En Mateo 5:43-48 llegamos al último pasaje del Antiguo Testamento que Jesús les explica a Sus discípulos. Jesucristo explicó el objetivo original de los pasajes que los discípulos conocían muy bien. Él quería que los discípulos entendieran que los Mandamientos de Dios deben cambiar el corazón y no solo el comportamiento externo. Recuerda que Jesús explicó en el versículo 20 que la justicia de los discípulos debía ser mayor que la justicia externa de los escribas y los fariseos. Les enseñó que si eso no sucede no entrarían en el reino. Por lo tanto, es esencial que cada uno de nosotros entienda el significado de estos mandatos y cómo ponerlos en práctica en la vida.

Jesús dijo en los versículos 43-48: "Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen" ¿Por qué? "Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto".

La intención verdadera de todos los mandatos de Dios es fomentar el amor hacia tu prójimo.
¿Cuál es la intención verdadera de la ley? Te dice lo que debes hacer, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Pero, ¿eso quiere decir que puedes odiar a tu enemigo? Jesús cuestionó la interpretación de los fariseos que solo requería amar al prójimo y, por lo tanto, podían entonces odiar a su enemigo. Permíteme explicar por qué creían que podrían odiar a sus enemigos. Si lees Levítico 19:17-18, observarás la frecuencia de las frases tu hermano, tu prójimo, tu pueblo ellos creían que eso daba a entender que podías odiar a cualquiera que no fuera tu prójimo. "No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado. No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová" (Levítico 19:17-18).
Entonces los fariseos razonaron, Las Escrituras enseñan que no debo odiar a mi hermano en mi corazón. Pero, ¿qué si esa persona es mi enemigo? Eso me da el derecho y la justificación para odiarlo, porque él no es mi hermano y por lo tanto no es mi prójimo. Ellos usaban este pasaje y su terminología para afirmar algo que la Biblia no enseña - el odio hacia alguna persona. ¿Cómo puedes estar seguro de que la Biblia condena el odio hacia los demás? La Biblia no enseña en ninguna parte que hemos de odiar a los malvados. Dios dice que debemos aborrecer el mal. En el Salmo 97:10 Dios manda, "Los que amáis a Jehová, aborreced el mal". Dios dice claramente que debemos aborrecer la maldad y el mal, no a los malvados. No debemos aborrecer a la gente malvada; debemos aborrecer el mal en sí. ¿Ves la diferencia? En Éxodo 23:4-5 Moisés mandó: "Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo". Él no dijo que te debes apropiar del buey o del asno de tu enemigo. No. Dijo que debes volver a llevárselo al dueño. Moisés agregó, "Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás sin ayuda? Antes bien le ayudarás a levantarlo". Está claro que el Antiguo Testamento les instruyó que debían ayudar a su enemigo y hacer el bien. Estas eran instrucciones detalladas de cómo hacer el bien a tu enemigo. En Deuteronomio 23:7 Dios manda, "No aborrecerás al edomita, porque es tu hermano; no aborrecerás al egipcio, porque forastero fuiste en su tierra". El Antiguo Testamento claramente les enseñó que no debían aborrecer a un individuo aun cuando este les hubiera hecho mal. Si recuerdas, ellos fueron esclavos maltratados y sometidos a los egipcios.

En el Nuevo Testamento, Pablo claramente explica lo que Jesús quiso decir cuando habló de amar a tu prójimo en el Sermón del Monte. En Romanos 12:17-20 explicó, “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”. No solo con tu hermano. Él agregó: " No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor". Así que Dios no quiere que nos venguemos de nuestros enemigos. Él declara, "Yo me encargaré de ellos". Tú mantén tu corazón en el lugar debido. Luego les dice, “Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza”. La Palabra de Dios no deja lugar a duda. No debemos aborrecer a los malos, debemos aborrecer la maldad. No debemos aborrecer a la persona malvada, pero debemos aborrecer el mal. Debemos hacer el bien, incluso a aquellos que nos hagan mal. Jesús enseñó esto por una razón muy sencilla. Él quería separarnos de la venganza personal y fomentar el perdón y la misericordia. En Lucas 6:36 declaró: “Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso”. Así es como el Señor te trata a ti y a mí. Él es misericordioso y nos ama. Nos extendió Su mano cuando practicábamos la maldad y nos ha perdonado, a pesar de que hicimos mucho mal contra Él. Él quiere que respondamos de la misma manera que Él ha respondido. Él está diciendo, "Quiero darte este tipo de corazón... Quiero que hagas más que solo evitar la venganza. Quiero que hagas algo muy positivo y elijas amar. Cuando haces esto estás cumpliendo la justicia interna que supera la justicia externa de los escribas y los fariseos.

