En este estudio quiero que consideremos los temas del temor, la preocupación y la ansiedad. Para comenzar, quiero poner este texto en su contexto en el sermón en el monte. En el capítulo quinto y sexto de Mateo, Jesús habla de estos tres temas. Primero, instruye a los discípulos cómo evitar la religión superficial. Es por eso que Jesús dijo, “Porque les digo a ustedes que, si su justicia no supera la de los escribas y Fariseos, no entrarán en el reino de los cielos”. Segundo, explica cómo los discípulos pueden evitar la hipocresía al no practicar la justicia solo por apariencias. Tercero, Jesús quiere evitar que Sus discípulos tengan un corazón dividido, por lo tanto, los exhorta a que no traten de servir a Dios y a las riquezas.  Les advirtió, “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o apreciará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas”.  Jesús quiere que lo amemos con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas.

Luego en Mateo 6:25 Cristo dijo, “Por eso les digo, no se preocupen”.  Él incorpora el concepto de la preocupación en el contexto de servir al dios de las riquezas—que es lo que les acababa de instruir.  Obviamente, Jesús creía que servir a cualquier otro dios causaría ansiedad, preocupación y temor. ¿Qué son la ansiedad y la preocupación? Estas dos emociones son realmente una forma leve del temor. Cuando una persona se preocupa, teme que algo que quiere sucederá o no sucederá.  Por lo tanto, debes entender que las tres emociones, la ansiedad, la preocupación y el temor, tratan con cuestiones similares y éstas paralizarán tu capacidad de madurar como creyente y de ser un siervo útil para Jesucristo.

¿Cuándo es que el temor y la preocupación suelen ser problemáticos?

Es obvio que todos, en ciertos momentos, sufrimos de ansiedad y nos preocupamos por las presiones de la vida. Pero, la mayoría de las personas rápidamente logra controlar su actitud, deja la situación en las manos del Señor y sigue adelante.  Incluso, algunos de los personajes más grandes y más conocidos en la Biblia lucharon contra el temor, la ansiedad y la preocupación. Cuando el Señor ordenó al profeta Samuel que ungiera a David como rey, Samuel le confesó que tenía temor hacerlo. “Samuel respondió: ‘¿Cómo puedo ir? Cuando Saúl lo sepa, me matará’” (1Samuel 16:2).  El Señor le dijo que fuera igual, y que Él le diría cómo proceder. Cuando lees los salmos que David escribió, puedes ver que a menudo menciona sus temores, busca al Señor y Él lo libra de estos (Salmo 34:4). Incluso el apóstol Pablo dijo en 2Corintios 7:5, “por fuera, conflictos; por dentro, temores”. También dijo que llegó un momento en su ministerio en el que había perdido la esperanza de salir con vida (2Cor. 1:8-10). Determinó que la única solución era confiar en que el Señor lo libraría. Hay momentos en la vida cuando todos experimentamos temor o preocupación. Pero la mayoría logra controlar el temor, confía en el Señor y vuelve a un lugar de reposo.

Pero algunas personas no pueden controlar la ansiedad, las preocupaciones ni los temores, y terminan batallando con estas cosas a diario.  A veces temen las cosas más pequeñas, y rara vez salen vencedoras en estas batallas. Llevo más de 45 años de asesorar a las personas, y he conocido muchos individuos debilitados por sus temores y ansiedades. Estos temores rigen sus vidas. Yo diría que a diario viven, literalmente, aterrorizados.  En el Salmo 73:19, Asaf también describe a aquellos que son consumidos por terrores repentinos. “¡Cómo son destruidos en un momento! Son totalmente consumidos por terrores repentinos”. Por consiguiente, cuando alguien es consumido por sus temores y ansiedades, esto le causa un verdadero problema porque domina su vida y destruye sus relaciones con los demás.  Este es un problema que debe abordarse bíblicamente y tan pronto como sea posible. Si la ansiedad y los temores vienen acompañados de síntomas físicos, esto revela un problema serio. En mi oficina he presenciado algunos de esos síntomas físicos cuando he visto a las personas temblar con la respiración agitada, y sufrir ataques de pánico. Si estás lidiando con esto en tu vida, necesitas buscar ayuda. Te sugiero que hagas dos cosas:  Primero, debes ir con tu médico para que realice un chequeo médico completo. Estos síntomas físicos podrían ser causados por problemas médicos u hormonales. A lo largo de los años, un cierto número de personas que he referido a su médico ha regresado a mostrarme los resultados; y algunos de estos problemas eran muy serios.

Mientras que otros, al regresar, me informaron que no tenían ningún problema físico. Esto quiere decir que el problema es espiritual y es necesario que la persona tome control de sus pensamientos.  Si estás batallando con algunas de las cosas que estoy a punto de describir, te quiero exhortar a que vayas con tu pastor para recibir asesoramiento.

Porqué no debes preocuparte.

