En el libro de Mateo 5:10-12, Jesús da a conocer una característica que Sus discípulos deben poseer.  Él pasa al tema de cómo reaccionar ante el sufrimiento.  Recuerda que en cada una de las bienaventuranzas, Jesús describe la actitud que debe tener un verdadero discípulo.  Si tú eres uno de Sus seguidores, Él quiere que te conviertas en este tipo de persona.  Tu relación con Dios y con los demás refleja tu carácter.  Sin embargo, tu carácter también se forma cuando aprendes a sufrir.  Jesús dice: “Bienaventurados aquéllos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí.  Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes”.  Después de leer estas bienaventuranzas puede que te preguntes, “¿De veras seré bienaventurado cuando sufra persecución? No estoy seguro de que la persecución sea una experiencia bienaventurada. ¿Cómo puede ser? ”

Primero veamos lo que dice Jesús en estos pasajes acerca del sufrimiento. ¿Sabías que hay como 70 pasajes en los que Jesús les habla a sus discípulos acerca del sufrimiento? El sufrimiento era un tema principal en las prédicas de Jesús. ¿Y qué dijo Jesús del sufrimiento en estos pasajes? Como creyente, ¿qué tipo de persecución padecerás?  Existen dos tipos de persecución.   Un tipo de persecución es corporal y podrías sufrir maltrato físico, golpizas y hasta la muerte.  El segundo tipo de persecución es verbal y la gente te dirá cosas desagradables y perversas; y te calumniará por el nombre de Cristo.  Las bienaventuranzas mencionan estos dos tipos de persecución.  Primero Jesús menciona el maltrato verbal que recibirás y luego menciona el maltrato físico que podrías recibir como los profetas anteriores.

La noche antes de la crucifixión, Jesús expresamente les advirtió a los discípulos que serían sometidos a una severa persecución corporal.  Les dice que si lo siguen a Él sufrirán. Juan 16:1-2 “Estas cosas les he dicho para que no tengan tropiezo (no sean escandalizados).  Los expulsarán de las sinagogas; pero viene la hora cuando cualquiera que los mate pensará que así rinde un servicio a Dios”.  Él quería que supieran esto para que cuando padecieran sufrimientos no tropezaran.  ¿Te acuerdas de alguien en las Escrituras que creía que al matar a los cristianos servía a Dios? Ese fue Saulo que después cambió su nombre a Pablo. Este pasaje se cumplió literalmente. Sin embargo, a lo largo de la historia ha habido muchos que pensaron igual que Saulo.  Hoy en día hay muchas personas en el mundo que creen que al matar a los cristianos sirven a Dios.  Muchos países musulmanes bombardean iglesias cristianas y encarcelan a los hombres y mujeres que abandonan el islam y reciben a Cristo.  Aun en nuestro país la actitud hacia los cristianos está cambiando.  La gente ahora nos llama intolerantes porque estamos en contra del aborto y la homosexualidad.  Vivimos en un país extraordinario que tiene derechos civiles y libertades extraordinarias.  Pero es posible que estas libertades no perduren.  ¿Cómo  reaccionarás a la persecución en tu contra y en contra de tu familia?  Muchas veces damos por sentado que tenemos estas libertades.  Muchas personas por todo el mundo arriesgan sus vidas al abrir la boca y al decirle a alguien que son creyentes o al asistir a un culto en la iglesia.  En Sudán, por ejemplo, en los últimos 20 años de la guerra civil, se aproxima que han matado a un grupo de 1 millón a 1 millón y medio de creyentes por confiar en Cristo. Han incendiado sus iglesias, destruido sus casas y los han expulsado de su tierra.  Hoy viven en un territorio pequeño al sur de Sudán.  En la China y la India los creyentes son perseguidos por los hindúes, los budistas u otras entidades gubernamentales.  De acuerdo con las estadísticas, en más de 60 países alrededor del mundo hay creyentes que están sufriendo por su fe; que no tienen derechos civiles o los han perdido.  Algunos son perseguidos hasta la muerte.  ¿Por cuánto tiempo nos libraremos de este tipo de persecución en este país? No lo sé.  Pero lo que puedes hacer hoy es recordar y orar por aquellos alrededor del mundo que están soportando este penoso sufrimiento.  Pablo dijo en Hebreos 13:3, “Acuérdense de los presos, como si estuvieran presos con ellos, y de los maltratados, puesto que también ustedes están en el cuerpo”. En 1Tesalonisences 5:25 también dijo: “Hermanos, oren por nosotros”.   Por lo tanto, ora por las víctimas de la persecución, ¡Ora por aquellos que te persiguen!

