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Mateo 7:21-29

Ahora que llegamos al final de este poderoso mensaje personal de Cristo a Sus discípulos, espero que, al igual que yo, aceptes el desafío y te sientas alentado. Es verdaderamente una de las obras maestras de la sabiduría y la verdad que Cristo proclamó. ¡Qué Dios avive estas verdades en tu corazón y que éstas produzcan el fruto de una vida transformada!

Estas últimas palabras de Cristo causan dificultad para algunas personas porque tratan con el juicio de Dios. Para algunos, pensar en el día del juicio final les causa temor, ansiedad y preocupación. Sin embargo, es un tema que se debe abordar porque, tarde o temprano, cada uno de nosotros estará sujeto al juicio de Dios.  Jesucristo dijo: «No se queden asombrados de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán Su voz,  y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio» (Jn. 5:28-29). Está claro que hay dos resurrecciones, una para la vida y otra para el juicio. ¿De cuál resurrección formarás parte? ¿Entiendes que todos viviremos por siempre? Pero sí, tenemos la opción de elegir dónde pasaremos la eternidad.

En la enseñanza que estamos a punto de estudiar, Cristo revela el criterio que usará para juzgar. Todo dependerá de lo que hiciste con Su mensaje—¿lo escuchaste y obedeciste, o no? ¿Te das cuenta de que cada verdad espiritual que escuchas y cada estudio bíblico al que asistes trae consecuencias? La consecuencia es que eres responsable por lo que has escuchado. Es por eso que Jesucristo finaliza este sermón con una advertencia muy clara. No moderaré el impacto de este mensaje en absoluto. Puede que perturbe a algunos que lo lean, pero creo que eso es bueno. Hará que examines tu consciencia a la luz de este tema. Veamos lo que dijo Jesús:

«“No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos.  Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?’.   Entonces les declararé: ‘Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad’.  Por tanto, cualquiera que oye estas palabras Mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca. Todo el que oye estas palabras Mías y no las pone en práctica, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; y cayó, y grande fue su destrucción”.  Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de Su enseñanza; porque les enseñaba como uno que tiene autoridad, y no como sus escribas». Espero que las enseñanzas de Cristo en el Sermón en el Monte también te asombren, estremezcan y desafíen.   

¿Cuál es el mensaje de Jesucristo?

El mensaje en esta última parte del sermón es una simple advertencia. Es importante entender esto porque tienes que ver el panorama completo de todo Su mensaje para no perderte en los detalles. Jesucristo está afirmando que tus creencias y acciones tienen ramificaciones. Una conducta religiosa superficial en lugar de una verdadera relación con Él, trae consecuencias. Cristo no quería una demostración superficial de la religión de los fariseos. Quería discípulos humildes que realmente lo amaran. Menciona esto a lo largo del sermón, y lo vuelve a repetir en sus últimas palabras. Observa las tres advertencias que Jesús les da. Tres cosas en las que no deben confiar. 

No confíes en palabras religiosas.

En el versículo 21 dice, «No todo el que me dice...».  Jesucristo conocía muy bien a los hombres. Sabía que era muy fácil usar palabras religiosas y no vivir conforme a ellas. Identificó este problema como una de las características básicas de los fariseos. Instruyó a los discípulos: «Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés. De modo que hagan y observen todo lo que les digan; pero no hagan conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen» (Mt. 23:2-3). En otras palabras, los fariseos hablaban muy bien, pero no cumplían su palabra.  Usaban palabras religiosas para sacar ventaja, pero, en lo personal, no las cumplían. Probablemente te habrás encontrado con personas que profesan fe en Cristo y son muy persuasivas con la jerga cristiana, pero cuando observas su vida, sus palabras no concuerdan con la realidad. Una persona puede parecer muy espiritual, pero cuando llegas a conocerla te das cuenta de que sabe muy poco de Él. Algunas personas viven una doble vida. Cuando ves esto te preguntas: Caramba, ¿cómo puede ser?  La respuesta es muy simple, son solo palabras religiosas que han aprendido. No confíes en ese tipo de persona.  En Tito 1:16 Pablo también nos advierte sobre algunas personas que conoció en su ministerio. Dijo: «Profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan». En otras palabras, tu vida y tus acciones deben estar en armonía con lo que profesas.  Jesús dirá de los que falsamente profesan conocerlo: «Jamás los conocí» (Mt. 7:23). También el apóstol Juan enseñó lo mismo. Dijo: «Él que dice: “Yo lo he llegado a conocer”, y no guarda Sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él» (1Jn. 2:4). Jesús, Pablo y Juan están de acuerdo en que las palabras religiosas no significan nada ante Dios. Cristo quiere que tus acciones concuerden con tus palabras, de lo contrario, estás viviendo una mentira.

