que batallan a diario con el temor de que alguien podría hacerles esto de nuevo a ellas o a sus hijos. Otras quedaron traumadas por un asalto domiciliario o a mano armada y constantemente se preocupan de que la vida es muy insegura. Estas experiencias han destruido la sensación de seguridad física y no saben si alguna vez volverán a sentirse seguras. Si batallas con esto, debes abordar estos temores como lo indica Dios en lugar de huir de circunstancias o personas difíciles para sentirte seguro. Un lugar seguro por sí solo no puede darte la sensación de seguridad que buscas. ¿Qué debes hacer para vencer tus temores y encontrar sosiego en tu seguridad física? Estas son algunas maneras de lidiar con el temor y la inseguridad:

Primero, debes estudiar la Palabra de Dios para entender cómo vencer el temor. Usa el índice temático en tu Biblia y descubre las promesas de Dios en cuanto al temor. Debes entender cómo el temor te paraliza y la forma que Dios ha declarado para superarlo.  La inseguridad física y el temor están directamente relacionados y tienes que superar el temor para poder encontrar esa seguridad física y un lugar seguro en tu vida.

Segundo, debes aprender a controlar tus pensamientos y debes entender cómo tus temores se relacionan con tus pensamientos. Para percibir la seguridad de Dios es esencial que controles los pensamientos que te causan temor. La mayor parte de la inseguridad física origina en tu mente y es ahí donde debes ganar la batalla.

Tercero, debes creer que Dios es tu defensor y protector. Si vives con miedo de tu entorno físico, entonces seguro que no estás convencido de que el Señor es tu defensor y protector. Cuando confías en la capacidad de Dios para protegerte, estás alegre y no temes. David declaró esta verdad: «Pero alégrense todos los que en Ti se refugian; Para siempre canten con júbilo, Porque Tú los proteges; Regocíjense en Ti los que aman Tu nombre» (Sal. 5:11). El temor y la confianza no pueden estar juntos. Uno tiene que cederle el paso al otro. 

9. Abandona tu carácter posesivo. Un carácter posesivo es la raíz de los celos. Debes entender que un carácter posesivo es, principalmente, el deseo egoísta de controlar a tu cónyuge.  El egoísmo te domina y te controla porque Jesucristo no reina en tu vida. Para poder cambiar la situación tienes que dejar tu carácter posesivo, abdicar la soberanía de tu vida y darle preeminencia a Cristo. Él tiene que poseerte por completo y debe tener preeminencia sobre ti para poder liberarte de los celos. Pablo dijo que Jesús, «...es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía» (Col. 1:18).   ¿Es Cristo realmente tu Señor y Maestro? Si Él tiene señorío sobre ti, entonces los celos no te pueden dominar. Niegate a ti mismo y comienza a seguirlo en todas las áreas de tu vida (Mt. 16:24). ¡Dale el lugar de Señor de tu vida ahora mismo!

10. Trata con tu naturaleza carnal. Si no quieres ser celoso, tienes que despojarte de la naturaleza carnal que te domina por dentro. Recuerda que al comienzo de este artículo dije que los celos son una obra de la carne. La comparación con los demás, tus temores y tu inseguridad son pruebas de que estás controlado por tu naturaleza carnal. ¿Qué debes hacer? Hay tres cosas que debes hacer: (1) Reconocer que Dios ya conquistó tu vieja naturaleza pecaminosa al crucificarla en la cruz de Cristo. Con respecto a esta verdad, Pablo dijo: «Sabemos esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado» (Ro. 6:6). (2) Luego tienes que creer (aceptarlo por fe) que Jesucristo hizo esto por ti cuando murió en la cruz.   Pablo alentó a los cristianos romanos al decirles: «Así también ustedes, considérense muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. Siervos, no del pecado, sino de la justicia. Por tanto, no reine el pecado en su cuerpo mortal para que ustedes no obedezcan a sus lujurias» (Ro. 6:11-12). (3) Luego Pablo les enseñó a rendir sus vidas, entregarse a Dios y a permitir que el Espíritu reinara dentro de ellos. Les dijo: «ni presenten los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino preséntense ustedes mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y sus miembros a Dios como instrumentos de justicia» (Ro. 6:13). 