Debo también indicar que al igual que en nuestro último estudio en el que hablamos de alguien que te hiere en la mejilla o te quita la túnica, el mismo concepto de ofensas menores también se aplica aquí. No se refiere a alguien que quiere matarte o matar a tu cónyuge o a tus hijos. En ese caso no te quedarías parado sin hacer nada. Existe una gran diferencia entre la venganza y la defensa propia. Tienes que ver que estas dos cosas son completamente diferentes y las Escrituras las distinguen. Si no entiendes lo que quiero decir con este comentario, te sugiero que veas el estudio sobre Mateo 5:38-42.

¿Por qué debes amar a tu enemigo?
Quiero que consideres por qué Jesús quiere que amemos a nuestro enemigo. Debes entender el razonamiento de Dios. Jesús explica la razón en el versículo 45, "para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos". Si hay algo que muestra que somos como nuestro Padre en el cielo y como nuestro Señor Jesucristo, es el ser conformados a la imagen de Cristo al obedecer este mandato de amar a nuestro enemigo. Esto es algo esencial porque el Padre ama aun a los malvados. A Él no le gusta lo que están haciendo, pero igual, los ama. Hay una gran diferencia entre esas dos cosas. Muchas veces la gente me pregunta,” ¿Es posible amar a alguien que no te cae bien?" Mi respuesta es, "Seguro que sí. Así es como Dios responde a la gente". A Él obviamente no le gusta lo que la gente está haciendo, pero los ama igual. En Juan 3:16, el versículo mejor conocido de toda la Biblia, Jesús enseñó, "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito". No dice "Porque de tal manera amó Dios a los que lo amarían". Dios amó al mundo entero, sabiendo que muchos no le corresponderían y rechazarían el don que Él ofrece. Sin embargo, aún así, dio a Su Hijo.

Mira el ejemplo que Jesús da en este pasaje acerca de cómo el Padre ama y trata a todos los hombres igual. En el versículo 45 dice, que Él “hace salir su sol sobre malos y buenos y que hace llover sobre justos e injustos”. Algunos miran esto y piensan: Bueno eso no es gran cosa, es común que el sol brille y que llueva. ¿Por qué usa Él este ejemplo? Porque demuestra la gracia común de Dios para toda la humanidad. Estos son solo dos ejemplos, hay muchos más. La Palabra de Dios muestra amor y gracia común aun para aquellos que lo odian a Él. Ahora, ¿podría el Señor hacer algo diferente y hacer que no salga el sol sobre los incrédulos? ¿Podría Él hacer algo diferente y hacer que no llueva en el campo del granjero incrédulo? Sí podría. ¿Cómo sabemos que lo puede hacer? Porque ya lo ha hecho antes. ¿Cuándo? En Éxodo 10:22-23 las Escrituras describen las plagas que vinieron sobre Egipto, "Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, por tres días. Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones”. Por lo tanto, Dios puede traer densas tinieblas sobre aquellos que lo rechazan y hacer que resplandezca la luz sobre aquellos que creen en Él y lo aman. Él podría hacer eso, si así lo quisiera. En lugar de eso, opta por dar la luz del sol a toda la humanidad. ¿Y qué de la lluvia? Recuerdas cuando Elías oró durante el reino del rey Acab--uno de los reyes más malvados de Israel, ¿qué sucedió? Paró de llover por 3 años y medio. Así que puede traer tinieblas y puede parar la lluvia. Él puede parar cualquier cosa en cualquier parte en cualquier momento si así lo desea. Así de grande es nuestro Dios. Él opta por enviar la lluvia y el sol sobre los justos e injustos. Esta es la gracia y la misericordia común de Dios.

