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Mateo 7:13-20

En el capítulo 7 Jesucristo advierte a Sus discípulos sobre el juicio justo y el injusto. Les instruye que hay dos maneras de juzgar—de la manera correcta y la incorrecta. Hay una manera de juzgar que condena, la cual no corresponde a los creyentes; y una manera de juzgar con discernimiento que todos los creyentes deben emplear.  Cristo explica cómo adquirir el discernimiento necesario para juzgar correctamente. En los versículos 6-12, se encuentran dos principios muy importantes que ayudan a discernir. Uno de ellos es la oración, y el otro es el amor. Ahora, veamos dos principios más del discernimiento. Jesucristo dijo: “Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición (destrucción), y muchos son los que entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Así que, por sus frutos los conocerán(Mateo 7:13-20).

Muchas veces cuando las personas leen esta sección de la Biblia no perciben la relación entre los principios que se deben emplear para juzgar y el texto que los precede o el que los sigue. Pero te aseguro que Jesucristo sabe muy bien lo que está enseñando. Existe un vínculo evidente entre los comentarios anteriores y los que siguen a continuación—les está enseñando la manera de discernir y juzgar correctamente.

¿Cuáles son estos principios adicionales para discernir y juzgar correctamente?

1. El discernimiento procede de una comunión con Dios.

Jesús comienza con un simple mandato a Sus discípulos y a todo aquel que desee tener comunión con Él. Si quieres adquirir el discernimiento necesario en tu vida, necesitas tener una relación con Dios. Debes entrar por la puerta estrecha y continuar en la senda angosta. Entrar por la puerta estrecha es una cosa, seguir la senda angosta es otra. Jesucristo instruye que el discernimiento se adquiere al entrar por la puerta estrecha y seguir la senda angosta que produce el fruto de la vida en tu interior.  Una vez que tengas esa vida en tu interior, tendrás la capacidad de adquirir el discernimiento preciso. El tema principal de este sermón es hacer que Sus discípulos entren por la puerta estrecha. ¿A qué me refiero? Observa lo que Jesús dice a los discípulos en Mateo 5:20, “Porque les digo a ustedes que si su justicia no supera la de los escribas y Fariseos, no entrarán en el reino de los cielos”. Lo importante aquí es la palabra entrarán. Jesús quería que los discípulos no solo estuvieran conscientes del reino, sino que, de hecho, entraran en el reino. Mira el versículo que sigue al pasaje que estamos estudiando en Mateo 7:21. Cristo dijo: “No todo el que Me dice: ‘Señor, Señor,’ entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos”. Observa que la palabra entrará es el punto más importante de este versículo.

¿Qué quiere decir Jesús cuando manda: “Entren por la puerta estrecha”?  La palabra Griega entren, de acuerdo con el Diccionario de Idiomas Bíblicos, es una palabra que literalmente significa experimentar. Puedes ver el uso de esta palabra en Lucas 22:40 donde Cristo dice: “Oren para que no entren en tentación”. Está claro que Jesús se refiere a entrar en o experimentar la tentación. En este versículo Cristo instruye que si no quieres experimentar la tentación, entonces tienes que ser un hombre o mujer de oración. Cuanto más profunda y más íntima sea tu vida de oración, más protección tendrás contra la tentación. Si tu vida de oración es mínima, tendrás que lidiar con mucha más tentación todos los días. ¿Por qué?  Si no oras mucho, simplemente no experimentarás ni el poder ni la vida de Dios en tu interior. Su poder y Su vida solo se encuentran si te acercas y esperas en Él en oración. ¿Tienes acceso a Su vida y Su poder mientras esperas en Él o caminas usando tu propia fuerza? Esperar en Dios is a coined phrase

Todo aquel que lea estas palabras ha entrado por la puerta estrecha y va por la senda angosta, o ha entrado por la puerta ancha y va por la senda amplia que lleva a la perdición.  Jesucristo declaró que solo hay dos opciones en la vida. No puedo presentar una tercera opción o estaría añadiendo a la Palabra de Dios y representando a Dios inadecuadamente. Estaría mintiendo. No existe una tercera opción. Es solo el cielo o el infierno. No existe el purgatorio. Jesús dijo, o ¡estás conmigo o en mi contra! Tenemos la vida o la muerte. Eso es todo. No hay lugar para la neutralidad. Cristo no permite que alguien nade entre dos aguas y no tome una decisión con respecto a Él. Una vez que entres por la puerta estrecha y percibas Su vida en tu interior, podrás distinguir entre las ovejas verdaderas y los lobos vestidos de ovejas. Es por esta razón que el discernimiento es tan importante. ¿Estás seguro de que sabes la diferencia entre la senda amplia y la angosta? ¿Cuál senda has elegido?  