El segundo tipo de persecución es un acosamiento menos severo, pero sigue siendo persecución.  Me refiero a los agravios e insultos que te lanzan por tu fe.  En el versículo 11 de nuestro texto Jesús dice: “Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí”. Fíjate que Jesús considera que los insultos, la burla y las calumnias son un tipo de persecución.  ¿Por qué hace esto la gente?  Porque eres cristiano.  Sufrirás este tipo de persecución en tu familia, tu trabajo o en tu vecindario.  La persecución vendrá.  Estas dos formas de persecución son difíciles de soportar.  La persecución corporal es extremadamente difícil, pero nosotros en este país sólo estamos expuestos a la persecución verbal.  Sin embargo, muchas veces los cristianos no sufren ninguna persecución.  Creo que te debes alarmar si no has sido víctima de burla y persecución. ¿Por qué?  Porque eso significa que algo anda mal con tu testimonio y con la manera que lo representas a Él.  Tu luz probablemente se encuentra debajo de una vasija.  La persecución es una realidad.  Cuanto más resplandezcas tu luz, experimentarás más persecución…es inevitable.  No es cuestión de “si es que” sufres persecución, se trata de “cuando” sufras persecución.  Aquí en el texto Jesús lo dice claramente en el versículo 11 “Bienaventurados serán cuando…”  y no “si es que” te persiguen.  Es por eso que digo que si no estás sufriendo persecución, insultos o burlas, pregúntate,¿ por qué?  ¿Resplandeces tu luz en el mundo? ¿Influyes en los demás con el evangelio?

Hay algo que debo mencionar para equilibrar este tema.  No me refiero a la persona que es ofensiva o actúa raro con los demás y luego dice “mira, soy víctima de persecución”.  Si eres ofensivo, esta es la razón por la que te persiguen.  Esto no es persecución a menos de que sea a causa de tu justicia—si amas a la gente, eres justo y compartes el evangelio sin ofender.  No hay bendición si te despiden de tu trabajo por ser extraño o incompetente, por no cumplir con tu deber o por desobedecer a tu jefe.  No hay ninguna bendición en estas cosas. De hecho, si te has comportado así, has pecado.  Jesús no se refiere a la persona altanera, dura o que trata de provocar a la gente para que la persigan.  En 1Pedro 4:15-16 él les dice a los creyentes: “Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello”.  Si estás sufriendo porque eres un asesino, un entrometido o un malhechor, no hay bendición en eso—eso no es mas que pecado.  Las Escrituras constantemente hacen una distinción entre el sufrimiento justo y el injusto.  Por lo tanto, determina por qué estás sufriendo.