La segunda razón por la que debes amar a tu enemigo es porque esto revela que estás haciendo más que los fariseos. Jesús dijo en los versículos 46-47, "Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?" Observa que Jesús declaró que hasta los no creyentes aman a aquellos que los aman a ellos. En otras palabras, cualquiera puede hacer eso. Pero, si amas a tu enemigo, eso es algo fuera de lo normal y de las costumbres de este mundo. ¡Es sobrenatural! Además, este tipo de comportamiento amoroso es lo que te ayuda a obtener una recompensa eterna. Eso es muy impactante. ¡Una recompensa eterna! ¿Por qué? Porque el amar a tu enemigo es algo que solo un creyente lo puede hacer, alguien que tiene el amor de Dios morando en su interior y el poder del Espíritu Santo motivándolo. ¿Así eres tú?

En Lucas 12:48 Jesús dijo, “todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá". Dios, con mucha razón y derecho, espera más de todo cristiano que dice amarlo y creer en Él. ¿Por qué? Porque Él vive dentro de nosotros. Es por eso que espera más de nosotros. Es por eso que Jesús dice en el versículo 48: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto". Este versículo es muy difícil de entender. La gente lee esto y piensa: “Olvídate, eso es imposible”. Pero, si Jesús dio este mandato, creo que sí se puede cumplir, si entiendes lo que quiso decir. No quiere decir que llegarás a un punto en el que serás perfecto y sin pecado. La Biblia claramente dice que en esta vida no existe la perfección sin pecado. Sin embargo, he conocido personas que dicen no tener pecado. Por lo general, cuando la gente me dice esto, empiezo a reírme porque sé que tienen el mismo tipo de corazón que yo tengo y que tú tienes. No hay nadie en todo el planeta que en esta vida pueda ser perfecto o no tener pecado alguno. Pero eso no es lo que Jesús quiso decir. La palabra griega que Jesús usó y que se tradujo como "perfectos" significa completo, maduro o mayoría de edad. Describe a alguien que es maduro o tiene la mayoría de edad. Jesús se refiere a alguien que es un creyente maduro y siendo así, puede amar a su enemigo. Por lo tanto, el Señor espera que maduremos en esta área del trato con personas que nos odian, que son nuestros enemigos, que abusan de nosotros y nos persiguen. Tienes que madurar por completo en la manera de tratar a este tipo de persona.

Es esencial que entiendas esto. Permíteme explicarlo de esta manera. Para aquellos que tienen hijos, ¿esperas algo diferente de tu adolescente comparado con tu hijo de edad preescolar? Por supuesto que sí. No esperas que tu hijo de edad preescolar actúe como un adolescente. ¿Esperas ver alguna diferencia entre tus hijos adultos y tus hijos adolescentes? Claro que sí. ¿Por qué? Porque esperas que actúen como adultos maduros. Si tú tienes esa expectativa de tus hijos biológicos, ¿por qué no puede Dios tener la misma expectativa de Sus hijos espirituales? Jesús está diciendo, ¡Madura! Si eres un cristiano maduro, entonces actúa como tal. ¿Cómo vivirás si has alcanzado la madurez? El amor es una indicación de la madurez.

En Job 1:1 dice que Job era un hombre perfecto o intachable. Dios declaró, “Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal". La palabra hebrea traducida perfecto significa ser perfecto o completo. Esta es la definición de Dios de lo que significa ser un hombre perfecto o completo. ¿Carecía de pecado? No. Es obvio que al final del libro, el Señor reprende a Job por sus palabras insensatas. Así que Job no carecía de pecado, eso está claro, pero sí era un hombre maduro. ¿Por qué? Porque aborrecía el mal, se apartaba de él y llevaba una vida recta. Hacía eso porque temía y respetaba al Señor. Por eso se apartaba del mal. Por lo tanto, era un hombre maduro, no un hombre sin pecado. Las Escrituras definen la madurez.