¿Cómo se compara la puerta ancha y la senda amplia con la puerta estrecha y la senda angosta?

Primero, permíteme explicar la puerta estrecha y la senda angosta. Una vez que entiendas estos términos será fácil entender cuál es la puerta ancha y la senda amplia. Primero, hay que definir la puerta, que es el punto de entrada al redil. La puerta estrecha es Jesucristo. Él estableció esto claramente cuando enseñó: “En verdad les digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes de Mí son ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso.  Yo soy la puerta; si alguno entra por Mí, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pasto” (Juan 10:7-9). No puedes entrar al redil si no es por medio de Él. Hay muchas personas que tratan de tener una relación con Dios sin pasar por la puerta, que es Cristo. Si alguien trata de entrar de otra manera, Jesús los llama ladrones y salteadores, o lo que llamó a los escribas y fariseos en el Sermón en el Monte—lobos vestidos de oveja.

Pedro habló sobre esta verdad de la puerta estrecha en el libro de Hechos 4:12 cuando dijo, “En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos”. Eso

significa que hay solo una puerta y una sola senda que nos lleva a una relación con el Padre. Hay un solo Dios y una senda para llegar a Él. Es muy natural y lógico pensar que hay una sola senda para llegar a este Dios. Entonces, ¿cuál es ese nombre que debemos clamar para ser salvos? Es el nombre de Jesús. Pero, hoy en día, la gente dice que no importa que nombre le demos a Dios. ¿Es cierto eso? ¿Las personas que adoran e invocan a Alá están adorando al mismo Dios? No. El nombre de Dios es Jehová y se usa de manera intercambiable con las palabras "YO SOY" que se encuentran en Éxodo 3:14. En el Antiguo Testamento cuando Moisés se detuvo frente a la zarza ardiente la Biblia dice: “Entonces Moisés dijo a Dios: “Si voy a los Israelitas, y les digo: ‘El Dios de sus padres me ha enviado a ustedes,’ tal vez me digan: ‘¿Cuál es Su nombre?’ ¿qué les responderé?” Y dijo Dios a Moisés: “YO SOY EL QUE SOY,” y añadió: “Así dirás a los Israelitas: ‘YO SOY me ha enviado a ustedes.’” Dijo además Dios a Moisés: “Así dirás a los Israelitas: ‘El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a ustedes.’ Este es Mi nombre para siempre, y con él se hará memoria de Mí de generación en generación” (Éxodo 3:13-15).

Además, en el Nuevo Testamento Jesús afirmó ser el YO SOY. En Juan 8:58-59 dijo, “antes que Abraham naciera, Yo soy. Entonces tomaron piedras para tirárselas”.  ¿Por qué querían apedrearlo? Porque sabían exactamente lo que estaba afirmando. Por lo general menciono este pasaje a los testigos de Jehová y les digo, "Ustedes no entienden quién Jesús dijo que era, pero las personas en la época de Jesucristo claramente entendieron quien Él afirmaba ser”. De hecho, anteriormente en Juan 8:24 Cristo dijo: “porque si no creen que Yo soy, morirán en sus pecados”. Estaba afirmando que tenían que creer algo muy particular acerca de Él o morirían en sus pecados. Creer en Jesucristo implica creer que es quien dijo ser. Creer en Jesucristo te permite entrar por la puerta estrecha.