Si adelantamos un poco en el Sermón en el Monte a los versículos 13-16 veremos que Jesús comienza a decirles a los discípulos que ellos son la sal y la luz del mundo.  Pero la pregunta es: ¿Somos nosotros la sal y la luz del mundo? Si no quieres padecer sufrimientos, persecución o la burla de alguien, todo lo que tienes que hacer es quedarte callado.  Espero que no te quedes callado.  Es por eso que Jesús dice: “todo el que Me confiese delante de los hombres, Yo también lo confesaré delante de Mi Padre que está en los cielos”. (Mateo 10:32)  Jesús nos dice que es muy importante confesarlo a Él en este mundo.  Muchos no lo confiesan delante de los hombres por temor a que se burlen de ellos, pero eso es parte de lo que significa ser un discípulo.  Él estuvo dispuesto a ser ridiculizado, a ser objeto de burla y a ser azotado por ti.  Espero que tú estés dispuesto a soportar un poco de persecución por Él.  Si no estás dispuesto a confesarlo delante de los hombres, lo estás negando.  Jesús dijo en Juan 15:20: “Acuérdense de la palabra que Yo les dije: ‘Un siervo no es mayor que su señor.’ Si Me persiguieron a Mí, también los perseguirán a ustedes”.  Una vez más les recuerda que constantemente les ha instruido que sufrirán persecución por ser Sus discípulos.  Minutos después de que Jesús dijo esto, los discípulos fueron puestos a prueba para ver si estaban dispuestos a sufrir por Él.  Fueron puestos a prueba en el huerto donde entraron los soldados para capturar a Jesús.  ¿Qué hicieron los discípulos? ¿Permanecieron firmes o huyeron? Pedro fue puesto a prueba cuando le preguntaron si conocía a Jesús.  ¿Lo negó?  Obviamente Pedro lo negó varias veces por temor.  Es por eso que Jesús dijo: “Acuérdense de la palabra que Yo les dije”.

Por lo tanto, si te identificas con él y resplandeces Su luz en este mundo, sufrirás persecución.  Él fue la luz de este mundo hasta que ascendió al cielo.  Ahora tú debes ser esa luz del mundo y por eso sufrirás persecución.  Todo aquel que vive una vida piadosa con su ejemplo, reprocha al mundo impío.  Si tú defiendes a Cristo o reprendes la injusticia de este mundo y dices, “Eso no está bien.  No deberías hacerlo”, serás víctima de persecución.  La gente responde y te dice: “¿Y tú quién eres, un gran señor espiritual o un señor santo?” ¿Quién eres tú para decirme lo que puedo o no puedo hacer"?  Sin embargo, a mí no me molesta cuando la gente me dice eso y no debes permitir que te moleste a ti.  Debes permanecer firme y defender la justicia.  ¿Haces eso tú? Espero que sí.  En 2Timoteo 3:12 Pablo dice, “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos”.  Si vives piadosamente, padecerás persecución. Te identifican con Cristo.  Pedro instruye lo mismo en 1Pedro 4:12-13, “no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo.  Antes bien, en la medida en que comparten los padecimientos de Cristo, regocíjense”.  Pedro le dice a la gente lo mismo que Jesús le dijo a él, que no se sorprendieran si son perseguidos.  La persecución vendrá.  ¿Cómo reaccionarás tú?

Fíjate que Jesús les enseñó a los discípulos cómo deben ver el sufrimiento y cómo deben reaccionar cuando sean víctimas de persecución.  En Mateo 5:11-12 Jesús dijo: “Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan… Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes”. ¿Por qué eres bienaventurado?  La palabra, bienaventurado, significa dichoso.  El Señor quiere que tengan la actitud correcta en medio del sufrimiento.  La mayoría de ustedes estará pensando "¿Es posible regocijarme y ser dichoso cuando sufro persecución? ¿Cómo se logra eso? "Esa no es una reacción natural”.  ¡No, no es natural! ¡Es sobrenatural!  Esta reacción es sobrenatural.  De hecho, para poder llevar a cabo cada una de las bienaventuranzas, necesitas el poder sobrenatural de Dios.  Dios tiene que obrar en tu vida de una manera sobrenatural.  Considera por un momento la índole sobrenatural de las bienaventuranzas.  Estas son el fruto del Espíritu Santo que obra dentro de ti.  Cada una de las bienaventuranzas contradice lo que el mundo opina de la vida.  Bienaventurados los pobres de espíritu.  ¿Cómo puede una persona ser humilde y reconocer que es pobre espiritualmente?  Un inconverso no se ve así mismo de esta manera.  Ellos piensan: “Yo estoy bien.  Soy una buena persona. La gente que me conoce se debe considerar afortunada”.  Ellos no ven que necesitan un salvador.  Bienaventurados los que se lamentan.  El percibir tu pecado y lamentarlo es una obra sobrenatural.  Toda la vida—antes  de conocer a Cristo—la pasamos disculpando y justificando nuestro pecado.  Lo que no hicimos fue lamentarlo.  Para eso es necesario que el Espíritu obre dentro de nosotros. ¿Qué tal la mansedumbre?  Para poder recibir mansamente del Señor y escuchar Su verdad, el Espíritu Santo tiene que abrir tus ojos y tu corazón.  Él es el que te da hambre y sed de justicia.  ¿No es la obra del Espíritu motivarte a buscar la justicia, la piedad y lo bueno? La misericordia, la pureza de corazón y el procurar la paz son los resultados de la obra sobrenatural del Espíritu en tu interior.

