Un estudio temático por Steve Carr

Al considerar el mensaje del evangelio, ¿cómo te describirías tú?  ¿Eres un incrédulo o un creyente? ¿Dudas cuando escuchas el testimonio que Jesús murió y resucitó? ¿Dudas que sea posible que alguien vuelva a la vida?  ¿Te preguntas si le importa a Dios que seas un incrédulo? O tal vez eres un creyente y estás leyendo esto para poder conversar con alguien que se considera un escéptico y quieres saber cómo puedes convencer a esta persona de que Jesús vive.  Te sugiero que sigas leyendo porque todas estas preguntas tienen respuestas.

Probablemente habrás escuchado el término, “Tomás el incrédulo”. ¡Tal vez a ti te han llamado así! Para comenzar, quiero asegurarte de que a Dios sí le importa si eres un incrédulo.  Le importa tanto que quiere convencerte de la verdad acerca de Sí mismo y de Su resurrección.  Este interés se manifiesta en la historia de Jesús y el primer Tomás incrédulo.  Es muy importante que consideres este relato porque revela que Jesús no rechazó a Tomás por sus dudas.  Todo lo contrario, Él trató de convencer a Tomás de las razones por las que debía creer.  Si continúas leyendo, te explicaré estas razones y espero poder convencerte.  ¿Qué hizo Jesús para convencer a Tomás de Su resurrección? ¿Qué fue lo que convenció a Tomás?

Jesús se dirigió hacia Tomás.

Lo primero que hizo Jesús fue dirigirse directamente hacia Tomás.  Si recuerdas, Tomás no estaba presente cuando Jesús se les apareció a los otros discípulos después de Su resurrección.  Juan 20:24-25 declara, “Pero Tomás, uno de los doce…no estaba con ellos cuando Jesús vino.  Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto”.  Pero Tomás les dijo a los otros discípulos: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”. Este comentario escéptico de Tomás es categórico y muy desafiante.

El relato continúa: “Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: “! Señor mío, y Dios mío!” Jesús le dijo: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (v.26-29).

Lo primero que Jesús hizo para convencer a Tomás fue tenderle la mano.  Jesús dio el primer paso para hablar con Tomás de su incredulidad.  Este ejemplo es muy importante para entender cómo Dios convenció a un incrédulo.  Fíjate que fue Dios quien inició esto.  Él le tendió Su mano para enseñarle--como lo hace alguien que no quiere que este hombre continúe dudando.  Jesús pudo haber dicho: “Olvídate.  Si tú no quieres creer eso es tu problema”.  ¿No te alegra de que Jesús no lo dejó en su incredulidad?  Yo estoy muy agradecido de que Dios me tendió Su mano para ayudarme en mi incredulidad.  Esto es exactamente lo que Él hizo con Tomás.  Jesús reconfortó a Tomás, “Paz a vosotros”, reveló que en Su corazón Él deseaba que Tomás y todos los hombres tuvieran paz en sus corazones y en sus mentes.  Recuerda, Él es el Príncipe de Paz.  Jesús intenta sacar a este hombre de su incredulidad y del vacío de su alma.

Sin embargo, esta no es la primera vez que Dios le tiende la mano a un incrédulo y no será la última.  Cuando el primer hombre y la primera mujer pecaron en el huerto por su incredulidad, Dios les tendió la mano a ellos también.  Dios llegó caminando al huerto y llamó a Adán: “¿Dónde estas tú?” (Gén.3:8-9).  Una vez más Dios demuestra Su amor y Su interés por la humanidad y Su deseo de restaurar la relación que nuestros primeros padres tenían con Él.

Puede que pienses: “De eso ya hace más de 1900 años. ¿Cómo puede Jesús tenderme la mano a mí hoy en día? La respuesta a esta pregunta es que Él continúa enviando a Sus seguidores para que te comuniquen: “Paz a vosotros”.  Yo, siendo uno de sus seguidores, escribo esto declarando que Dios también quiere darte esa paz a ti.       