En otra ocasión, en Mateo 22:42, Jesús hizo una pregunta muy particular a los fariseos. Les dijo: “¿Cuál es la opinión de ustedes sobre el Cristo (el Mesías)?  ¿De quién es hijo?” Creo que todos estamos de acuerdo en que Él no haría esta pregunta si no fuera de mucha importancia. La respuesta es aún más importante. En otras palabras, ¿quién es Jesucristo? ¿De quién es hijo?  Ellos le contestaron: “De David”. Jesús respondió, “Entonces, ¿cómo es que David en el Espíritu Lo llama ‘Señor’?” Luego Jesús cita el Salmo 110:1 donde David llama al Mesías Señor.  Jesús continúa diciendo: “Pues si David Lo llama ‘Señor,’ ¿cómo es Él su hijo?” Él mencionó este pasaje porque no solo revela la deidad de Cristo, porque lo llama Señor, sino también Su humanidad porque era el hijo de David.   El Mesías tenía que ser del linaje de David para ser el hijo de David (1 Reyes 8:25). Pero Jesucristo era mucho más que solo el hijo de David. También era el Hijo de Dios, o literalmente, Dios Hijo o Dios en carne humana.

También cuando Jesús afirmó ser el Hijo de Dios, los fariseos tomaron piedras para apedrearlo porque afirmó que Dios era Su propio Padre. Este es un término muy específico en griego. Entendieron que Jesús estaba afirmando ser igual a Dios. Observa el comentario de Juan después de que Jesús dijo esto, “Entonces, por esta causa, los Judíos aún más procuraban matar a Jesús, porque no sólo violaba el día de reposo, sino que también llamaba a Dios Su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (Juan 5:18). Por lo tanto, no hay duda de que esto es importante para determinar a quién debes clamar pidiendo salvación. La puerta estrecha simplemente significa entablar una relación con el Padre por medio de Su único Hijo, Jesucristo. 

¿Cuál es la senda angosta? 

La palabra senda significa el camino o la vereda que sigues. La senda angosta es el camino que tomas al continuar tu comunión con Cristo. En Juan 14:6 Jesús se describe no solo como la puerta del redil de ovejas, sino también como el camino hacia el Padre. En otras palabras, el camino que debes tomar es la comunión diaria con Él. Jesucristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí”.  No puedes entrar por ninguna otra puerta para llegar al Padre y no hay otra forma de conocer a Dios, excepto a través de la fe, la comunión y la obediencia a Cristo. La senda angosta es simplemente oír y obedecer los mandatos de Jesucristo. Así es como puedes conocer la verdad que te llevará a la vida.

Sin embargo, muchas veces las personas entran por la puerta estrecha pero no caminan por la senda angosta. La puerta es una cosa y la senda es algo totalmente diferente. ¿Caminas tú por la senda angosta? Si la senda angosta es simplemente obedecer Sus mandatos, ¿por dónde empiezas? En Mateo 16:24 Jesús dijo: “Si alguien quiere venir en pos de Mí”, esa es la puerta por la que debemos entrar, “niéguese a sí mismo, tome su cruz y que Me siga”. Esta última parte del versículo se refiere a la senda angosta por la que debemos caminar. La senda angosta significa que te niegas a ti mismo, renuncias a tu vida—tal como lo hizo Él en la cruz—y lo sigues de esa manera el resto de tu vida. En Proverbios 14:12 Salomón dijo: “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final, es camino de muerte”. Es posible que un camino aparente ser derecho, pero en realidad no lo es. ¿Por qué? Porque no requiere que la persona se niegue a sí misma ni que renuncie a su vida. Examina el fruto de tu vida y eso te revelará la manera que has elegido vivir.  A veces las personas rechazan la puerta estrecha de Jesucristo y la salvación que solo Él provee simplemente porque quieren continuar por su propio camino.

¿Por qué dice Jesús que muchos eligen la puerta ancha y pocos eligen la puerta estrecha?  La respuesta se encuentra en Mateo 7:13-14, “amplia es la senda que lleva a la perdición (destrucción), y muchos son los que entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”. Cristo sabe que lo que está en juego es la experiencia de la vida verdadera. También sabe lo arduo que

es caminar por la senda angosta.  ¿A qué se refiere cuando dice que es difícil? ¿Por qué es difícil caminar por la senda angosta? Porque te cuesta algo. Tienes que renunciar a tu vida, a tus derechos, a lo que te parece correcto y tienes que dar muerte al yo y seguir Su camino. Por eso es difícil. ¡Tienes que morir! Pero eso es lo que no nos gusta. A nadie le gusta dar muerte a sus deseos carnales.