Las bienaventuranzas que se mencionan al principio producen en ti la confianza en el Señor, el regocijo y el responder adecuadamente a los que te persiguen.  Jesús deliberadamente da esta instrucción al final de las bienaventuranzas.  Si tienes esta actitud en medio del sufrimiento eso demuestra cuánto te has conformado a la imagen de Cristo.  Considera lo siguiente: Si tú respondes de la misma manera que los que te persiguen y dices odiarlos tanto como ellos te odian a ti, ¿demuestras con eso que Cristo vive en ti? ¡De ninguna manera! Esto demuestra que tu carne te controla y que no te has conformado a Su imagen.  Esto revela que careces de todas las bienaventuranzas.  Haz memoria de la última vez que se burlaron de ti, si no reaccionaste bien, significa que necesitas madurar.  Sin embargo, si la última vez que se burlaron de ti, tú dijiste: “Sabes una cosa, lamento que pienses eso de mi.  Obviamente no estás listo para escuchar lo que te estoy diciendo.  Dios te bendiga”, y seguiste tu camino; esto demuestra que has sido y sigues conformándote a la imagen de Cristo.

El gozo es una obra sobrenatural que Dios hace en tu vida.  Es el resultado de tu amor y de tu fe en Él.  Te regocijas porque sabes que se trata de Él y porque crees en Él.  Es por eso que la gente te perseguirá.  Pero tú lo amas y sabes que es consecuencia del testimonio que das de Él.  Esto es exactamente lo que Pedro dijo acerca del sufrimiento en 1Pedro 1:6-8.  Él insta al pueblo a que se regocijen en su sufrimiento “se regocijan…aunque ahora…sean afligidos con diversas pruebas (tentaciones),  para que la prueba de la fe de ustedes, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo;  a quien sin haber visto, ustedes Lo aman, y a quien ahora no ven, pero creen en El, y se regocijan grandemente con gozo inefable y lleno de gloria”.  Pedro dice que porque amas y crees, te regocijas con gozo inefable.  El regocijar en medio de la persecución es el resultado de tu amor y tu fe en Él. Lo consideras un privilegio sufrir persecución por Su nombre.  ¿Por qué lo amas?  Lo amas por lo mucho que Él sufrió por ti y porque asumió tu pecado.  Los creyentes reconocen esto y lo consideran una bendición y un privilegio sufrir por Él.  Esta prueba de tu fe en medio del sufrimiento y la manera en la que respondes demuestran la sinceridad de tu fe y de tu amor.

Los discípulos son un gran ejemplo de cómo responder al sufrimiento. Ellos entendieron la razón del sufrimiento y la experimentaron.  El pasaje de Hechos 5:41 revela el resultado de la obra de Dios en el corazón de los discípulos.  Las autoridades de Jerusalén les ordenaron a estos hombres que no predicaran más en el nombre de Jesús.  ¿Qué hicieron ellos?  Salieron y continuaron predicando en Su nombre.  ¿Qué hicieron las autoridades?  Detuvieron a los discípulos, los llevaron ante el Sanedrín y los golpearon.  Luego les dijeron que no predicaran más en el nombre de Cristo.  Las Escrituras declaran que los discípulos “salieron de la presencia del Concilio (Sanedrín), regocijándose de que hubieran sido considerados dignos de sufrir afrenta por Su Nombre”. ¡Se regocijaron! ¿Por qué se regocijaron? Se regocijaron porque fueron dignos de sufrir afrenta por Su nombre.  Cuando te das cuenta de que Él sufrió afrenta por tu nombre… por ti, esto te lleva a poner tu fe en Cristo.  Te enamoras de Él y reconoces que es un privilegio sufrir por Él.  ¡Qué privilegio!  Los discípulos entendieron este privilegio.  ¿Lo entiendes tú? ¿Adoptas este privilegio?