No confíes en obras religiosas.

La segunda advertencia que Jesucristo da a los discípulos es de no confiar en obras religiosas.  Dijo, «Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?”».  Esta es una profesión de obras religiosas sin una relación verdadera con Cristo. Repito, a estas personas les dirá: «Jamás los conocí» (Mt. 7:23). Observa que las obras religiosas que Jesús menciona son formidables. Estas personas profetizaron en Su nombre, echaron fuera demonios y en Su nombre hicieron milagros. Cuando la mayoría de creyentes lee esto piensa: Un momento, ¿cómo es posible que alguien haga un milagro, eche fuera demonios, o profetice en Su nombre y no sea un verdadero creyente? Hay una simple respuesta que muchas personas pasan por alto. Cuando ocurre un milagro, a veces es por la fe de la persona que recibe el milagro, y no por el predicador o el evangelista. Otra posibilidad es que el predicador o el evangelista profetiza falsamente, como Balaam.  Recuerda lo que declaró Judas en Judas 1:11. Dijo: «¡Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Caín, y por ganar dinero se lanzaron al error de Balaam, y perecieron en la rebelión de Coré». Balaam profetizaba, pero obviamente era un hombre perverso y profetizaba con malas intenciones. Lo hacía solo para ganar dinero.  Además, en 2 Tesalonicenses 2:9 dice que el Anticristo, o «La venida del impío será conforme a la actividad de Satanás, con todo poder y señales y prodigios mentirosos».  Fíjate que en los últimos días las personas aceptarán al Anticristo, especialmente porque hará milagros.  Esta persona y el profeta falso que lo acompañará, tendrán poder y darán señales y harán prodigios. Mi pregunta es, ¿estos dos harán esos milagros por el poder de Dios? ¡Seguro que no! El simple hecho de ver un milagro o escuchar una profecía impactante no significa nada. Tienes que examinar el fruto de la vida de la persona y sus creencias. ¿Por qué? Porque alguien puede hacer estas cosas por un poder que no es el poder de Dios. Incluso en el Antiguo Testamento se le advierte al pueblo que, si alguien viene y hace un milagro, deben prestar atención a lo que esta persona les dice que hagan.   Si les dice que sigan a otro dios, sabrán que esa persona es un profeta falso y que no fue enviado por el Señor (Dt. 18:20-22). 

No confíes en el conocimiento religioso.

La tercera advertencia de Cristo es que no debes confiar en el conocimiento religioso. De hecho, te garantizo que muchas personas con mucho conocimiento bíblico terminarán en el infierno. ¿Por qué digo eso? Jesucristo dijo algo muy parecido en Lucas 13:24-28: «Esfuércense por entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos tratarán de entrar y no podrán.  Después que el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, y ustedes, estando fuera, comiencen a llamar a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”. Él respondiendo, les dirá: “No sé de dónde son”.  Entonces comenzarán a decir: “Comimos y bebimos en Tu presencia, y enseñaste en nuestras calles”; y Él dirá: “Les digo que no sé de dónde son; Apártense de Mí, todos los que hacen iniquidad”. Allí será el llanto y el crujir de dientes cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero ustedes echados fuera». Una vez más vemos esta palabra, que me da pena, «muchos».  Muchos tratarán de entrar en el reino y no podrán.   Mira que no dice que nunca los conoció, sino que no sabe de dónde son.  Esta palabra está en el tiempo perfecto, por lo tanto, se refiere a una acción pasada que tiene resultados actuales y continuos. Además, cuando Jesús dijo, «No sé de dónde son», el verbo «son» está en el tiempo presente. Jesús menciona a las personas que dicen, «enseñaste en nuestras calles»; esto quiere decir que conocían la verdad bíblica y, sin embargo, Él no sabía de dónde eran. Probablemente se refiere a las personas que han asistido a la iglesia, escuchado la predicación de la Palabra de Dios, y nunca se han arrepentido; o a aquellos que se han alejado y ya no lo siguen. Cristo espera que las personas actúen según el conocimiento que tienen de Él. ¡No espera nada menos! Jesús dijo que la razón por la que fueron expulsados fue porque hacen iniquidad. La palabra hacen está en el tiempo presente lo que significa que viven un estilo de vida pecaminoso sin arrepentirse.  Obviamente, no actuaron conforme al conocimiento que tenían de Él.