Al caminar en amor, llegará el día en que terminará la obra, alcanzarás la madurez plena y entrarás en la adultez espiritual. Sabemos esto porque en 1 Juan 3:2 dice: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es". Seremos entera y plenamente semejantes a Él. Todos vamos en este camino. Creo que si ves y crees esta verdad, dirás, "Muy bien, Señor, cámbiame. Transfórmame. Quiero ser un creyente que ha alcanzado la mayoría de edad".

Los tiempos verbales en Mateo 5:48 son muy importantes. Cuando Jesús dijo, “Sed, pues, vosotros perfectos”, usó el tiempo futuro. Esto significa que un día alcanzaremos la madurez total y seremos conformados plenamente a Su imagen. Cuando Jesús dijo, “como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto". Las palabras “es perfecto” con relación al Padre se encuentran en el tiempo presente. ¿Por qué usó Jesús tiempos verbales diferentes? Él sabe que somos imperfectos y sabe que fallaremos. Pero, también sabe lo que seremos en el futuro. Llegará el día en que alcanzarás la plena madurez. Él usó el futuro del verbo porque sabe que el alcanzar la madurez es un proceso. El Padre es perfecto y amoroso continuamente. En el futuro, tú te convertirás en lo que Él es. Por esta razón es esencial que entiendas este pasaje.

Ahora, una última definición de lo que significa amar a tus enemigos. Jesús explicó esto durante Su ministerio una y otra vez. Debes recordar esta explicación porque cuando veamos cómo puedes amar a tu enemigo, necesitarás este entendimiento. En Lucas 6:35-37 Jesús instruyó, “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados". Jesús no solo da los mandatos, sino que también explica porqué debes obedecerlos. La razón es muy sencilla, porque Él es bondadoso con los ingratos y los malos. Así que tú debes ser bondadoso con la gente. Él es misericordioso, por lo que tú también debes ser misericordioso. Él no juzga inmediatamente a la gente, sino que le da la oportunidad de volverse hacia Él, así que tú no debes ser duro ni censurar a los demás. Debes perdonar porque Él te ha perdonado a ti. Estas son las razones por las que debes amar a tus enemigos.

¿Cómo puedes realmente amar a tu enemigo?
Veamos cómo puedes amar a tu enemigo. ¿Es posible esto? Algunas personas me han dicho, ¿Amar a tu enemigo? Aquí es donde me bajo del tren. No creo que esto realmente sea posible. Entiendo las otras enseñanzas de Jesús, pero esto de amar a tu enemigo, eso no sé. Y entonces, ¿es posible o no? ¿Qué opinas tú? Yo creo que sí es posible. Solo aquellos que han experimentado este cambio y esta transformación en su corazón saben a lo que me refiero. No es fácil porque cuando odias a alguien, le tienes rencor y lo quieres estrangular porque estás muy molesto con esa persona y no puedes simplemente cambiar tus sentimientos y perdonar. Cuando la persona te ha ofendido y te ha herido profundamente se requiere que Dios haga Su obra en tu corazón. Solo la persona que ha detectado el cambio del odio al dolor, del aborrecimiento al amor sabe que esto sí es posible. Probablemente no hay ningún otro mandato de Jesús que parezca ser más imposible que el amar a tu enemigo. Sin embargo, ningún otro mandato en las Escrituras revela el poder y la gracia de Dios para cambiar el corazón humano más que este. Cuando experimentes esta capacitación para amar a tu enemigo, tendrás la seguridad de que conoces al Señor. Estarás absolutamente seguro de que conoces al Dios viviente porque sabes que no puedes hacer esto por tu propia fuerza. ¿Has tratado alguna vez de amar a alguien por tu propia fuerza? ¿Has tratado alguna vez de perdonar a tu enemigo por tu propia fuerza? ¡No sucederá! ¡No lo puedes hacer!

Entonces, ¿cómo lo logras? Déjame darte siete cosas que creo que son esenciales y explican cómo puedes aprender a amar a tu enemigo. El Señor quiere que cada uno de nosotros llegue a este punto. ¿Cómo lo logras?