Cuando yo era un incrédulo, no percibía como embajadores a aquellos que compartían el evangelio conmigo.  Los veía como un grupo de gente que me fastidiaba con este mensaje de Jesús.  Sin embargo, ahora considero a todas las personas que me dieron folletos o que me evangelizaron en la playa como la mano tendida de Dios diciéndome: “Te amo. Quiero darte la paz interna y el perdón”.  Dios envió a estas personas para que me comunicaran el mensaje de amor y esperanza que yo consideraba un fastidio.  De una cosa puedes estar seguro, todo aquel que está leyendo este artículo: Dios está tendiendo Su mano y está intentando acercarse a ti.  Si se lo permites, Jesús quiere demostrarte que Él es verdadero, que Él vive y que es capaz de cumplir lo que promete.  Si últimamente alguien ha compartido el evangelio contigo, eso comprueba lo que te digo.  Él quiere que tengas Su paz en tu interior.  Él se acerca a ti, tiende Su mano y dice: “Toma mi mano. Mira la señal de los clavos. Mira mi costado. ¡Esto lo hice por ti!” Esto es lo que Jesús hizo para convencer al corazón incrédulo de Tomás.  ¡Él sigue haciendo lo mismo hoy!

La Biblia revela que Dios es el que busca a los hombres y mujeres y trata de persuadirlos para que crean en Él y lo sigan.  En Lucas 19:10, Jesús dijo que Él “vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Es por eso que Jesús vino a este mundo.  Vino a convencer a los incrédulos para que crean y reciban la vida eterna.  Su misión en este mundo era hacer que la humanidad dejara su incredulidad y rebeldía.  Recuerda, Dios dio el primer paso hacia este mundo. ¡Qué demostración de Su amor y misericordia!  Él tiene el mismo corazón hoy en día, lo cual me convence de que tiene Su mano tendida hacia ti en este momento. ¿Escucharás y lo recibirás?

Jesús invitó a Tomás a que examinara los hechos y las pruebas.

Lo segundo que Jesús hizo para convencer a Tomás, fue desafiarlo para que considerara los hechos.  Jesús le dijo a Tomás: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado”. ¿Por qué hace Jesús esto? ¿Con qué propósito le hizo esta invitación? La estrategia de Jesús es muy simple.  Él invitó a Tomás a que examinara aquello sobre lo cual dudaba. Jesús quería que Tomás examinara los hechos directamente conectados con sus dudas.Cross references:

  1. Lucas 19:10 : Mt. 18.11.

  Jesús uso las mismas palabras que Tomás dijo cuando manifestó su duda acerca de la resurrección de Cristo. Jesús demostró que Él lo sabe todo y está consciente de nuestras batallas.

¿De qué me sirve a mí esto? ¿Cómo puedo examinar los hechos de la resurrección?  No puedo examinar las marcas en las manos de Cristo ni poner mi dedo en Su costado.  Sin embargo, sí puedo examinar los hechos tocantes a la vida, la muerte y la resurrección de Cristo.  Recuerda, de acuerdo con Jesús, Tomás creyó porque vio las manos y los pies de Cristo, pero Él dijo: “bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Jn. 20:29).  En otras palabras, Jesús declaró que una persona puede creer sin ver el cuerpo físico porque existen suficientes pruebas. Déjame darte algunos hechos y pruebas que debes considerar.