Así es como adquieres dominio propio y controlas la naturaleza carnal que quiere dominarte y despertar los celos en tu interior.

11. Pide perdón. Ahora que entiendes por qué eres una persona celosa, admite tus celos y pídele a tu pareja que te perdone por tu carácter posesivo, tu desconfianza e inseguridad. ¿Por qué es tan importante esto? La Biblia declara: «Cruel es el furor e inundación la ira pero ¿quién se mantendrá ante los celos?» (Pr. 27:4). Necesitas pedir perdón porque has tratado a tu cónyuge de una manera cruel. Al no confiar en tu pareja, al interrogarla o tratar de controlar sus decisiones o al explotar con ira, destruyes tu relación.  Ve hoy mismo y confiésale tus faltas a tu cónyuge (Stg. 5:16).

Al hacer esta confesión, asumes la responsabilidad de tus acciones y no le atribuyes la culpa a tu pareja. De hecho, si has atribuido la culpa a tu pareja, con mucha más razón debes confesarle tu falta.

12. Busca un consejero. Un buen consejero también sería útil para resolver todos estos problemas en tu vida. Él o ella puede ayudarte a ver cómo la Palabra de Dios se aplica a tu situación y motivarte a tomar más medidas. Recuerda, «El camino del necio es recto a sus propios ojos, Pero el que escucha consejos es sabio» (Pr. 12:15). ¡Haz la llamada hoy mismo!

¿Eres la victima de los celos?

1. ¿Estás provocando a tu pareja? Tal vez pienses que este consejo contradice mi último punto, pero ese no es el caso. Por lo general, la razón principal de los celos está dentro de la persona celosa, pero en algunos casos el cónyuge podría estar haciendo cosas que provocan celos en su pareja. Tienes que examinar tu propia conducta y asegurarte de que tu comportamiento no provoca ni suscita los celos en tu pareja.

¿Te das cuenta de que las Escrituras enseñan que tu conducta puede provocarle celos a Dios? La Biblia dice: «Judá hizo lo malo ante los ojos del Señor, y lo provocaron a celos más que todo lo que sus padres lo habían provocado con los pecados que habían hecho» (1 R 14:22). Si puedes provocarle celos a Dios, seguro que es posible provocarle celos a un ser humano. 

¿Qué tipo de acciones provocan celos en tu pareja? Coquetear con alguien del sexo opuesto, reunirse con alguien del sexo opuesto sin tu pareja, tocar o abrazar, de una manera inapropiada, a alguien que no sea tu cónyuge. Debes evitar esta y toda conducta que dé una mala apariencia por la cual tu pareja podría perder su compostura (1Ts. 5:22).

2. Establecer la confianza. Volver a establecer la confianza con tu ser querido no es nada fácil. Salomón declaró que «El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada, Y los pleitos son como cerrojos de fortaleza» (Pr. 18:19). Por lo tanto, es seguro que ambos tendrán mucho trabajo por delante para restaurar esta relación. Para restaurar la confianza y el compañerismo tienen que eliminar las barras que los separan. Si se esfuerzan, es posible lograrlo.

Les sugiero que mantengan una comunicación fluida y sincera acerca de sus temores para llegar a tener una relación más estrecha. Expresa tu deseo de ser digno de confianza y confiable. Pero recuerda que solo en una atmósfera de amor se puede establecer la confianza (1 Cor. 13:4-7). Elige amar a tu cónyuge, expresa tu gratitud por los buenos momentos que han vivido y confía en que Dios traerá esos tiempos nuevamente. Para más detalles sobre cómo establecer la confianza en tu relación, visita www.covenantkeepers.org y lee el artículo titulado Cómo restaurar la confianza en tu matrimonio.

3. Ora por tu cónyuge. Orar por tu pareja que lucha con los celos es muy importante porque él/ella enfrenta una enorme batalla en su mente. La inseguridad, la comparación y los problemas de confianza no son fáciles de superar. Por lo general, estos problemas se han desarrollado en el pensamiento de una persona por años y no se resolverán de la noche a la mañana. Tus oraciones serán muy eficaces y alentadoras para él/ella. Recuerda que, «La oración eficaz del justo puede lograr mucho» (Stg. 5:16). No te des por vencido, persevera en la oración.

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