Creo que puedo ilustrar este principio de una manera muy práctica, especialmente para los padres que han tenido hijos enfermos con una enfermedad pasajera o prolongada.  He estado con familias junto a la cabecera de sus hijos enfermos o moribundos por el cáncer.  ¿Sabes lo que normalmente me dicen estos padres?  “Si pudiera tomar el lugar de mi hijo, con mucho gusto aceptaría esta enfermedad”. ¿Por qué piensa así un padre?  Es por lo mucho que ama a su hijo.  Siempre estarás dispuesto a sufrir por los que amas.  Por lo tanto, si no estás dispuesto a sufrir por Cristo, me pregunto si realmente lo amas.  Si lo amas, no puedes guardar silencio con respecto a tu fe.  Habla de tu fe las veces que puedas.  Pero, tienes que estar preparado porque tendrás que sufrir.  Déjame darte otro ejemplo de este principio de amor y sufrimiento.  Los fundadores de nuestro país amaban y creían en la libertad.  ¿Qué estaban dispuestos a hacer por esta libertad? Al pie de la Declaración de la Independencia dice lo siguiente: “Nos prometemos mutuamente nuestras vidas, nuestras fortunas y nuestro honor sagrado”.  Si estudias la historia te darás cuenta de lo que sufrieron los signatarios de la Declaración de la Independencia.  Muchos de ellos perdieron sus vidas en la guerra revolucionaria; otros perdieron sus fortunas.  Sus casas fueron incendiadas y sus parientes asesinados. ¿Por qué firmaron?  Porque amaban la libertad y confiaban en ella.  Ten en cuenta que sufrirás y estarás dispuesto a sufrir solamente por aquello en lo que confías y que amas.  ¿Estás dispuesto a aplicar esta verdad en tu vida? ¿Sufrirás por Él?

Finalmente, quiero que consideres, ¿cuáles son los beneficios que recibes cuando sufres por Él?  Te daré brevemente cinco de estos beneficios.  El primero es el tema principal de las bienaventuranzas.  El tema de las bienaventuranzas es el carácter y la actitud que Dios quiere fomentar en tu corazón.  El sufrimiento forma el carácter.  En el libro de Romanos 5:3-4 Pablo instruye: “nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia (perseverancia);  y la paciencia (perseverancia), carácter probado; y el carácter probado, esperanza”.  La palabra, gloriamos,  es la misma palabra que se traduce regocijamos.  Aquí Pablo habla de lo mismo.  Les dice que deben saber lo que las pruebas producen en sus vidas.  La tribulación produce perseverancia, la perseverancia carácter y el carácter esperanza.  Por lo tanto, el carácter es el resultado de las tribulaciones en tu vida.  Sé que a nadie le gusta la tribulación.  A nadie le gusta el sufrimiento.  Pero cuando tienes que enfrentarlos, debes recordar esta verdad.  El sufrimiento y las pruebas te edifican o te amargan.  Algunos de ustedes están batallando la amargura que guardan por dentro por lo que han sufrido.  Si es así, eso quiere decir que la transformación del carácter que Dios tiene planeado para ti aún no se ha realizado.  Él quiere transformarte; quiere convertirte en una persona nueva.  Si reaccionas con amargura hacia Dios, no se forma ese carácter.  En lugar de eso debes decirle a Dios, “Señor, yo sé que Tú haces que todas las cosas cooperen para bien para los que te aman. Confiaré en ti durante esta prueba”.  ¿Qué sucede cuando te rindes de esta manera?  Tu carácter se forma; te conviertes en otra persona.  Sin embargo, esta obra se lleva a cabo solamente en la vida de aquellos que responden debidamente a la tribulación y al sufrimiento.