  1. Jesús fue una persona verdadera y forma parte de la historia. ¿Sabías que Tácito, el historiador romano del primer siglo, y Josefo, el historiador judío del primer siglo los dos escribieron sobre la vida y la muerte de Jesús? Esto es un hecho histórico.  Él fue un ser humano que existió y vivió hace 2,000 años.  Jesús no es un personaje mitológico que fue inventado para dar comienzo a una nueva religión.
  2. Jesús cumplió las profecías Bíblicas del Mesías.  Él nació en Belén de una virgen descendiente de Abraham y de David quienes recibieron las promesas tocantes al Mesías que vendría.  Él hizo milagros, fue rechazado y fue crucificado por los pecados del mundo.  Sin embargo, Él también resucitó de entre los muertos para comprobar que Él pagó el precio por tu pecado y para, de una vez por todas, convencer a Sus discípulos de que Él es el Dios del cielo que vino al mundo en carne y hueso.  Esto es lo que las profecías predijeron.  ¿Por qué no verificas esto en los siguientes versículos: Miqueas 5:2; Isaías 7:14; Mateo 1:1-16; Isaías 35; Isaías 53; Daniel 9:26 y Salmos 16:9-11?

La profecía más importante que Jesús cumplió se encuentra en Daniel 9:24-26.  Esta profecía indica la fecha precisa en la que vendría el Mesías.  De acuerdo con la profecía de Daniel, el Mesías de Israel tenía que ser alguien cerca del año 32 d.de C. Se predijo que el Mesías vendría después de 69 “semanas”   o sea 483 años después del decreto en el que se ordenó restaurar y edificar la ciudad de Jerusalén.  En la historia, este decreto fue emitido por el Rey Artajerjes el 14 de Marzo del año 445 a.de C. (Nehemías 2:1).  Todo lo que tienes que hacer es calcular los años y verás que ningún otro hombre, más que Jesús, puede pretender ser el Mesías.  Esto también excluye a cualquier otra persona que hoy en día pretenda ser el Mesías o cualquiera antes de esa época que haya pretendido serlo.

  1. ¿Quién quitó la piedra, de aproximadamente 2 toneladas de peso, de la entrada del sepulcro? Las Escrituras dicen que la piedra no sólo fue apartada sino removida del sepulcro por completo. El evangelio de Juan declara: “y vio quitada la piedra del sepulcro” (Juan 20:1). En el idioma original esto significa que la levantaron y la removieron.  ¿Qué importancia tiene esto? Los arqueólogos aproximan que el diámetro de la piedra medía 8 píes y tenía 10 pulgadas de grosor.  Si esta piedra fue levantada y removida del sepulcro, es evidente que no fue hecho por un ser humano.

4, ¿Cómo explicas el sepulcro vacio y el hecho de que nunca nadie ha encontrado el cuerpo de Jesús?  Hoy puedes visitar la ciudad de Jerusalén y puedes ver el sepulcro vacio de Cristo.  Sin embargo, los sepulcros de todos los otros personajes religiosos de la historia todavía están ocupados. ¿Qué importancia tiene esto? Eso significa que sólo un hombre, Jesús de Nazaret, resucitó de entre los muertos, todos los demás todavía están muertos.

  1. ¿Por qué huyeron los guardias romanos del sepulcro? Ellos sabían que el castigo por abandonar su puesto era la muerte. Además, según las leyes romanas, el hecho que un soldado se quedara dormido en su puesto se castigaba con la pena de muerte.  Ellos reconocieron que no había razón para quedarse a vigilar el sepulcro cuando se dieron cuenta de que Jesús ya no estaba.  
  2. Hubo cientos de personas que vieron a Jesús después de Su resurrección y podrían haber testificado al respecto. Cualquier juez y jurado estarían convencidos con todos estos testigos.  El apóstol Pablo sabía que Jesús se les apareció a más de 500 personas a la vez y dijo que la mayoría de ellos todavía estaba con vida cuando él escribió esta carta y podían verificar su afirmación (1Co. 15:6).  Aún más, muchos de estos testigos perdieron sus vidas por dar testimonio de que Jesús estaba vivo.  El mismo Pablo dejo de perseguir a los cristianos después de que vio a Cristo resucitado en el camino de Damasco (Hechos 9) y terminó por convertirse en uno de los testigos más grandes de la iglesia.  Pablo también perdió su vida por confesar que Jesús vive.
  3. Hoy, Jesús continúa cambiando vidas tal como lo prometió. Mira los millones de hombres y mujeres cuyas vidas fueron transformadas por este hombre Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida para todos aquellos que se acercan a Él por fe.  Su poder transformador rebasará tu alma y renovará tu vida si te arrepientes de tu pecado y lo recibes en tu corazón.  Esta es la prueba verdadera de que Él vive.  Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

Estos son los hechos.  Ahora tienes que tomar una decisión.  ¿Qué harás con esta información? ¿Permitirás que te convenza y creerás?