Todos los creyentes tenemos dos problemas: nuestra voluntad y nuestra naturaleza carnal. Estas dos cosas impiden que la persona entre por la puerta estrecha y que camine por la senda angosta. Permíteme mostrarte esto en las Escrituras. En Juan 5:40 Jesús detalla cuál es el problema de los fariseos y por qué no creían en Él. Dijo: “Pero ustedes no quieren venir a Mí para que tengan esa vida”.  Observa que vuelve a repetir que la fuente de esa vida es tener una relación con Él. Ellos querían religión y los ritos religiosos, no una relación con Dios.  Querían una religión superficial y no un corazón transformado. Solo querían aparentar. Cristo dijo que los fariseos “no quieren” acercarse a Él, la puerta estrecha. Este es el primer problema que tenemos. ¿Estás dispuesto a entregar tu vida por Él y a seguirlo, o eres voluntarioso y rebelde? ¿Batallas con tu voluntad en todo momento? En lo personal, resistí a Jesucristo por mucho tiempo antes de acercarme a Él. No quería admitir que era un pecador. Me negaba a rendirme porque quería continuar en mi conducta pecaminosa. Esta misma batalla contra tu voluntad ocurre incluso después de aceptar a Cristo. Es por eso que Jesús nos enseñó con Su ejemplo a orar diciendo: “No se haga Mi voluntad, sino la Tuya” (Lucas 22:42).  La verdadera madurez y el crecimiento comienzan cuando sometes tu voluntad a Él.

La segunda batalla que te impide caminar por la senda angosta es la batalla con la naturaleza del pecado carnal. Esta batalla interna continúa dentro de todos nosotros.  Luchamos con nuestra naturaleza pecaminosa antes de entrar por la puerta estrecha y después de llegar a la senda angosta. Esta es la razón principal por la que muchas personas no continúan en la senda angosta.  Es como tener una doble personalidad, como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, viviendo dentro de ti. Un día andas y vives como es debido para un creyente, y al siguiente día eres completamente diferente. Al ver tu conducta, nadie pensaría que eres un creyente. A veces, esta batalla se lleva a cabo en tu mente, en tus pensamientos y nadie la ve. La frustración y la condena de esta batalla interna pueden ser agobiantes. Te preguntas, ¿qué voy a hacer? No puedo continuar viviendo así. ¿Hay alguna manera de evitar esto? La respuesta es ¡sí la hay! ¿Cómo evitas esta batalla? Tienes que rendirte a Dios y eso lo haces al pedirle y aceptar que el Espíritu Santo te controle. Mira lo que Pablo dice en Gálatas 5:17: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que ustedes no pueden hacer lo que deseen”.  Esta es la batalla del verdadero creyente. Quieres hacer lo debido, pero hay una batalla que ruge en tu interior. Esta es una manera de verificar que realmente eres un creyente. Revela que tienes una nueva naturaleza luchando con tu naturaleza vieja. Por lo tanto, usa tu libre albedrío y sométete al Espíritu Santo. Esto hace que tu naturaleza vieja muera y que tu nueva naturaleza reine

en tu interior.  Esto determinará si en tu interior experimentarás la vida o la muerte, la senda amplia o la senda angosta. Solo cuando te sometas y percibas el poder liberador del Espíritu Santo podrás experimentar la vida y tener el discernimiento necesario para comprender lo que debes hacer en cada circunstancia. Permíteme demostrar cómo Pablo instruyó sobre esto en las Escrituras. En Efesios 3:14-19 Pablo dice,  “Por esta causa, pues, doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra. Le ruego que El les conceda a ustedes, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder por Su Espíritu en el hombre interior; de manera que Cristo habite por la fe en sus corazones”. Observa que Cristo habita en el corazón de aquel que entra por la senda angosta.  Luego Pablo dijo, “También ruego que arraigados y cimentados en amor, ustedes sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que sean llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios”.  Una vez que estés arraigado y cimentado en amor, podrás “comprender”—este es el discernimiento.   ¿Qué es lo que comprenderás? Cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y conocerás el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento. Tendrás el entendimiento espiritual y la confianza de que eres un verdadero creyente y estarás seguro de tu salvación. También podrás reconocer otros creyentes verdaderos.  Este discernimiento es el resultado de tu victoria sobre tu propia voluntad y tu naturaleza carnal. 