El siguiente paso es examinar detalladamente lo que Jesús instruyó en este pasaje porque aquí explica la razón por la que no debes estar ansioso o preocupado. En Mateo 6:25 Jesús declaró, “Por eso les digo, no se preocupen por su vida, qué comerán o qué beberán; ni por su cuerpo, qué vestirán. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa?”  Observa que lo primero que Jesús menciona es Su mandato: “No se preocupen”.  Este mandato no solo lo menciona aquí, sino también en los versículos 31 y 34. Cuando alguien te repite algo tres veces en un corto período de tiempo, está tratando de resaltar un punto muy importante. En otras palabras, Jesucristo no quiere que tu vida sea controlada por la preocupación. La palabra preocupación es traducida en otras partes del Nuevo Testamento como inquietud o ansiedad.

1. No te debes preocupar, ¡porque Jesús dijo que no lo hicieras!

Recuerda, este es un mandato directo de Jesucristo. ¡No se preocupen! ¡Te está hablando a ti! Lo dijo como una orden que quiere que obedezcas. Si deseas obedecer Su mandato, entonces harás todo lo que Él instruye en el contexto de este pasaje y en el resto de las Escrituras. ¿A qué me refiero? En otra ocasión en la que existía la posibilidad de que los discípulos se preocuparan, Jesús les dijo exactamente qué hacer para no preocuparse.  En Juan 14:27 Jesucristo dijo, “La paz les dejo, Mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo”.  La palabra turbe es una palabra griega que significa estar ansioso o temeroso.   Les dijo, “No esté ansioso su corazón”. Jesús explicó que es una decisión. Tú decides si permitirás que tu corazón se turbe o esté ansioso. Necesitas tomar esa decisión para poder acercarte al Príncipe de la paz y recibir Su paz en tu corazón. Cuando le das el control a Cristo, Él te dará Su paz. La paz es un fruto del Espíritu Santo (Gal. 5:22-23). Jesucristo dijo que te daría esta paz si vas a Él y se la pides. No hay nada en este mundo que te pueda dar la paz que Él da. En otras palabras, la paz que Cristo ofrece no está disponible en este mundo físico. Esto me lleva al segundo punto.

2. No debes preocuparte por las cosas materiales porque nunca te darán satisfacción.

Jesús dijo en el versículo 25, “¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa?” En otras palabras, la vida verdadera no procede de las cosas o las riquezas. La vida no procede de algo físico que puedas vestir o comer, ni de algún lugar donde puedas ir, o algo que puedas hacer. La vida no es una cuestión externa; es una característica interna y espiritual que procede del corazón.  Es algo que ocurre en tu fuero interior y es esencial que entiendas esa verdad. Las cosas materiales nunca te darán satisfacción.  No existe ningún lugar, ni ninguna circunstancia o experiencia que te pueda dar la paz duradera. La vida y la paz se encuentran solo en una Persona, el Príncipe de paz, Jesucristo. Este es un concepto fundamental que toda persona que quiera paz tiene que entender. Las cosas materiales nunca te darán satisfacción. En Proverbios 27:20, Salomón dijo, “El Seol y el Abadón nunca se sacian; Así los ojos del hombre nunca están satisfechos” (RVR 60).  Presta atención al comentario categórico: “nunca están satisfechos”.  Nunca estarás satisfecho con algo que tus ojos puedan contemplar. Tu corazón nunca estará satisfecho con las cosas materiales, ni con un alto puesto en la empresa o la posición social que puedas tener. Siempre verás algo más que te hará pensar: Esto me hará feliz. Recuerda lo que dijo Dios, “¡nunca están satisfechos!”  

Sin embargo, en Lucas 12:32 Jesucristo dijo, “No temas, rebaño pequeño, porque el Padre de ustedes ha decidido darles el reino”. En otras palabras, Dios quiere darte lo que sí te dará satisfacción; quiere darte un regalo. La vida, la paz y un corazón satisfecho son regalos y no los puedes conseguir con tus propios esfuerzos, ni con cierta posición social en la vida. Son regalos que Él te da y los recibes por medio de la fe. Sin embargo, cuando tu enfoque está en la vida y la paz de este mundo, el deseo de otras cosas ahoga la vida que Él te da.  En Mateo 13:22, en la parábola del sembrador, Jesús nos explicó esto. Nos dijo que la persona que recibió la semilla (que es la palabra de Dios) entre espinos es “el que oye la palabra, pero las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se queda sin fruto”. No creo que alguien quiera quedarse sin fruto. Sin embargo, esta es una razón por la que los creyentes no dan fruto. Observa que Cristo dice claramente que las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas hacen que los creyentes no den fruto.  También observa que Cristo vincula las inquietudes, la ansiedad y las preocupaciones del mundo con el engaño de las riquezas. Estas cosas están directamente relacionadas.  La palabra preocupaciones en la frase, “las preocupaciones del mundo”, es la misma palabra griega que también se traduce como inquietud o ansiedad. Jesús dice que, si permites que la preocupación y la ansiedad te controlen, ahogarán tu vida espiritual.  Es como si alguien pusiera sus manos alrededor de tu cuello y te quitara la vida estrangulándote.  Es por eso que Jesús dijo, “Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar” (Mateo 11:28). No vayas al mundo y a las cosas del mundo pensando que éstas te darán el reposo y la paz que necesitas. ¡Eso no sucederá! Cristo es el único que te puede dar ese descanso, pero tienes que acercarte a Él para recibirlo.