¿En qué se basa el juicio de Dios?

Es importante y esencial entender en qué se basa el juicio de Dios. Cada uno de nosotros estará delante de Él algún día y, por lo tanto, debemos saber. Primero, observa en este pasaje de Mateo 7:21-23 que Cristo declara que Él es el que juzgará a la humanidad.  Dijo: «Entonces les declararé: “Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad”». De manera que Él es el juez supremo y estarás delante de Él algún día.  ¿Qué decidirá cuando te juzgue a ti?

Dios basará Su juicio en el conocimiento que tiene de ti y de tu corazón.

La base de tu relación con Él, o la falta de ella, es lo que determinará si entras al reino o no. Este es el significado del versículo 23, «Entonces les declararé: “Jamás los conocí”».  Conocerlo es esencial. Esta palabra conocí es una palabra muy importante. Es la palabra griega que describe un conocimiento personal, empírico e íntimo. La palabra conocí no se refiere solamente a un conocimiento intelectual, se refiere a conocerlo por experiencia propia. La diferencia entre el conocimiento intelectual y el empírico se ilustra mejor de esta manera: Puedes decirle a un niño que no ponga su mano cerca de la llama en la estufa porque se quemará. Tus palabras le dan al niño un conocimiento intelectual de que la llama podría quemarlo, y que eso lo lastimaría. Pero, a menos que ponga su mano sobre la llama y sienta la quemada del fuego, no tendrá conocimiento empírico. Esa es la única manera de saber, por experiencia propia, que el fuego quema.

La Biblia usa la misma palabra en Lucas 1:34 (RVR '60) en la pregunta que María le hizo al ángel que anunció su embarazo y que daría luz a un hijo: «¿Cómo será esto? pues no conozco varón». María usa la palabra conozco para describir la intimidad física entre marido y mujer. En resumidas cuentas, para tener una relación individual contigo, Dios te debe conocer personal e íntimamente. Tienes que conocerlo y conocer personalmente el poder de Su resurrección en tu vida. ¡Él te conoce así, o no te conoce en absoluto!

Conocerlo a Él es la clave para la obediencia en la vida de un creyente. De allí proviene el poder para andar en Sus pasos y seguirlo. En Mateo 7:24; 26 Jesucristo dijo: «Por tanto, cualquiera que oye estas palabras Mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca»...«Todo el que oye estas palabras Mías y no las pone en práctica, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena». Él compara al hombre sabio con el insensato basado en su obediencia a lo que Dios les dijo que hicieran. 

Jesús está afirmando que la obediencia a Su Palabra es la prueba definitiva de que lo conoces. Hay dos manifestaciones de la desobediencia que resultan en el rechazo definitivo de Cristo en el juicio final.  La primera manifestación es la que acabamos de explicar.  A las personas que practican la iniquidad o el pecado a lo largo de su vida, cuando llegue el día Jesús les dirá: «Jamás los conocí».  La segunda manifestación que resulta en el rechazo definitivo de Cristo es cuando la persona profesa creer en Él, pero no persiste en practicar la justicia. Esta persona se ha alejado de Jesucristo y ha vuelto a su estilo de vida anterior. Jesús menciona este problema en Lucas 12:45-46,  «Pero si aquel siervo dice en su corazón: “Mi señor tardará en venir”, y empieza a golpear a los criados y a las criadas, y a comer, a beber y a embriagarse,  el señor de aquel siervo llegará un día, cuando él no lo espera y a una hora que no sabe, y lo azotará severamente, y le asignará un lugar con los incrédulos».  Jesús estableció claramente que el juicio se basaría en la relación que la persona tiene con Dios.  Cuando una persona se aleja de la fe y de la esperanza en que Cristo vuelve, y regresa a la conducta que tenía en su vida anterior, está en peligro del juicio severo de Dios.  Es esencial que el creyente persevere en su andar con Cristo. A menudo me encuentro con personas que profesan ser creyentes, pero viven en el pecado o lo practican. Cohabitan con su pareja sin estar casados, se drogan o se emborrachan. Sin embargo, creen que irán al cielo, pero eso no es lo que Jesús dice aquí. Si eres un seguidor de Cristo y conoces a alguien así, con amor y delicadeza, diles la verdad. Pablo dijo, «¿O no saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se dejen engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios» (1Co. 6:9-10).  Anima a esa persona a que se despierte y tome una decisión, porque su estilo de vida determinará si entrará o no al reino de los cielos. Es por eso que en Gálatas 6:1 se nos alienta a restaurar a aquellos que han sido sorprendidos en alguna falta. Si conoces a alguien que profesa ser creyente y se encuentra en este autoengaño, viviendo en el pecado y sin asistir a la iglesia, por favor, ve y restáuralo hoy mismo. Si realmente te interesas por esta persona, búscala y comunícate con él/ella.   