Jesús instó a Tomás a que tomará su decisión.

Jesús dijo: “no seas incrédulo, sino creyente” (Jn.20:27). En otras palabras, Jesús estaba alentando a Tomás para que tomara una decisión, que decidiera en su corazón si iba a dejar sus dudas para creer.  Jesús le decía: “Si los hechos y las pruebas te convencen de que vivo, entonces deja tu incredulidad y elige creer”.  Hay muchas pruebas más por las que debes creer.

Si eres un cristiano que batalla con la incredulidad, también necesitas prestar atención a esta reprimenda y al desafío.  ¿Reconoces que es una gran contradicción decir que eres un creyente y no creer? ¿Cómo puede un creyente ser incrédulo? ¿Cómo puede ser?  Es muy simple.  No has puesto tu mira en Cristo ni en lo que Él ha hecho sino que en las circunstancias temporales y en tus sentimientos—como lo hicieron los discípulos después de la muerte de Cristo.  Sin embargo, si te tomas unos minutos y haces memoria de todo lo que Él te ha dicho, no caerás en esa incredulidad y desesperanza.  Debes hacer lo siguiente: Tienes que tomar en cuenta todo lo que Jesús te ha enseñado y todo lo que ha hecho en tu vida.  Fíjate en las veces que Dios te ha confirmado Su Palabra.  De vez en cuando todos necesitamos que alguien nos diga, “Deja de ser un incrédulo.  Dios es confiable.  Su Palabra es segura.  Él es poderoso y capaz de hacer mucho más de lo que tú te puedas imaginar. “ ¡Confía en Él!  Si consideras Su genio creativo, Su sabiduría y Su habilidad de sostener todas las cosas para que Su creación entera funcione—eso es prueba suficiente.  Mira la obra maestra del cuerpo humano.  Dios es el Creador y el que sostiene todas las cosas, incluso a ti.  Él tiene el poder suficiente para tratar tus problemas.  Pero tus ojos no ven estas cosas cuando tu enfoque está en tus problemas y las circunstancias.  ¿Por qué no le pides perdón por tu incredulidad y confías en Él en este momento?

Recuerda, la fe es una opción.  Sin embargo, hoy muchas personas piensan que la fe es simplemente una fuerza o un sentimiento que unas personas tienen y otras no.  Eso no es cierto.  La fe no es ni una fuerza ni un sentimiento; es una decisión que tomas tocante a los hechos o las promesas que otros te hacen.  Jesús instruyó sobre esta verdad cuando llegó donde estaban Maria y Marta, quienes batallaban con su fe por la muerte de su hermano Lázaro.  Estas mujeres se preguntaban si Jesús podría resucitar a su hermano de entre los muertos.  Él dijo, “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (Juan 11:40).  Jesús le dijo lo mismo al hombre que le pidió que sanara a su hijo. “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23). La Biblia declara que todo lo puedes en Cristo que te fortalece (Fil. 4:13).  Por lo tanto, sé que sí puedes creer. “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Y definitivamente es Su buena voluntad que tú creas.  Consecuentemente, no es cuestión de si una persona puede creer, sino más bien si esa persona elige creer.