3. No te debes preocupar porque Dios te valora mucho.

La tercera razón por la que no te debes preocupar se encuentra en Mateo 6:26. Jesucristo dijo, “Miren las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No son ustedes de mucho más valor que ellas?” Esta es una buena pregunta. Si Dios cuida a las aves del cielo y las alimenta, ¿no te cuidará a ti también? Este es un razonamiento progresivo que va de una criatura de menor valor a otra de mayor valor. Entonces, ¿quién tiene más valor? ¡Tú! Sí, Él cuida de las aves porque cuida a toda Su creación. Pero el hombre ha sido creado a imagen espiritual de Dios, por lo tanto, tenemos más valor que los animales. Ten presente que es Cristo quien dice que los hombres tienen más valor que los animales. Así que no te debes preocupar porque eres altamente valorado entre la creación de Dios. El Padre celestial cuida de ti. Probablemente la manera más fácil y más segura de saber que esto es cierto, es el hecho de que el Padre entregó a Su Hijo para que diera Su vida por ti. ¡Él se entregó por ti! Entonces, si Él dio a Su Hijo unigénito para darte vida, quiere decir que te valora muchísimo.  Te estima grandemente. Eres lo más preciado de Su creación porque puedes elegir si lo aceptas a Él o lo rechazas. Los animales no tienen esa opción. En el libro de Lamentaciones 4:2, Dios habla de Su pueblo y los llama: “Los hijos preciados de Sion, que valían su peso en oro puro, ¡cómo son tenidos por vasijas de barro, obra de manos de alfarero!” Pablo usó la misma imagen en el Nuevo Testamento cuando dijo que tenemos a Cristo, un increíble tesoro, en nuestro interior.  Jesucristo es el tesoro que llevamos dentro de estos vasos de barro, o vasijas de arcilla (2Corintios 4:7). Una vasija de arcilla es una buena descripción de nuestros cuerpos físicos porque estamos hechos del polvo de la tierra.   Sin embargo, ¡en tu interior llevas el tesoro máximo que es Cristo! Es por eso que se refiere a Su pueblo como, “Los hijos preciados de Sion, que valían su peso en oro puro”. Si eres valorado de esa forma, y personalmente cuidado, ¡entonces no debes preocuparte!  Él cuidará de los que valora. 

4. No te debes preocupar porque preocuparse no cambia nada.

La cuarta razón por la que no te debes preocupar se encuentra en el evangelio de Mateo 6:27-29.  Jesús dijo: “¿Quién de ustedes, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida? Y por la ropa, ¿por qué se preocupan? Observen cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan. Pero les digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos”. ¿Has observado alguna vez el pétalo de una flor en un microscopio? Es una de las cosas más increíbles que jamás hayas visto.  Puedes ver la complejidad y el detalle que es ¡verdaderamente impresionante! Toda la gloria del bordado en el material fino de la ropa de Salomón no se compara con la gloria de las plantas que Dios creó, que están aquí hoy y mañana mueren.  Y lo más importante que debes recordar es que el hombre no puede hacer ni un tal solo pétalo de flor que se pueda comparar con lo que Dios hace todos los días. Por lo tanto, no hay comparación. Cristo dice que no te debes preocupar porque no eres capaz de crear tan siquiera un lirio en el campo, pero Él es tan poderoso que lo hace todos los días. No puedes agregar ni un codo a tu estatura, pero Él te creó para crecer y convertirte en un adulto. Lo que está diciendo es que te puedes inquietar y preocupar todo lo que quieras, pero eso no cambiará nada. Piensa en todas las cosas que no puedes cambiar. No puedes cambiar el clima; no determinas cuando saldrá el sol, ni tampoco si te encuentras saludable o enfermo, o si vives en un mundo en guerra o paz. Hay un sinnúmero de cosas sobre las cuales no tienes ningún control. Pero, Dios tiene control de todas las cosas. Sin embargo, sí tienes control sobre algo muy importante: tu reacción a estas cosas. ¿A qué me refiero? A que simplemente debes obedecer lo que Dios manda en Filipenses 4:6-7:  “Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús”. Tal vez no puedas controlar muchas cosas externas, pero sí puedes cambiar lo que sucede en tu interior.   Si no quieres estar preocupado y ansioso, entonces ora y pídele a Dios que te dé esa paz interna. También puedes cambiar tu conducta. Dios le dijo a Su pueblo por medio del profeta Jeremías, “Enmienden sus caminos y sus obras, y haré que ustedes moren en este lugar” (Jeremías 7:3). Cuando te arrepientes y enmiendas tus caminos, Dios te da cosas buenas y bendice tu vida. Esto es lo que les promete a los judíos si regresan a Él y cambian lo que están haciendo. Por lo tanto, hay cosas que no puedes cambiar, pero hay cosas que puedes cambiar por medio de la oración y el arrepentimiento.  Debes confiar en la soberanía de Dios y en que Él se encargará de las cosas que necesitas.