Primero, debes ser lleno del Espíritu Santo. Esto es lo principal. Aquí es donde comienza todo. En el versículo 44 la palabra amad en el mandato de amar a tus enemigos, es la palabra griega, ágape. El amor ágape es el tipo de amor que Dios tiene por el mundo como lo dijo Jesús en Juan 3:16. Entonces para amar a mi enemigo con este amor ágape, tengo que tener el mismo amor que Él tiene. Hay cuatro palabras básicas que significan amor en el idioma griego, y sin embargo, solo tres de ellas se encuentran en las Escrituras. Está el amor de Dios, ágape. Dios puede amar con amor ágape incluso cuando el mundo no le corresponde. El segundo tipo de amor es phileo que es el amor fraternal. Este tipo de amor es recíproco. Le decimos a la gente, "hoy por ti, mañana por mí". El tercer tipo de amor se llama storgos que es el amor familiar. El cuarto tipo de amor es la palabra eros que no se encuentra en las Escrituras. El amor eros es el amor sexual.

Por lo tanto, Jesús manda que amemos a nuestros enemigos con el amor ágape que es unidireccional. Eso quiere decir que no requiere ser correspondido. Jesús dice que debes amar sin esperar nada a cambio. ¿Cómo sucede esto? La Biblia instruye en Gálatas 5:22 que este tipo de amor ágape es el resultado y el fruto de la llenura del Espíritu. El Espíritu Santo es la única persona que puede producir este tipo de amor sobrenatural en tu interior. No puedes producir este amor por tus propios esfuerzos. Necesitas ser lleno del Espíritu Santo. Cuando aborreces a alguien en tu vida, alguien que te ha traicionado, te ha perseguido, te ha calumniado, te ha robado, este es el primer paso. Tienes que clamar a Dios pidiéndole que te llene del Espíritu Santo. Pídele que te dé Su amor sobrenatural por esa persona. Confiésale, "Señor, no tengo lo necesario para amar a esta persona. Dame tu amor". Aquí es donde debes empezar. Pablo declaró en Romanos 8:2:"Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte". Solo hay una manera de liberar tu interior del pecado del odio y la venganza. Y eso es por medio del Espíritu Santo. Pero tienes que admitirle a Dios que deseas la venganza. Solo el Espíritu Santo puede librarte de ese odio y del deseo de la venganza. Cuando clamas a Él con sinceridad, Él cambiará tu actitud. Luego de repente, te darás cuenta de que el odio desapareció. Esa experiencia es muy impactante. Es sobrenatural. Si has experimentado lo que te digo, entonces sí sabes que es posible. A veces es un cambio rápido y otras veces tienes que perseverar para continuar amando. Muchas veces, depende de la gravedad de la ofensa, tienes que pelear la buena batalla de la fe y continuar orando y pidiéndole Su amor diariamente.

Ahora, para aquella persona que piensa, Yo quiero seguir odiando. No los quiero amar. Realmente no quiero cambiar. Bueno, el resto de este estudio es para ti porque sé que algunos de ustedes están en ese lugar en este momento. Tu corazón está endurecido. Has guardado la amargura por mucho tiempo y no estás dispuesto a decir, "Señor, dame Tu amor". No quieres que se salgan con la suya. Entonces, aquí tienes cómo cambiar ese sentir.

Segundo, para amar de esta forma debes elegir perdonar. Tienes que dejarlo pasar. Sé obediente al mandato de Dios y perdona. Elige obedecer el mandato sin tener en cuenta lo que sientes. Para ser sincero, nunca he sentido el deseo de perdonar a alguien. Ni una tan sola vez. Y tú tampoco. Debes elegir obedecer el mandato de Dios de perdonar antes de sentir el deseo de hacerlo. El perdón no es un sentimiento, es una decisión. En Marcos 11:25-26 Jesús nos indica el mandato de Dios. Él dice, “Y cuando estéis orando,” observa que dice “Cuando" y no, si alguna vez, porque Jesús sabía que esto ocurriría con frecuencia. Cuando ores, te darás cuenta que hay alguien que no has perdonado en tu corazón. Es por eso que dice, "Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas". Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas". Jesús lo dijo claramente, el perdón trata con cualquier cosa que tengas contra cualquier persona. Eso incluye a todo mundo y toda cosa que te haga pecar. Eso quiere decir que no hay nada que hayas hecho por lo que Él no quiera perdonarte, y por lo tanto, no hay nada que Él no quiera que perdones. No hay nada ni nadie que te haya ofendido que Él no quiera que perdones. Ahora, eso no quiere decir que te reconciliarás con cada persona, pero los perdonarás y tendrás un corazón recto ante Él. Esa distinción es muy importante. El perdonar es lo que te permite tener un corazón recto ante Dios porque eliges dejar pasar la ofensa y perdonar así como Él te ha perdonado a ti. Si no perdonas, nunca avanzarás ni madurarás como creyente. No sucederá porque te niegas a obedecer el mandato patente y directo de Cristo.