2. El discernimiento proviene del examen del fruto.

El verdadero discernimiento proviene del examen del fruto. Jesucristo menciona esta verdad en Mateo 7:15-20. Permíteme ilustrar este principio del discernimiento. Todas las semanas vamos al supermercado y al estar allí, por lo general, compramos fruta y verduras. ¿Qué haces para escoger la fruta? ¿Agarras la fruta indiscriminadamente y la pones en tu carrito, o examinas cuidadosamente cada manzana, durazno o ciruela antes de ponerlos en el carrito? Por supuesto que la inspeccionas cuidadosamente porque a veces agarras una fruta que se ve bien, por un lado, pero cuando le das vuelta esta magullada o podrida. Cuando encuentras una fruta podrida, ¿la compras de todos modos? ¡Por supuesto que no! ¿Por qué? Porque no quieres comer algo podrido. Tomas esta decisión porque te has convertido en un buen inspector de frutas. Si sabes cómo inspeccionar la fruta en el supermercado, ¿por qué no haces lo mismo cuando tratas con las personas? Si sabes discernir la fruta física, seguro que podrás discernir la fruta espiritual. ¿Examinas el fruto en tu propia vida? ¿Examinas el fruto en la vida de las personas que profesan fe en Cristo? ¡Debes hacerlo! Esto te permite discernir correctamente. Es tu responsabilidad. En este sermón, Cristo ordenó a sus discípulos que hicieran esto. En resumidas cuentas, todo discernimiento es una inspección del fruto. Por lo tanto, déjame explicar cómo hacerlo. 

El primer paso para comenzar la inspección, es determinar si hay fruto en tu vida. ¿Por qué? Porque has sido llamado a dar fruto y ese fruto debe ser bueno. En Juan 15:16 Jesucristo dijo: “Ustedes no me escogieron a Mí, sino que Yo los escogí a ustedes, y los designé para que vayan y den fruto, y que su fruto permanezca; para que todo lo que pidan al Padre en Mi nombre se lo conceda”.  Observa que en este versículo Cristo relaciona el fruto con la oración y la relación con el Padre. Esto es muy interesante. Todo creyente ha sido designado para dar fruto. Para poder examinar el fruto de otra persona, necesitas saber qué es un buen fruto. Primero tienes que verlo en tu propia vida. Recuerda lo que Jesús dijo anteriormente en este sermón:  “Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano”.  Primero tengo que examinarme a mí mismo; tengo que ver frutos buenos en mi propia vida.  Entonces podré ver claramente para poder observarlo en otras personas.

¿A qué se refería Jesucristo cuando usó el término, fruto? El fruto comprueba que el árbol vive. El fruto del Espíritu comprueba que existe una vida espiritual sólida, una fe genuina. Si tienes árboles frutales en tu jardín, ¿qué harías con un árbol que no da frutos? Lo cortarías y te desharías de él. Es por eso que en el versículo 19 Cristo dice: “Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego”. Es inservible.  ¿Por qué vas a seguir irrigando y alimentando un árbol que no da fruto? No lo harías. Pero a veces los árboles frutales se enferman.  Los alimentas y los rocías para eliminar la enfermedad porque si no lo haces, la enfermedad matará al árbol. Si aún así no da fruto, entonces no sirve para nada excepto para ser cortado y arrojado al fuego. El fruto indica una vida saludable.

Pablo explica cómo es la vida saludable de un creyente. Es el fruto que el Espíritu Santo produce. Gálatas 5:22-23 dice: “Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio”. Este es el fruto que debe ser evidente cuando el Espíritu Santo mora en tu interior y reina en tu vida. También se encuentra el fruto de la justicia. Estas son las actitudes y las acciones que se manifiestan en tu vida cuando el Espíritu Santo te controla. En Hebreos 12:11 dice: “Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados (adiestrados) por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia”.   Experimentamos pruebas o disciplina para que Dios pode nuestro árbol y demos más fruto del Espíritu y crezcamos en justicia.

La Biblia también habla del fruto de tus pensamientos. En Jeremías 6:19 (RVR '60) el Señor dice: “Oye, tierra: He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon mis palabras, y aborrecieron mi ley”. El pueblo de Israel lo rechazó en su mente.  Lo rechazaron en sus pensamientos al no obedecer Su Palabra. Tus pensamientos son sumamente importantes. Por esta razón debes controlar lo que ven tus ojos y en lo que medita tu mente. Si no controlas tus pensamientos, tarde o temprano harás lo que has estado

pensando. El fruto de tus pensamientos es el fruto de tu corazón. Recuerda que Jesús dijo: “del corazón provienen malos pensamientos” (Mateo 15:19). Si tienes malos pensamientos, necesitas rectificar tu corazón. Necesitas un corazón arrepentido. Si tus pensamientos y tu corazón están contemplando la maldad, no puedes continuar en la senda angosta.