5. No te debes preocupar porque la preocupación revela tu falta de fe en Su amor por ti. En Mateo 6:30-32, Cristo relaciona la preocupación con la falta de fe. Dice, “Y si Dios así viste la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará Él mucho más por ustedes, hombres de poca fe? Por tanto, no se preocupen, diciendo: ‘¿Qué comeremos? o ¿qué beberemos? o ¿con qué nos vestiremos?’ Porque los Gentiles (los paganos) buscan ansiosamente todas estas cosas; que el Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas”. Si Dios conoce las necesidades de todo animal y toda planta, entonces Él también sabe todo lo que tú necesitas. Si vas a vivir como un creyente verdadero y no como alguien que solo profesa tener fe, entonces no puedes vivir como los gentiles que buscan las cosas materiales. Esto revelaría una falta de fe como dijo Jesús, “hombres de poca fe” (v. 30).

¿Por qué es una falta de fe el buscar solo las cosas materiales? Porque esto demuestra que crees que el mundo material es lo único que existe. Pero Jesucristo dijo que Sus seguidores deben buscar primero las cosas espirituales y el reino de Dios (Mateo 6:33). Cuando una persona se encuentra atrapada en la preocupación, la ansiedad y el temor, es una indicación de que no está confiando en Dios—el que sabe que necesita estas cosas. Cristo quiere que le des prioridad a las cosas espirituales del Reino. Recuerda que la preocupación y el temor se oponen a la fe. Si quieres rechazar el control que la preocupación y el temor tienen sobre tu vida, entonces debes crecer en tu fe. Pero, ¿en quien debes poner tu fe? Pon tu fe en Dios que te ama y se interesa por ti. Jesús ya mencionó este tema cuando habló de cómo Él cuida de los animales y cuánto más cuida de ti.

¿Te das cuenta de que, si dudas del amor de Dios, siempre tropezarás en tu fe? Permíteme explicar esta verdad con una de las historias en Marcos 4:37-40. En esta historia, Jesús dijo a los discípulos que entraran al barco para ir al otro lado del lago. Luego dice, “se levantó una violenta tempestad, y las olas se lanzaban sobre la barca de tal manera que ya la barca se llenaba de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre una almohadilla; entonces Lo despertaron y Le dijeron: ‘Maestro, ¿no Te importa que perezcamos?’” Fíjate en la pregunta, “¿No te importa...?” ¿No ves lo que está sucediendo? ¿Alguna vez has dicho algo parecido?: Jesús, ¿no ves lo que está pasando aquí? Pensé que me amabas, que te preocupabas por mí. Esto pone en duda Su amor, tal como lo hicieron los discípulos. Observa la respuesta que les da, “Jesús se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: '¡Cálmate (Calla), sosiégate (enmudece)!' Y el viento cesó, y sobrevino una gran calma. Pero les dijo. ‘¿Por qué están atemorizados?  ¿Cómo no tienen fe?’” Jesús relaciona la falta de fe con el temor. Por lo tanto, la fe y el temor son diametralmente opuestos. Si batallas con la preocupación, la ansiedad y el temor, estás luchando con tu fe y con el amor que Él tiene por ti. ¿Confías en que cuida amorosamente de tu vida? ¿Confías en que Él está consciente de tus necesidades? ¡Debes confiar en Su amor!  La Biblia dice, “el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18). Echa fuera todo el temor. ¿Necesitas madurar en tu relación con Él? 

¿Cuál es la solución que Cristo da para el temor y la preocupación?

¡Él tiene la solución! Jesucristo quiere que vivas tu vida sin temor y sin preocupación. Por lo tanto, permíteme enumerar algunos principios para superar el temor y la preocupación.

1. Comienza a buscar primero el Reino de Dios.

Cristo dijo, “busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mateo 6:33). Este principio es muy simple. ¡Me gusta lo simple! Jesucristo no quería que seguirlo a Él fuera complicado. De hecho, todos los principios que estoy a punto de explicar, se resumen en el concepto de buscar primero el Reino de Dios. Jesucristo simplemente dice, búscame a Mí primero y después todo lo demás, y así no tendrás de qué preocuparte. El contexto de todo este pasaje trata con la prioridad más alta de tu vida.  Regresa a Mateo 6:24 y verás esto claramente. Jesús dijo, “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o apreciará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas”.  La pregunta es, ¿quién tiene el primer lugar en tu corazón? ¿A quién o qué amas primero? Lo que tiene el primer lugar en tu corazón es lo que buscas primero. No hay ninguna otra manera de interpretarlo.  ¿Tiene Dios el primer lugar en tu corazón? ¿Lo buscas a Él primero? ¿Buscas primero Su Reino o te importa más tu reino y tus riquezas? Cuando ignoras la simple cuestión de prioridad, tendrás dificultades. Cristo dijo en Mateo 10:37, “El que ama al padre o a la madre más que a Mí, no es digno de Mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a Mí, no es digno de Mí”. También dijo en Lucas 14:26-27, “Si alguien viene a Mí, y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser Mi discípulo.  El que no carga su cruz y Me sigue, no puede ser Mi discípulo”. El término, aborrece, que Jesús usa aquí para decir ‘aborrece a su padre y madre’ es una hipérbole que significa que los debes amar menos de lo que lo amas a Él.  En otras palabras, Jesús dice: Yo debo tener el primer lugar en tu vida. Él no acepta el segundo lugar; si está en segundo lugar, entonces no es Señor. Es muy sencillo.