Dios basará Su juicio en que conoce todos tus secretos. 

Saber que Dios te conoce a la perfección es esencial cuando consideras que en eso basará Su determinación definitiva. Piensa por un momento en lo que Él sabe de ti. ¿Sabe si realmente lo amas? ¡Claro! ¿Qué le dijo Jesús a la iglesia en Éfeso? Reveló lo que sabía de ellos cuando dijo: «Pero tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor» (Ap. 2:4). Observa que no dijo, “has perdido tu primer amor”. No, dijo: «has dejado tu primer amor». Esta fue una decisión voluntaria de su parte, Jesucristo lo sabía, y le advirtió a la iglesia que regresara a Él.

¿Qué le preguntó Jesús a Pedro?, «¿Me amas?» (Jn. 21:16). ¿Crees que Jesús hizo esta pregunta porque realmente no sabía si Pedro lo amaba o no? Claro que no, Él sabía muy bien. Y Pedro, ¿estaba seguro de la condición de su propio corazón en ese momento? No lo creo.  El amor a Dios es esencial para tener una comunión estrecha e íntima con Él. Sin ese amor no puedes conocer al Señor. Entonces, ¿lo amas con esa primera experiencia de amor que tuviste cuando pusiste tu fe en Él? ¿Tienes en tu interior ese deseo apasionado

de conocerlo más a fondo?  Él sabe la verdad, ¿la sabes tú? Mira lo que Cristo dijo de los fariseos. En Juan 5:42, «pero a ustedes ya los conozco, que no tienen el amor de Dios».  La relación que tenía con los líderes religiosos estaba basada en este conocimiento. En Juan 8:42 Jesucristo les dijo a los fariseos: «Si Dios fuera su Padre, me amarían, porque Yo salí de Dios y vine de Él». En Juan 8:45 les vuelve a repetir: «Pero porque Yo digo la verdad, no me creen». Lo único que le interesa a Jesús es saber si lo aman y creen en Él. ¿Por qué le importan tanto estos dos temas? Porque tu vida cristiana fluye de estos. Tienes que tener una relación personal de amor y una fe sincera en Él. En esto se basará Dios para juzgar a cada uno de nosotros.

Dios basará Su juicio en lo que sabe de ti—si realmente eres un hacedor de la Palabra. 