También tienes que tener en cuenta el fruto de tus labios. En Hebreos 13:15 la Biblia dice: “Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan (alaban) Su nombre”.  Si no te preocupas por el fruto de tus labios, participarás en chismes, hablarás mal de otros, usarás halagos para obtener ventaja, usarás lenguaje obsceno y muchos otros pecados que revelan mal fruto. El fruto del Espíritu, la rectitud, tus pensamientos y el fruto de tus labios son cosas que debes tomar en cuenta. ¿Qué tipo de fruto es manifiesto en tu vida? En general, ¿es buen fruto? 

Creo que es importante considerar y reconocer los problemas del fruto en tu vida. Debes hacerte preguntas como estas: ¿Coincide el fruto de mis labios con el fruto de la Palabra de Dios? ¿Repito lo que dice la Palabra de Dios, o le añado o le quito a las Escrituras? ¿Coincide el fruto de mi vida con la Palabra de Dios y con lo que Él manda, o estoy viviendo en contra de Su Palabra? ¿El fruto de mi actitud está en armonía con el amor de Dios, o tengo la misma actitud que el resto del mundo?

Ahora, una advertencia. Esto no quiere decir que serás perfecto o que todos los días de tu vida darás un fruto perfecto. Permíteme ilustrar esto. Cuando vas al supermercado a comprar fruta, ¿compras solo fruta sin defectos? ¡No! ¿Por qué? Porque no hay fruta perfecta. Existe una gran diferencia entre un magullón en la piel de la manzana y una manzana podrida. Algunas frutas están pasadas de madurez y otras están verdes. ¿Quiere decir que no las compras? No, de hecho, a veces quieres solo fruta pasada de madurez para enlatar, y otras veces quieres fruta verde para que dure más tiempo en el mostrador.  La cuestión es que tienen defectos y los pequeños magullones se pueden cortar antes de comer la fruta. Esta es la razón por la que Jesucristo habló de sacar la viga de tu propio ojo antes de sacar la mota del ojo de tu hermano. Esto quiere decir que hay motas y las puedes eliminar. Todos los días eliminamos las motas en nuestra vida. Lo hacemos mediante el arrepentimiento y la oración. Es importante observar que cuando Cristo habla de este fruto, se refiere a algo que es constante en tu vida. En los versículos 17-18 dice: “[...]todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos”. La palabra da en todas las versiones de este versículo se encuentra en el tiempo verbal presente. Eso significa que Jesús se refiere a un árbol que continuamente da frutos buenos o malos. En el versículo 18 dice que un árbol bueno no puede, continuamente, producir frutos malos.  Una vez más, la palabra producir en el versículo 18 se encuentra en el tiempo presente. Esto nos ayuda a entender que se refiere a la práctica constante en la vida de una persona y no a una persona perfecta. No existe ningún creyente que de

frutos perfectos. Yo no lo logro, ni tú tampoco. Pero la práctica constante de tu vida debe ser producir buenos frutos. Cuando te alteras, te enojas, le gritas a tu pareja o a tus hijos, o tienes un conflicto con alguien, y luego te das cuenta de que de tus labios salió mal fruto, ¿qué haces? Te arrepientes y rectificas tu corazón. Luego regresas y pides perdón, lo cual produce buen fruto. 

Permíteme dar algunos ejemplos.

Cada uno de los ejemplos a continuación, son hechos verídicos que sucedieron en la vida de algunas  personas que he aconsejado a lo largo de los años en mi ministerio. Esto te ayudará a apreciar la importancia de juzgar con discernimiento. ¿Cómo implementas ese discernimiento? He conocido algunas personas que realmente son muy agradables y parecen ser muy amorosas. Todo lo que dicen suena muy bien, pero también usan drogas o tienen relaciones íntimas con su novia o novio, o con el cónyuge de otra persona. O esta persona agradable miente compulsivamente y la han pescado varias veces.   O esta persona agradable está involucrada en una práctica delictiva en su negocio y de repente, esa práctica sale a la luz. Eso debe levantar sospechas. Debes reconocer que no todo anda bien. Las palabras que profesan no coinciden con el fruto de su comportamiento. Hay personas que, como los fariseos, aparentan estar haciendo lo correcto. Parecen ser ovejas verdaderas, pero son creyentes falsos. Te das cuenta de que, en privado, son personas extremadamente severas y abusivas con su cónyuge; son elitistas, orgullosas y censuristas, lo cual es todo lo contrario del fruto del Espíritu. Cuando observas estas contradicciones, llegas a la conclusión de que algo anda mal. Falta el fruto del Espíritu. El hecho de que no hay fruto de justicia te hace reconocer que las palabras que profesa no tienen valor y son falsas. 