El tercer paso que debes dar es que una vez que hayas perdonado, debes controlar tus pensamientos o regresarás a la amargura y te contaminará de nuevo. Aquí es donde debes pelear la buena batalla de la fe (1 Timoteo 6:12). El proceso es el siguiente: Eliges perdonar y luego empiezas a reflexionar sobre lo que la persona te hizo y vuelves a reproducir el audio y el video en tu mente y de repente te enojas de nuevo. ¿No es así? ¿No has hecho esto muchas veces? Y entonces la amargura vuelve a bullir otra vez. La gente siempre me pregunta, "¿Por qué no puedo dejar pasar esto?" Les explico que tienen que controlar sus pensamientos. No vuelvas a contemplar la ofensa. Cada vez que tu mente regrese a considerar la ofensa, tienes que detenerte y decir, "No regresaré a lo mismo. Señor, elijo perdonar. Lo dejo en Tus manos". El libro de Filipenses explica lo que debes contemplar en tus pensamientos. En Filipenses 4:8-9 Pablo instruyó: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad...y el Dios de paz estará con vosotros". Por lo tanto, debes elegir pensar sobre estas cosas en lugar de la ofensa que sufriste. Si no haces esto, regresarás a la amargura y esa amargura te contaminará y volverás a como estabas antes. En Hebreos 12:14-15 el apóstol declaró, “Seguid la paz con todos, y la santidad”, no solo con aquellos que amas sino también con todas las personas, “sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados". Si permites que la amargura regrese a tu corazón, no alcanzarás la gracia de Dios. ¿Por qué? Si permites que los pensamientos pecaminosos reinen en tu corazón, estás rechazando Su gracia que quiere transformar tu corazón. La amargura también te contaminará de nuevo si vas y les cuentas a otros lo que esa persona te hizo. Eso es chisme y es un pecado, te contamina a ti y a todo el cuerpo de Cristo. Por lo tanto, tienes que tratar eso en tu corazón. Perdona y controla tus pensamientos.

Cuarto, pídele a Dios que haga nacer en tu corazón un pesar y compasión hacia la persona que te ofendió. El pesar y la aflicción de corazón hacia el que te ofendió es esencial para estar seguro de la rectitud de tu corazón. Revela que amas a tu enemigo. Tienes pesar porque reconoces que esta persona no sabe lo que hizo. Está ciega. Sientes ese pesar porque entiendes que esa persona está atrapada en su propio pecado y por eso te hirió. El reconocimiento de este hecho te habilita para cambiar tu corazón. Esta verdad la podemos observar en la tristeza de Jesús por la ceguera de los fariseos. En Marcos 3:1-5 dice que los fariseos acechaban a Jesús para ver si sanaba al hombre que tenía la mano seca. Refiriéndose a Jesús, Marcos dice: "Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones". Mira la combinación de enojo y Su tristeza por la actitud de ellos. Jesús sintió enojo en Su corazón, un enojo divino, junto con una tristeza por estos hombres. La palabra entristecido significa sentir pesar. Así que Jesús estaba enojado y entristecido a la vez. ¿Por qué? Él sabía lo endurecidos que estaban y podía ver que carecían de una vida espiritual ya que eran indiferentes al mal que sufría este hombre. Eran líderes espirituales pero su religión se basaba en la censura y como resultado, pasaban por alto el propósito de su ministerio que era el cuidar a los necesitados. Por lo tanto, es esencial sentir pesar. Ese es el resultado natural cuando reconoces el verdadero problema. ¿Sientes este pesar por aquellos que te han ofendido y te han herido?