Jesús afirma este criterio en el versículo 24 cuando dijo: «cualquiera que oye estas palabras Mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio...»  La frase pone en práctica en este versículo se encuentra en el tiempo presente, lo que significa que es algo que se practica continuamente.  Esto es lo que la Biblia llama practicar la justicia. Me imagino que muchos estarán pensando: ¿Hay alguien que realmente obedezca Sus mandamientos regularmente y practique la justicia?  ¡Seguro que sí! Me atrevería a decir que la mayoría de las personas que leen esto los obedecen regularmente. Pero sé que algunos de ustedes estarán pensando: Pero no sabes lo que hice ayer cuando me enojé con esa persona y exploté. Soy un gran pecador y a veces fallo así. Sí, estoy de acuerdo contigo, eso es un pecado. Pero, ¿qué hiciste después de explotar? Te arrepentiste y le pediste perdón a Dios. Luego, después de orar, regresaste y le pediste perdón a esa persona, ¿no? De ser ese el caso, practicas la justicia. No estás practicando el pecado. Practicar el pecado es conducta pecaminosa por la cual no te arrepientes. El pecado por el cual te arrepientes es perdonado y tú eres transformado. Esta es la persona a la que se refiere Jesucristo cuando dice que regularmente hace la voluntad de Su Padre. Jesús enseñó esta verdad en una corta parábola que explicó en Mateo 21:28-32,  «Pero, ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegándose al primero, le dijo: “Hijo, ve, trabaja hoy en la viña”. Y él respondió: “No quiero”; pero después, arrepentido, fue.  Llegándose al otro, le dijo lo mismo; y este respondió: “Yo iré, señor”; pero no fue.   ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? “El primero”, respondieron ellos. Jesús les dijo: “En verdad les digo que los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que ustedes.  Porque Juan vino a ustedes en camino de justicia y no le creyeron, pero los recaudadores de impuestos y las rameras le creyeron; y ustedes, viendo esto, ni siquiera se arrepintieron después para creerle”»  (Mt. 21:28-32).  ¿Cuál es el propósito de esta parábola? No seas como los fariseos que conocían los mandamientos del Padre, prometieron obedecerlos, pero se negaron a arrepentirse y a seguir a Jesucristo. Más bien, sé como los recaudadores de impuestos y las rameras que al principio se negaron a obedecer y vivían vidas pecaminosas, pero cuando escucharon las enseñanzas de Cristo, se arrepintieron y lo siguieron. La gloriosa verdad es que, «Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad» (1 Jn. 1:9). La palabra confesamos en este versículo está en el tiempo presente, lo que significa que, si constantemente confieso mis pecados, Él constantemente me perdona y me limpia de toda maldad. Practicar la justicia simplemente significa que ves tu pecado como lo ve Dios; te arrepientes, le pides perdón y serás perdonado. Esto es todo lo contrario a la práctica de la iniquidad. ¿Por qué? Porque cuando fallamos y pecamos, anulamos esta injusticia cuando hacemos la voluntad de nuestro Padre, la cual es confesar nuestro pecado y alejarnos de esa conducta—como lo hicieron los recaudadores de impuestos y las rameras. En otras palabras, el arrepentimiento y la confesión demuestran que crees en Él. Recuerda, estas fueron las primeras palabras que Jesús predicó cuando comenzó Su ministerio. Dijo: «“El tiempo se ha cumplido”, decía, “y el reino de Dios se ha acercado; arrepiéntanse y crean en el evangelio”»  (Mr. 1:15). Él simplemente quiere que reconozcamos nuestras faltas y nos arrepintamos. Lo hacemos porque creemos en Él, lo amamos y queremos estar bien con Él.

En esta vida no existe la perfección sin pecado, pero tenemos un estilo de vida de arrepentimiento y fe en Dios.  Esta es la voluntad del Padre. 

Tu profesión de fe se pondrá a prueba.

El último punto que quiero destacar es que este pasaje revela la certeza de que un día todo lo que eres y todo lo que has hecho será probado por Dios. ¿A qué me refiero? Al leer este pasaje verás que hay dos pruebas. Una prueba será «en aquel día» (Vs.22), refiriéndose al día del juicio final. La segunda prueba es hoy y durante toda tu vida. ¿Superarás estas pruebas? 

La prueba en «aquel día»

Toda persona que jamás haya vivido pasará delante de Dios algún día para ser juzgada. Hay un juicio para los creyentes que determinará la recompensa o la pérdida de la recompensa por su servicio a Cristo (Ro. 14:10-12; 1Co. 3:10-15). Hay un juicio para todos los incrédulos en el trono blanco de Dios (Ap. 20:11-15). ¿Estás preparado para esta evaluación final de tu vida? Para aquellos que leen esto y son creyentes, quiero que pienses en el juicio que vendrá. Supongamos que de alguna manera te das cuenta de que el arrebatamiento ocurrirá dentro de una hora, o que mañana de camino a casa del trabajo morirás en un accidente automovilístico. ¿Hay algo que no querrás que el Señor mencione en ese momento? ¿Hay algo que no querrás que proclame a los cuatro vientos para que todos lo escuchen? Eso es exactamente lo que Jesús dijo que haría. Lucas 12:2-3, «Nada hay encubierto que no haya de ser revelado, ni oculto que no haya de saberse.  Por lo cual, todo lo que han dicho en la oscuridad se oirá a la luz, y lo que han susurrado en las habitaciones interiores, será proclamado desde las azoteas».   Si no quieres que esas cosas salgan a la luz, eso te debe motivar a arrepentirte ahora mismo. Hoy tienes la oportunidad de ser perdonado, y esas cosas serán arrojadas a las profundidades del mar y nunca más serán mencionadas (Mi. 7:19). Luego en aquel día, con toda confianza, podrás pasar delante de Él. 