Cristo dijo en Juan 13:35 que así se distinguen los suyos: “En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros”.  No se refiere a las acciones externas. El fruto del Espíritu es amor, que es la prueba de la vida interior. Si no ves ese fruto, debes hacer un examen de consciencia para determinar si realmente has entrado por la puerta estrecha y si te encuentras en la senda angosta. ¿Realmente has puesto tu fe en Jesucristo? ¿Andas con Él? Si no es así, necesitas cambiar tu rumbo.  Tal vez tengas que cortarle el magullón a la fruta. Esto lo haces por medio del arrepentimiento.  Lo importante es venir a Él por fe, luego Él se encarga de transformar a la persona y transformar su corazón. ¡Debes creer que Él lo hará!

Para concluir, recuerda que el fruto es el mejor medio de discernimiento. Es por eso que Pablo le advierte a la iglesia en Corinto, “Nadie se engañe a sí mismo” (1 Cor. 3:18). ¿Por qué dijo esto? Porque estas personas profesaban tener fe en Cristo, pero a la misma vez, practicaban la inmoralidad. Pablo les dijo: “¿O no saben que los injustos no heredarán el reino de Dios?” (1 Cor. 6:9). En otras palabras, ustedes tampoco entrarán al reino.

Qué triste pensar que alguien podría asistir a la iglesia y aún así no entrar al cielo. Aquí es donde Jesús concluye el Sermón del Monte animando a Sus oyentes a examinarse a sí mismos. Este será nuestro próximo estudio.

Quiero animarte a que hagas justamente eso, que te examines. Ese es el discernimiento más importante que debes tener. Comienza con tu propia vida y asegúrate de que realmente has vuelto a nacer. Si has nacido de nuevo, entonces caminaras por la senda angosta. Un camino conduce a la vida, y el otro no. ¡Ora por favor! 

Padre, te ruego que nos ayudes a cada uno de nosotros a examinar nuestra propia consciencia. Señor, queremos entrar por la puerta estrecha y queremos seguir la senda angosta para experimentar la vida que has planeado para cada uno de nosotros.  Queremos tener una relación personal contigo donde podamos experimentar Tu vida. Señor, tu vida es como agua viva que satisface el alma, y eso es lo que anhelamos.  Y Padre, sabemos que Tú estás dispuesto a dárnosla.  Dijiste que, si pedimos, se nos dará. Padre, te ruego que ayudes a todo aquel que necesite corregir su rumbo para regresar a la senda angosta, y capacítalo para negarse a sí mismo, tomar su cruz, dar muerte a la carne y seguirte sin distracción.  Confío en que sí lo harás. 

Si nunca le has entregado tu vida a Cristo, o si no estás seguro si realmente eres un creyente, quiero darte la oportunidad de ser perdonado y de experimentar la misericordia de Dios en tu vida. Dios quiere dispensar Su misericordia sobre ti, si le pides perdón y lo invitas a que tome control de tu vida. Él purificará tu corazón si reconoces tu pecado y si estás dispuesto a dejar tu estilo de vida y seguirlo a Él.  Si lo quieres aceptar en este momento, te sugiero que ores y digas, “Señor, perdóname.  Reconozco mi pecado.  He quebrantado tu ley.  Perdóname.  Jesús, ven y toma control de mi vida. Te recibo por fe en este momento.  Quiero ser tu discípulo. Lléname con tu Espíritu Santo y ayúdame a seguirte”. Si acabadas de recitar esta oración, confiesa tu fe a alguien hoy mismo. Envíame un correo electrónico a This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. y te mandaré material para creyentes nuevos que te ayudará a comenzar tu relación con Cristo. ¡Que Dios te bendiga ricamente!