Pero estos hombres también tenían el corazón endurecido por su ceguera. Esa es la misma razón por la que los líderes religiosos crucificaron a Jesús. Recuerda lo que dijo Jesús estando en la cruz, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34). Esta también es la razón por la que la gente te hiere y te ofende. No entienden realmente lo que están haciendo por la ceguera de su corazón. Por lo tanto, esta actitud de pena y dolor es lo que evita que fomentes una actitud de censura y condenación hacia los demás. Pídele a Dios que te dé este tipo de corazón.

Quinto, si quieres demostrarle amor a tus enemigos debes hablarle amablemente a los que te han ofendido. Este es el significado de lo que Jesús dijo en el versículo 44 cuando dijo, “Bendecid a los que os maldicen". Esta palabra bendecid se traduce literalmente como hablar amablemente. ¿Es posible hacer eso? ¡Seguro que sí! ¿Habló Jesús amablemente a los que le ofendieron y le querían matar? Sí, lo hizo. Pero también los reprendió. ¿Te acuerdas del hombre que lo abofeteo en la cara durante el juicio? Él reprendió el acto pero no le grito. Así que sí es posible hablar amablemente y también ser muy directo al reprobar el mal. ¡Tú puedes hacer lo mismo! Jesús les habló de esta manera mientras que a la vez detestaba lo que la gente le hizo, porque Él amaba a la gente y reconocía que estaban ciegos a lo que realmente estaban haciendo. ¿Ves la diferencia entre gritarle a alguien y hablarle directa y amablemente? Puedes detestar lo que alguien hace y hablarle con cariño pero con firmeza.

En 1 Pedro 3:8-9 Pedro entendió la enseñanza de Jesús de bendecir con sus palabras. Pedro instruyó," Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables”, en lugar de tener un corazón endurecido debes "ser amigable”. Puedes ser amigable con un enemigo, “no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo”, Esta es la misma palabra que se encuentra en Mateo 5:44 que significa hablar amablemente, “sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”. Entonces, al amar a tus enemigos, hablarles amablemente y no maldecirlos como ellos te maldicen a ti, recibirás una bendición. Además, al hacer eso también recibirás una recompensa eterna.

El sexto paso que debes dar si quieres amar a tus enemigos es orar por ellos. Jesús dijo, “Orad por los que os ultrajan y os persiguen". La oración es otro aspecto esencial para aprender a amar a tus enemigos porque he descubierto que no puedes orar por alguien con sinceridad y continuar odiándolos a la vez. No es posible. Si finges orar por tus enemigos, tu propio corazón te condenará. Tú sabes que las palabras que dices son falsas porque no sientes un verdadero pesar por ellos. Los odias. Es por eso que Jesús nos mandó orar por nuestros enemigos. La oración es esencial. Jesús sabía que la oración te mostrará que tu corazón está mal. Es por eso que te dijo que lo hicieras. Te tiene entre la espada y la pared. No hay salida más que perdonar y rectificar tu corazón. Si no oras por ellos estás desobedeciendo el mandato de Dios. Por lo tanto, tienes que orar y orar con sinceridad. Una vez más, recuerda que esto es lo que hizo Jesús mientras estaba en la cruz. Acabo de citar el versículo Lucas 23:34,"Padre, perdónalos”. Tú debes orar la misma oración. Ora y pídele a Dios que cambie su corazón y los transforme. Le ruego a Dios que te abra los ojos para que puedas ver que ellos están atrapados en su propio pecado. Recuerda la oración de Esteban mientras lo apedreaban hasta matarlo en Hechos 7:60 "Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado". Si alguna vez te encuentras en estas circunstancias le pido a Dios que te dé la capacidad y la gracia necesarias para poder orar de esta manera.