También está el juicio del incrédulo. Si lees esto y no eres seguidor de Cristo, me da escalofríos pensar en cómo será ese día para ti. Jesucristo dijo que todos viviremos para siempre, pero tú eliges dónde pasarás la eternidad. Él dijo: «No se queden asombrados de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán Su voz,  y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio» (Jn. 5:28-29). También dijo:  «Yo les digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio.  Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado»  (Mt. 12:36-37). Está bastante claro. En ese día, tendrás que dar cuentas de todo lo que has dicho y hecho. Pídele perdón a Dios AHORA, recibe a Cristo por fe, y serás salvo de la ira venidera.

Cómo superar las pruebas de hoy
La segunda prueba la tomas hoy y todos los días de tu vida. Es una prueba de la profesión de tu fe y de los cimientos sobre los que está edificada.  En la vida hay tormentas continuas, pruebas, aflicciones y momentos difíciles. Suceden cosas que nunca pensaste que sucederían. Sin embargo, las pruebas y aflicciones se presentan todos los días. La cuestión es, ¿cómo reaccionas? Estas pruebas revelan si tu casa está construida sobre la roca o sobre la arena. Tu casa permanecerá firme o caerá. ¿Qué determina si la casa permanece firme o cae?, los cimientos que la sostienen. Es importante tener en cuenta que tanto los creyentes verdaderos como los hipócritas experimentarán las tormentas y las pruebas de la vida. Jesucristo afirma esto claramente cuando describe al hombre sabio y al insensato. Ambos hacen frente al mismo viento, lluvia y torrentes. Por lo tanto, como creyente, no pienses: Espera un momento. Señor, ¿por qué permites estas pruebas en mi vida? Yo te amo. Te soy fiel. ¡Esto no debería suceder! O, pero sí te debe suceder. Así es la vida. Vivir en un mundo caído que se

rebela contra Dios es un marco para las pruebas. De hecho, porque eres creyente, tendrás ciertas pruebas que un incrédulo no tendrá. Cuando defiendas a Jesucristo serás perseguido y odiado por la gente en este mundo.  Hablarán mal de ti y te herirán simplemente porque eres creyente. No lo consideres extraño, Pedro dijo: «Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo. Antes bien, en la medida en que comparten los padecimientos de Cristo, regocíjense, para que también en la revelación de Su gloria se regocijen con gran alegría» (1P 4:12-13). Así que anticipa las pruebas y las aflicciones, ¡porque vendrán! ¿Estás preparado? 

¿Qué factor determina si superarás estas pruebas? Cristo dijo que los cimientos son el factor determinante. ¿Cómo eriges cimientos firmes? La Biblia nos dice precisamente cómo erigir cimientos sólidos. Comienza con una verdadera confesión de fe. Hablando de Jesús, Pedro proclamó: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mt. 16:16-18). Esta fue la confesión sincera de Pedro. Jesús respondió: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos.  Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella»  (Mt. 16:17-18). Es importante recordar que Jesucristo no quiso decir que Pedro era el fundamento sobre el cual se edificaría la iglesia. Lo que resalta aquí es que la confesión de fe de Pedro, la proclamación que Jesús es el Cristo, es el fundamento sobre el cual se edificaría toda la iglesia.  Una vez que apropies esta confesión de fe, que Jesús es el Cristo, habrás puesto tus cimientos firmemente sobre la Roca. Luego continuarás edificando tu vida de fe en Él. Debes edificar tu vida sobre esta roca. Jesucristo comparó metafóricamente nuestro cuerpo físico con una casa o tienda de campaña—una vivienda temporal. Tu vida entera permanecerá firme o caerá según los cimientos que uses para edificarla. Edificarás sobre la roca o sobre la arena. Una superará las pruebas del tiempo y la otra caerá. 

El segundo factor que determina si tu casa permanecerá o caerá, es tu obediencia a Sus mandamientos. Una vez que hayas puesto tu fe en Él y hayas hecho una confesión de fe, tienes que obedecerle. Esto es lo que Jesucristo resaltó con respecto al hombre sabio que edificó su casa sobre la roca y al hombre insensato que edificó su casa en la arena. Él es quien interpretó esta analogía. El hombre sabio obedeció e hizo lo que se le dijo, el hombre insensato no lo hizo. Esta misma verdad se encuentra en Lucas 6:47-48. En este pasaje Cristo da un poco más de información sobre Su enseñanza. Dijo: «Todo el que viene a Mí y oye Mis palabras y las pone en práctica, les mostraré a quién es semejante:  es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavó hondo y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el torrente dio con fuerza contra aquella casa, pero no pudo moverla porque había sido bien construida» (Lc. 6:47-48).  Observa los tres elementos que Jesús menciona aquí, «Todo el que viene a Mí y oye Mis palabras y las pone en práctica».  Estos tres elementos que Él relaciona son esenciales. Para ser un hombre sabio debes venir a Cristo, escuchar, y hacer lo que Él dice. Esto hará que te mantengas fuerte en medio del estrés y las pruebas de la vida. La manera como reaccionas a las pruebas y a las tormentas de la vida revela los cimientos sobre los cuales has edificado tu vida.  