Probablemente el mejor ejemplo del conflicto sobre este tema se encuentra en el evangelio de Lucas 10:40-42 en la vida de María y Marta.  En este pasaje, Marta y María tienen a Jesús como invitado en su casa. Mientras Él descansa, el texto dice que Marta estaba distraída con todos los preparativos y se acercó a Jesús y le dijo, “Señor, ¿no te importa...?”  Ella está dudando del amor de Cristo, “¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude”. Marta le dicta a Jesús cómo debe responder. ¿Alguna vez le has dicho al Señor lo que debe hacer? Me temo que en algún momento todos lo hemos hecho pensando que sabemos más que Él. Jesús le respondió, “Marta, Marta”; ¿detectas Su amor y dulzura en estas palabras? “Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas”. Observa cómo Jesús relaciona la preocupación y la ansiedad con poner en duda Su amor.  Él continuó, “pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada”. Si has leído el contexto de la historia, ¿dónde estaba María? Estaba sentada a Sus pies buscándolo y esperando en Él. Ella le había dado prioridad a Cristo. Esto no quiere decir que no te debes encargar de preparar la cena. No quiere decir que no debes ir a trabajar y debes sentarte a leer tu Biblia todo el día. Todo tiene que ver con la preocupación de Marta. Esta palabra en el lenguaje original significa ansioso o preocupado.  Ella estaba tan ansiosa y preocupada que se distrajo. Permíteme dar una simple ilustración de la distracción. La distracción es como mover ligeramente el dial en la radio, puedes escuchar el mensaje, pero no está bien sintonizado. Te distrae el ruido y la interferencia. Hay algunas personas que no sintonizan para escuchar las palabras de Cristo. ¿Cuál eres tú? ¿Necesitas hacer un pequeño ajuste para sintonizar en la frecuencia de Dios?  Posiblemente no escuchas en absoluto, o ¿tienes apagada la radio? Creo que es esencial que identifiques lo que te distrae y te encargues de eso. Si te distrae, te hace tropezar y continuará haciéndolo hasta que lo resuelvas. Es por eso que Jesús animó a Marta a abordar ese tema en su vida.  

2. Pon tu futuro en Su mano.

Otra solución que Cristo da para la preocupación, el temor y la ansiedad se encuentra en Mateo 6:34. Jesús declaró la tercera vez, “Por tanto, no se preocupen por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástenle a cada día sus propios problemas”. En otras palabras, Jesús dijo que tienes suficiente con los problemas de hoy sin tener que preocuparte por mañana.  Entonces, ¿nunca debes pensar en el mañana? ¿Qué quiere decir Jesús, que nunca debes planear para el mañana? Por supuesto que no. Él no está hablando de planear, está hablando de preocuparse. Además, el Nuevo y el Antiguo Testamento están llenos de exhortaciones a hacer buenos planes.  Jesucristo dice que no te distraigas pensando en el mañana. No dejes que la preocupación y la ansiedad cautiven tu atención. Tienes que tener cuidado con tus pensamientos. La planificación es un aspecto muy importante para poder pensar con claridad.  Esta semana escuché un comentario hecho por un maestro de la Biblia que creo que debes considerar. Dijo, “Muchas personas se crucifican entre dos ladrones, el remordimiento del ayer o las preocupaciones de mañana”. Esto es muy cierto. Las personas se destruyen a sí mismas y destruyen su vida interior porque se preocupan por el futuro o se mortifican por el pasado. ¡No hagas eso! Al contrario, cuando escuchas a alguien decir: Me ocuparé de eso cuando llegue el momento. Tengo suficiente con qué lidiar hoy. ¿De dónde sacaron ese concepto? Viene directamente del pasaje, “No se preocupen por el día de mañana”.  Por lo tanto, no te preocupes.  No te dejes atrapar por la ansiedad del mañana. Proverbios 3:5-6 dice, “Confía en el Señor con todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propio entendimiento”. Cuando te apoyas en tu propio entendimiento te sobreviene la ansiedad porque, por lo general, estás pensando en cómo manejar el problema.  Estás tratando de determinar qué sucederá mañana. En lugar de eso, “Reconócelo en todos tus caminos, Y Él enderezará tus sendas”. En otras palabras, deja el problema en Sus manos hábiles. ¡Confía en Él!