El segundo beneficio del sufrimiento es que comprueba que entrarás al reino de Dios.  En Mateo 5:10 Jesús dijo: “Bienaventurados aquéllos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos”. Si sufres por el bien de la justicia, si sufres por Su nombre, esto comprueba que vas en la dirección correcta.  ¡Vas hacia el reino!  Recuerda que lo contrario también es cierto.  Si nunca sufres por la justicia, me pregunto si realmente irás al reino.  En 2Tesalonicenses 1:4-5 Pablo se enorgullece de esa iglesia cuando dice: “nosotros mismos hablamos con orgullo de ustedes entre las iglesias de Dios, por su perseverancia (firmeza) y fe en medio de todas las persecuciones y aflicciones que soportan.  Esta es una señal evidente del justo juicio de Dios, para que sean considerados dignos del reino de Dios, por el cual en verdad están sufriendo”.  Su sufrimiento era una de las razones por las que Dios juzgaría al mundo, y también era el comprobante de que eran dignos de entrar al reino.  En 2Timoteo 2:12 Pablo dijo que si sufrimos por Él, “también reinaremos con El; Si Lo negamos, El también nos negará”.  Si no estás dispuesto a sufrir por Él, no esperes reinar con Él en Su reino.

El tercer beneficio del sufrimiento es que Cristo te recompensará por todo lo que has sufrido por Él.  En Mateo 5:12 Jesús dijo: “Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande”.  Yo creo que entre más sufres por Él, más grande será tu recompensa.  Las Escrituras claramente dicen que algunos recibirán una recompensa más grande.  A las víctimas de persecución que han padecido grandes sufrimientos les espera una magnífica recompensa.  Pablo estaba seguro de esto.  En 2Corintios 4:17 dijo: “Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación”.  Fíjate que Pablo considera su sufrimiento una aflicción leve y pasajera.  Cuando lees 2Corintios 11 donde él describe su sufrimiento te das cuenta de que no era nada leve y pasajero.  Él fue flagelado 5 veces.  En cada ocasión le dieron 39 azotes.  La mayoría de los hombres no sobrevivía una flagelación.  También fue golpeado con varas tres veces.  Estas varas eran de metal y las calentaban para golpear a las personas. Fue apedreado y lo dejaron por muerto.  Pablo dijo que estas eran aflicciones leves y pasajeras. ¿Por qué?  Porque él vio que no tenían comparación con lo que le esperaba.  Él tenía sus ojos fijos en la recompensa eterna que le esperaba.  ¿Tienes tú los ojos fijos en esa recompensa eterna?

El cuarto beneficio del sufrimiento es que andas en buena compañía.  ¿A qué compañía me refiero? Lee el final de Mateo 5:12, “porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes”. Si sufres por Cristo, andas en compañía de Isaías, Jeremías, Ezequiel, Amós y Daniel ¡Vaya! Esa es una muy buena compañía.  En la eternidad estos serán tus compañeros porque al final reinarás con Cristo.  En 1Pedro 5:9 Pedro dice: “sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en sus hermanos en todo el mundo”.  Recuerda que tienes una hermandad con otros santos que están sufriendo como tú.  No eres el único que está sufriendo.  Todo aquel que defiende a Cristo en este mundo sufre de la misma manera.