Lee de nuevo Juan 20:25 y reflexiona sobre lo que dice Tomás: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”. Él no dijo, “no puedo creer”, él dijo, “no creeré” declarando su decisión terminantemente.  Por lo tanto, la fe es una simple decisión que la persona toma en su corazón y en su mente.  Dios te da esa opción.  Él nunca te obligará a creer.  Sí tratará de convencerte como lo hizo con Tomás, pero nunca te obligará a que confíes en Él.  Si no eliges creer en Su Palabra, eliges creer en lo que tú piensas.  La Biblia nos dice que eso es lo que hacemos cuando nos negamos a creer la Palabra de Dios.  Elegimos creer algo diferente, específicamente, que Dios es un mentiroso.  El apóstol Juan dijo: “El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo” (1Jn. 5:10).  Por lo tanto, cuando eliges no creer lo que Dios ha dicho tocante a Su Hijo, estás diciendo que Dios es un mentiroso.  Esto revela lo serio que es la incredulidad.

Si tú no le has entregado tu vida a Cristo, por favor considera los hechos.  Las pruebas de que Jesús es quien dijo ser y que cumplió las profecías en la Biblia son convincentes.  Él vivió una vida santa, murió por tus pecados y por los pecados del mundo, y resucitó para comprobar que Él es el Hijo de Dios.  Esto significa que Él tiene la autoridad para perdonar el pecado, incluso tu propio pecado.  Es tu decisión.  ¿Vas a dejar tu incredulidad y elegirás confiar en Él de corazón o simplemente te alejarás?

¿Llegó a creer Tomás? ¡Sí! Las pruebas que Jesús le mostró lo convencieron y cayó ante Él clamando: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Jn.20:28). Los hechos junto con el amor de Cristo lo convencieron.  ¿Reconoces a Cristo como tu Amo y Señor? Tú tienes que decidir así como Tomás decidió. ¿Es Él tu Señor y tu Dios o piensas que simplemente fue un buen maestro o un gran profeta?  Una vez más, repito que tienes que aceptar y creer el testimonio que Cristo dio de sí mismo o tienes que rechazarlo.  Jesús afirmó que Él era Dios en carne y hueso; esta afirmación la hizo cuando se refirió a sí mismo con el nombre de Dios, YO SOY (Jn.8:24) (Ex.3:14).  Si no crees este testimonio acerca de Él, recuerda que eso significa que lo consideras un mentiroso y un profeta falso.  No puedes creer que Él es inferior a lo que Él mismo declaró ser-  Él fue, o bien, un profeta falso, un lunático o el Señor del cielo y la tierra.  Él es quien alega ser o no lo es. Tú tienes que elegir.  Lo impresionante es que Dios es muy paciente en Su trato con nosotros.  Es asombroso cuantas personas Dios puso en mi camino para convencerme de que Jesucristo es la respuesta.  Hecho la vista atrás y recuerdo la mano tendida y todas las veces que la rechacé.  Sin embargo, el Señor continuó tendiendo Su mano por medio de estas personas diciendo: ven y examina los hechos, examina mis manos, confía en mí.  Él también tiende Su mano hacia ti en este momento.  ¿Qué harás con su invitación?  Jesús dijo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eternal” (Jn.3:16).

Si estás dispuesto a abandonar tus pecados hoy y a recibir a Jesús en tu corazón y si estás dispuesto a ser Su discípulo, entonces ruégale a Dios y Él perdonará tus pecados y transformará tu vida como lo hizo con Tomás.  Dile: Querido Señor, vengo ante ti, siendo un pecador. Perdóname por mi rebeldía contra ti y contra tu santa ley.  Jesús entra en mi corazón en este momento y toma el control de mi vida.  Yo creo que moriste por mis pecados y que resucitaste de entre los muertos.  Lléname de tu Espíritu Santo ahora y ayúdame a ser tu discípulo y a seguirte todos los días de mi vida.  Te lo pido en el nombre de Cristo. Amen

Este estudio fue escrito por el Pastor Steve Carr, Calvary Chapel, Arroyo Grande, CA.  Si en algo te podemos servir, por favor comunícate con nosotros al This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. o al (805) 481-2320.