3. Deja de huir de los lugares y las actividades que te causan temor.

La tercera solución para la preocupación es dejar de evitar las cosas que te causan temor o que te preocupan; en lugar de eso, afronta tus preocupaciones, temores y ansiedades. Por lo general, la gente no hace eso. Si estas evitando los lugares y las actividades que te causan temor o ansiedad, entonces ¡estás prolongando tu propio tormento! Las personas me dicen: Jamás regresaré a ese lugar. Allí es donde por poco pierdo la vida el año pasado; o no puedo lidiar con esa persona. No quiero estar cerca de personas como esa porque me recuerdan a la persona que me hirió; o no puedo ir a tiendas grandes porque allí es donde me dio un ataque de pánico. Sin embargo, cuando evitas tus ansiedades y tus temores, ¿sabes lo que sucede? Esas ansiedades y esos temores se vuelven aún más fuertes. ¿Por qué? Porque la ansiedad y el temor son pecados que están arraigados en la incredulidad. Cualquier pecado que trates de evitar y de controlar por tu propia cuenta se volverá más fuerte porque estás peleando usando tus propias fuerzas.  Las cosas se empeorarán. La Biblia dice que “el poder del pecado es la ley” (1Cor. 15:56).  Es por eso que Pablo dijo en el capítulo 7 de Romanos que entre más trataba de resistir el pecado con su propia fuerza de voluntad, éste ejercía más control sobre él (Romanos 7:16-20).  

Hace muchos años asesoré a un hombre que estaba tratando de lidiar con un padre que estaba totalmente atado a su cuarto por temor. Su padre quedó traumado en una tienda de comestibles durante un asalto porque pensó que lo iban a matar. De ese día en adelante se dijo a sí mismo: Ya no vuelvo a una tienda de comestibles. Cedió a ese temor y evitó todas las tiendas de comestibles; luego pensó que todas las tiendas de venta al por mayor eran peligrosas.  Después decidió que no iría a ningún lugar donde hubiera grandes multitudes. Con el tiempo dejó de salir de su casa por temor. Siguió evitando lo que temía y terminó por no salir de su dormitorio. Como consecuencia, este hombre vivía en su dormitorio encerrado por su propio temor y ansiedad. Su pariente vino a mi y me preguntó: ¿Cómo le ayudo a esta persona que está esclavizada y presa del temor y la ansiedad? Le expliqué que tenía que hacer todo lo contrario. Su padre tenía que hacer lo que temía y reconocer que nada le iba a suceder. Tuvo que empezar por salir de su dormitorio, luego salir de la casa y después regresar a una tienda. Fue una larga y difícil trayectoria, pero lo hizo.

Por lo tanto, si cedes a tus temores, preocupaciones o ansiedades y simplemente tratas de evitar las circunstancias o los lugares que te causan ansiedad, pones tu fe en el lugar equivocado. La paz no se encuentra en un lugar ni en una circunstancia, se encuentra en una Persona. La paz se adquiere al ver la situación o la circunstancia con los ojos de fe, confiando en que Él está contigo y tiene el control. Como mencioné anteriormente, Pablo afirmó esto en Filipenses 4:6-7 donde dice, “Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús”.  La paz se encuentra por medio de la oración. Entrégale a Él tus ansiedades y temores; y Él te dará una paz que sobrepasa todo entendimiento. ¡Búscalo!

4. Debes ser un hombre o mujer que ora con fe.

Acabo de terminar mi punto anterior con el tema de la oración de fe. Así es como intercambias tu ansiedad por la paz de Dios. Si quieres estar libre de ansiedad y preocupación, tienes que ser un hombre o mujer que ora con fe. Tienes que estar en comunión con el Príncipe de Paz.  Él es el único que te puede dar esa paz personal. Por medio de la oración mantienes esa comunión y recibes la llenura del Espíritu Santo. En Gálatas 5:22 dice, “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz...”  Si luchas con la ansiedad, necesitas ser lleno del Espíritu Santo, así es como encontrarás la paz. El Dios que se interesa por ti te llenará y te librará. En el Salmo 34:4 David declara, “Busqué al Señor, y Él me respondió, y me libró de todos mis temores”.  Observa que David no dijo que Dios lo libraría de algunos de sus temores, sino que de todos sus temores. Él descubrió que la solución y la respuesta a su ansiedad y a sus temores se encuentra en la oración. Pedro también instruyó lo mismo en 1Pedro 5:7: “echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes”.  Debes echar todas tus preocupaciones y tu ansiedad sobre Él mediante la oración; y Él te dará Su paz que es más que suficiente. ¿Por qué no echas tu ansiedad sobre Él en este momento? Él la tomará con mucho gusto.