El séptimo paso que debes dar si quieres amar a tus enemigos, “Haced bien a los que os aborrecen”. Este lo dejé para el final. Sé que está fuera de orden en el contexto, pero a propósito lo dejé para el final. ¿Por qué? La capacidad para obedecer todos estos mandatos de orar, hablar amablemente, perdonar y no permitir que los pensamientos llenos de odio regresen a tu mente está en tu interior. Sin embargo, el hacer el bien es otra cosa. Ese es un tema totalmente diferente. Cuando es necesario que hagas algo es cuando pones el toque final para completar la obra en tu interior. Entonces, ¿qué quiere decir hacer el bien? El bien que has de hacer será diferente en cada situación. Sabes lo que debes hacer pero en tu mente piensas, "No quiero hacer eso". Santiago dice, “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado" (Santiago 4:17). Santiago hace esta afirmación general y da a entender lo que significa hacer lo bueno. Déjame mostrarte otro versículo. En Isaías 1:17 dice, “aprended a hacer el bien". Luego fíjate cómo Dios define el bien. Él dice, “buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda". Cada una de estas acciones es muy diferente de las otras. Por lo tanto, hacer el bien en cada circunstancia será algo diferente. Así que depende de la circunstancia en la que te encuentres y la ofensa que se ha cometido, tendrás que aprender cómo hacer lo bueno. Hacer lo bueno en una circunstancia es tener una buena disposición en tu corazón. Hacer el bien a otra persona quiere decir que vas y le pides perdón por tu falta. Hacer el bien también puede ser que empiezas a orar por la persona que te ofendió. Hacer el bien puede ser hablarles con amabilidad. Hacer el bien puede ser dar algo que no quieres dar. Hacer el bien puede ser pasar por alto la ofensa que te han hecho (Proverbio 19:11). ¿Entiendes? Hacer el bien será diferente en cada situación.

Ahora piensa en cómo Dios te ha hecho bien. Para aquellos de ustedes que le han entregado sus vidas a Cristo, antes eras Su enemigo. Pero Él te amaba aun siendo Su enemigo. Ahora eres Su amigo porque le has entregado tu vida a Él. Recibiste a Cristo por fe y le permitiste que tomará control de tu vida. ¿Por qué? Por lo que Él hizo por ti. ¿Por qué te perdono Él? Porque te hizo bien. Él comenzó a hacerte bien cuando envió a Cristo y le permitió pagar el precio de tu pecado. Te hizo bien al no juzgarte inmediatamente después de pecar. Te ha hecho bien en varias diferentes ocasiones a lo largo de tu vida. ¿Puedes discernir esas ocasiones? Por lo tanto, pídele al Señor que te muestre cómo esto te ataña y cómo Él quiere que trates a ese enemigo que tienes. El Señor te mostrará cómo debes hacer el bien.

Vamos a Él en oración. Padre, te agradezco mucho por tu misericordia. He luchado en tu contra por mucho tiempo, pero Tú pacientemente has esperado y me has buscado. Gracias Señor por enviar a tu Hijo a morir en mi lugar para que pueda experimentar tu gracia y misericordia. Te ruego que me ayudes a amar a la persona que me ha herido y me ha ofendido. Te pido que me libres del poder del resentimiento, la amargura y el odio. Libérame por el poder de tu Espíritu. Dame la buena disposición para querer hacer lo que Tú has mandado. Señor, confío en que harás esto que te pido ahora. Transforma mi corazón. Hazme un ejemplo verdadero de lo que significa ser un hijo o hija de nuestro Padre en el cielo. Confío en que lo harás en el nombre de Jesús.

Si nunca le has entregado tu vida a Cristo, o si no estás seguro si realmente eres Cristiano, quiero darte una oportunidad de ser perdonado y experimentar la misericordia de Dios. Dios te mostrará misericordia en este momento si le pides perdón y lo invitas a que tome control de tu vida. Limpiará tu corazón si reconoces tu pecado y estás dispuesto a dejar tu estilo de vida pecaminoso para seguirlo a Él. Si quieres recibirlo ahora mismo, te sugiero que ores y digas, "Señor, perdóname. Reconozco mi pecado. He quebrantado tu ley. Perdóname. Jesús, ven y toma control de mi vida. Te recibo por fe en este momento. Quiero ser tu discípulo”. Si acabas de orar esta oración, confiésale tu fe a alguien hoy mismo. Envíame un correo electrónico a This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. y te enviaré material que te ayudará a empezar tu relación con Cristo.