No hay razón para caer.

Hay una cosa más que quiero agregar. ¿Te das cuenta de que no hay ninguna razón por la cual puedas caer, ya sea hoy o en aquel día? ¡No hay razón alguna! ¿Por qué? Mira el contexto del Sermón en el Monte. ¿Qué dice Mateo 7:7? «Pidan, y se les dará». Así es como tienes acceso a la abundante fuerza y poder del Espíritu Santo que está a tu disposición. Cualquiera que sea la necesidad, Él puede satisfacerla. No tienes, porque no pides (Stg. 4:2). ¿Por qué es tan importante la oración? Porque es lo que cultiva esa relación íntima y ese contacto exclusivo con el Señor. Ahí es donde el Señor quiere reunirse contigo. Quiere que le hables. Pedro dice en

2Pedro 1:10, «Así que, hermanos, sean cada vez más diligentes para hacer firme su llamado y elección de parte de Dios. Porque mientras hagan estas cosas nunca caerán». ¡Esta es la promesa! Este estudio te advierte para  no caer. Pero te dejo con la promesa de que nunca tendrás razón para caer. Sin embargo, he conocido creyentes que dicen: «O, nunca caeré. Ni siquiera creo que pueda caer». En mi mente pienso, ¡qué tontería! Es por eso que la Biblia dice, «el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga»  (1Co.10:12). Pero no tienes porqué caer. Ninguna de las personas que lee este artículo tiene porqué caer. Puedes superar la prueba que vendrá esta semana. ¡Puedes superar la prueba que vendrá el día del juicio! Si solo haces lo que Él te dice. Acércate a Él, entrégale tus preocupaciones, enamórate de Él y confía en Él. Así entrarás por la puerta estrecha y andarás por la senda angosta.   Serás sabio y edificarás tu casa sobre la roca, Jesucristo; «Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo»  (1Co. 3:11). Si Él es tu roca y tu fundamento, entonces superarás las pruebas que vendrán. 

Acerquémonos a Él en oración. Padre, te damos gracias por el plan desplegado en el Sermón en el Monte. Ruego que hoy quebrantes nuestros corazones mostrándonos cuánto nos amas y cómo quieres que triunfemos. Que, en fe, cada uno de nosotros se acerque a ti a escuchar tu voz y a obedecerte. Señor, te pido que esta verdad penetre en nuestro interior para que podamos seguirte de todo corazón. Te ruego que produzcas el fruto de tu Espíritu Santo y el fruto de la justicia en cada una de nuestras vidas, para que podamos conocerte y ¡conocer el poder de tu resurrección!  Ayúdanos a crecer y profundizar nuestra relación contigo a medida que edificamos sobre ese firme fundamento.

Si nunca le has entregado tu vida a Cristo, o si no estás seguro si realmente eres un creyente, quiero darte la oportunidad de ser perdonado y de experimentar la misericordia de Dios en tu vida. Dios quiere dispensar Su misericordia sobre ti, si le pides perdón y lo invitas a que tome control de tu vida. Él purificará tu corazón si reconoces tu pecado y si estás dispuesto a dejar tu estilo de vida y seguirlo a Él.  Si quieres recibirlo ahora mismo, ora y dile a Dios: «Señor, perdóname.  Reconozco mi pecado.  He quebrantado tu ley.  Perdóname.  Jesús, ven y toma control de mi vida. Te recibo por fe en este momento.  Quiero ser tu discípulo. Lléname con tu Espíritu Santo y ayúdame a seguirte». Si recitaste esta oración, confiésale tu fe a alguien hoy mismo. Envíame un correo electrónico al This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. y te enviaré material para creyentes nuevos que te ayudará a comenzar tu relación con Cristo. ¡Que Dios te bendiga ricamente!