5. Aprende a controlar tus pensamientos y a pelear la batalla espiritual en la mente.

El controlar tus pensamientos es otra forma importante de vencer la ansiedad y el miedo. Tienes que aprender a controlar tus pensamientos. Esta será una batalla en tu fuero interno. Es una batalla espiritual mental. He descubierto que aquí es donde la mayoría de las personas pierde la batalla con el temor y la ansiedad. En primer lugar, las personas no se dan cuenta de que pueden controlar sus pensamientos. Segundo, tampoco entienden que es una batalla espiritual que están peleando contra el enemigo de su alma. Tercero, las personas dejan que su mente comience a jugar el, “Qué pasaría si”. ¿Qué pasaría si esto sucede? ¿Qué si aquello sucede?  ¿Qué haré si hacen eso?  Puedes jugar, “Qué pasaría si”, el día entero, pero esto comprueba que no confías en el Dios soberano que te ama. No confías en que tu Dios es lo suficientemente grande para cuidarte. Eso es lo que revela el juego de “Qué pasaría si”. ¡Basta! Declara en tu interior y a Satanás: No permitiré que mis pensamientos tomen ese rumbo.  El Señor tiene el control de mi vida, mi mente y mi futuro. ¡Señor, confío en ti!

He descubierto que muchos creyentes piensan que no pueden controlar sus pensamientos, que no tienen la capacidad de hacerlo. Pero eso no es una enseñanza bíblica. Pablo instruyó en 2Corintios 10:3-5, “Pues, aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne; porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo”.  Estos versículos declaran que hay una guerra constante por el control de tu mente. Pablo establece claramente que es una batalla espiritual. Tienes armas en tu posesión que te capacitarán para ganar esta batalla. ¿Qué tipo de armas tenemos? Estas armas no son carnales sino poderosas en Dios, tal como la oración, la fe y la Palabra de Dios. Estas armas son para la destrucción de fortalezas, para destruir las especulaciones que entran en tu mente, lo cual te permitirá poner todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo. Pero, debes destruir todo lo que contradice la Palabra de Dios. La palabra destruyendo está en el tiempo presente, lo que significa que, durante todo el día, tienes que continuamente rechazar los pensamientos que se exaltan contra la verdad de Dios. Destruir significa derribar o destruir completamente. Eso es algo que debes hacer continuamente cuando te das cuenta de que tus pensamientos no son lo que deben ser. Este mandato de destruir y poner en cautiverio todo pensamiento significa que tu tienes control de cada pensamiento. “Poniendo todo pensamiento”, no solamente algunos pensamientos, ni la mayoría de los pensamientos, sino todo pensamiento “en cautiverio”. La palabra cautiverio significa control. Por lo tanto, cuando tienes algún pensamiento orgulloso, lujurioso, rencoroso o envidioso, cualquier pensamiento que contradice lo que sabes que es bueno, ¡debes destruirlo y rechazarlo! Si no lo haces, tus pensamientos te cautivarán y te vencerán. Así es como lo logras, y eso es lo que debes hacer. El temor y la ansiedad deben ser controlados y rechazados.

6. No te enfoques en ti mismo sino en servir a Dios y ayudar a los demás.

No te enfoques en tu persona, más bien, pon tu enfoque en servir a Dios y a los demás. La ansiedad, el temor y la preocupación son básicamente consecuencias de enfocar la atención en uno mismo. ¿Qué me sucederá? ¿Qué me harán? ¿Qué si eso me sucede a mí? ¿Qué voy a hacer si esto no ocurre? Este tipo de mentalidad egoísta alimenta la ansiedad y la preocupación interna. Tienes que reconocer que te estás enfocando en tu propia persona, deja eso y regresa al Señor y a Su reino.  Esta es la razón por la que Cristo mandó a los discípulos, “Busquen primero el reino de Dios”.  Así es como dejas de enfocarte en tu propia persona; y así es como superas el temor y la ansiedad.

Este concepto se ve claramente en la profecía de Zacarías, padre de Juan Bautista. Él declaró que Dios mostraría “misericordia a nuestros padres, y para recordar Su santo pacto, El juramento que hizo a nuestro padre Abraham: Concedernos que, librados de la mano de nuestros enemigos, Le sirvamos sin temor” (Lucas 1:72-74).  Esta es la promesa de Dios.  Eso es lo que el Señor quiere hacer en la vida de Su pueblo. Quiere darte la habilidad de servirle sin temor. Tratar de servir con temor no da buen resultado. Por lo tanto, búscalo a Él primero. Busca primero Su reino y vencerás el temor, la preocupación y la ansiedad. 

7. Confía en la soberanía de Dios.

La ansiedad y el temor no solo son problemas del egocentrismo, sino también de confianza. Esta es la razón por la que Jesús cuestionó la fe de los discípulos en Mateo 6:30. Si te preocupas por tu ropa y comida, sabiendo que Dios alimenta a los animales y viste las flores del campo, definitivamente es una falta de fe. Para conquistar la preocupación y el temor debes confiar en tu Dios amoroso, poderoso y soberano. Tu enfoque debe estar en la santidad del Dios que sirves.  Esta es la razón por la que Jesús dijo en Mateo 10:28-33, “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquél que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno. ¿No se venden dos pajarillos por una monedita? Y, sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo el Padre. Y hasta los cabellos de la cabeza de ustedes están todos contados”. Nuestro Dios soberano sabe cuando un pajarillo cae a tierra y muere. Él tiene conocimiento de todo lo que está sucediendo en todas partes del mundo en todo momento. Te conoce muy bien. Ayer vi un mechón de cabello en el piso y pensé: Él sabe cuando se me cayó este pelo. ¡Considera eso! Mientras te preocupas por cosas insignificantes, Él está consciente de cada hebra de tu cabello que cae de tu cabeza y de todas las nimiedades que están sucediendo en la vida de los 7 mil millones de personas que viven en el mundo.  Si esto es cierto, entonces Él es un Dios soberano y poderoso cuyo poder y habilidad van más allá de lo que puedas concebir.    Entonces, ¿no deberías confiar en que Él cuidará de ti? Dios hace todas las cosas según el designio de Su voluntad en tu vida. ¿Por qué no pones tu vida en Sus manos?, y le dices: Señor, tú tienes todo bajo control. Te pondré a Ti primero y no me preocuparé. Confiaré en que Tú te encargarás de todos los detalles en mi vida. No cómo resolverás las cosas que me preocupan, pero confiaré en que lo harás. No sé cómo resolverás esta situación económica, o cómo suplirás las necesidades en mi vida personal o en mi familia, pero confío en Ti porque eres lo suficientemente grande. Tú puedes encargarte de mí y de todos los que me rodean. 

Este es el consejo que Daniel le dio al rey Nabucodonosor cuando su corazón estaba angustiado.  El rey le dijo a Daniel, “He tenido un sueño, y mi espíritu se ha turbado por el deseo de entender el sueño” (Daniel 2:3). Observa el consejo de Dios para este rey angustiado. Daniel le explica la soberanía de Dios sobre él y sobre todos los reyes que vendrán después de él. Le dijo, “El es quien cambia los tiempos y las edades; Quita reyes y pone reyes” (Daniel 2:21). En otras palabras, Dios dice: Yo tengo control de tu reino y de todos los otros reinos y de sus reyes. Yo te elevé y puedo derribarte y deponerte.  Yo soy el Soberano y ¡no tú!  En otras palabas, las afirmaciones de Dios que es soberano sobre todas las cosas deben calmar la ansiedad en la mente del rey porque ¡el Señor tiene el control! ¿Estás confiando en tu habilidad de controlar todo o en un Dios soberano que realmente controla todo?  ¡Confía en Él!

8. Busca buen asesoramiento.

Si batallas con la preocupación y la ansiedad, debes hablar con alguien que te pueda dar un buen consejo bíblico. Deja que te den aliento. La persona puede ser tu mejor amigo, tu cónyuge o puede ser uno de los ancianos o pastores de tu iglesia. Lo importante es que hables con alguien sobre tu ansiedad. He descubierto que cuando la gente verbaliza sus ansiedades y se niega a remeterlas en su interior, puede encontrar la libertad. Después de compartir sus luchas la gente me dice: Caramba, me siento mucho mejor con solo hablar de ello. He estado batallando mentalmente por mucho tiempo. Se siente bien hablar con alguien. Asesoramiento permite que la persona aplique la Palabra de Dios a sus temores y preocupaciones. Espero que lo que he escrito aquí te de aliento y fortaleza. Recuerda lo que dice en Proverbios 12:25, “La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime, Pero la buena palabra lo alegra”.  Por lo tanto, deja que alguien te de una buena palabra que alegre tu corazón, porque esa es la intención de Dios. Él quiere que estés contento; quiere que estés en paz con Él.

Acerquémonos a Él en oración: Padre, te damos gracias por haber transformado nuestros corazones y por llamarnos hacia Ti. Ruego que hagas estas verdades una realidad en nuestras vidas. Libéranos de toda preocupación y ansiedad. Haz que confiemos en Tu mano poderosa y soberana que controla todas las cosas en nuestras vidas. Ayúdanos a no enfocarnos en nosotros mismos sino en Ti para que podamos buscar Tu Reino primero.

Si nunca le has entregado tu vida a Cristo, o si no estás seguro si realmente eres un creyente, quiero darte la oportunidad de ser perdonado y de experimentar la misericordia de Dios. Él quiere dispensar Su misericordia sobre ti, si le pides perdón y lo invitas a que tome el control de tu vida. Él purificará tu corazón si reconoces tu pecado y si estás dispuesto a dejar tu estilo de vida pecaminoso y seguirlo a Él.   Si lo quieres aceptar en este momento, te sugiero que ores y digas: Señor, perdóname.  Reconozco mi pecado.  He quebrantado tu ley.  Perdóname.  Jesús, ven y toma control de mi vida. Te recibo por fe en este momento.  Quiero ser tu discípulo. Si acabas de orar esta oración, confiésale tu fe a alguien hoy mismo. Envíame un correo electrónico al This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. y te enviaré material para creyentes nuevos que te ayudará a comenzar tu relación con Cristo. ¡Que Dios te bendiga ricamente!