El quinto beneficio del sufrimiento es en realidad lo que te habilita para soportar ese sufrimiento.  ¿Quién te fortalece para soportar el sufrimiento? ¡El Espíritu de Dios!  En 1Pedro 4:14 dice: “Si ustedes son insultados por el nombre de Cristo, dichosos son, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre ustedes. Ciertamente, por ellos El es blasfemado, pero por ustedes es glorificado”. Fíjate que Pedro, al igual que Jesús, llama dichosos a aquellos que sufren.  Cuando padeces sufrimiento por el nombre de Jesucristo, el Espíritu Santo reposará sobre ti para que lo puedas soportar.  Por lo tanto, si amas a Cristo, toma partido por Él y habla a Su favor.  Háblales a aquellos que no lo conocen.  El Espíritu de Dios te habilitará para hablar y para soportar el sufrimiento que padecerás.  Muchas personas me han contado cómo Dios les ayudo a dar testimonio de Cristo.  Me dicen: “Tenía tanto miedo.  Estaba tan nervioso y de repente sentí el Espíritu de Dios y hablé y comencé a compartir mi fe.  Diferentes temas me vinieron a la mente.  Comencé a platicar sobre lo mucho que amo al Señor y cómo Él ha cambiado mi vida.  Salí de ese lugar lleno del Espíritu Santo.”  ¿Alguna vez has sentido ese poder?  Si no lo has sentido, te estás perdiendo un gozo tremendo.  Cuando vamos al muelle de Pismo Beach a compartir nuestra fe los martes por la noche, siempre estoy muy cansado y por lo general digo la siguiente oración: “Señor, ayúdame porque estoy cansado.  He tenido un día muy largo.  Necesito tu Espíritu Santo”. Para cuando voy de regreso a casa estoy lleno del Espíritu de Dios.  ¿Por qué tengo ese resultado? Porque cuando uno comparte su fe, está haciendo algo piadoso.

Si alguien te responde a gritos, es duro pero el Espíritu de Dios reposará sobre ti y te habilitará para lidiar con la burla y la injuria de alguien.  Entonces, a menos que estés dispuesto a salir de tu elemento y a elevar la vara, nunca experimentarás lo que te acabo de mencionar.  Cuando veas una oportunidad para compartir tu fe, pídele al Señor que te llene de Su Espíritu para que digas algo que lo glorifique a Él y a Su verdad.  Estos son los beneficios que recibirás cuando tomes partido por Él y sufras por Su nombre. Amén

Vamos a Él en oración.  Padre, te pedimos que hagas tu obra sobrenatural en cada una de nuestras vidas.  Toma cada una de estas bienaventuranzas y aplícalas en nuestras vidas.  Danos la pobreza de espíritu para que reconozcamos que no tenemos nada que darte.  Dirígenos a que lamentemos nuestros pecados.  Ayúdanos a recibir tu verdad con mansedumbre.  Danos hambre y sed de justicia y el deseo de conocerte mejor.  Señor, haznos hombres y mujeres compasivos.  Danos un corazón puro a tus ojos.  Haznos gente que procura la paz en este mundo hostil.  Y danos la buena disposición para sufrir en tu nombre.  Habilítanos para proclamar tu palabra, hablar de tu amor y a tomar partido por la justicia en este mundo injusto.  Te pido que esta semana les des a todos aquí una oportunidad de hablar con otras personas y de compartir su fe.  Señor, ayúdanos a no quedarnos callados.  Ayúdanos a ser testigos osados para realmente ser la sal y la luz del mundo.  Creemos que lo harás porque te lo pedimos en el nombre de Jesús.

Si no conoces a Cristo o si no estás seguro si eres cristiano o no, no quiero que pierdas esta oportunidad de permitir que Cristo venga y tome control de tu vida.  Si reconoces que eres un pecador, sabes que has quebrantado la ley de Dios, pídele perdón.  Eso es todo lo que tienes que hacer, reconocer tu pecado, pedirle perdón e invitar a Cristo a que venga y tome control de tu vida.  Si quieres hacer eso, quiero que ores conmigo en este momento.  Dile, “Señor, perdóname.  Reconozco mi pecado.  He quebrantado tu ley.  Jesús, ven y toma control de mi vida.  Quiero seguirte.  Quiero ser la sal.  Quiero ser la luz.  Cámbiame.  En el nombre de Cristo.

Si oraste conmigo, envíame un correo electrónico al This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. para poder enviarte información adicional para los recién conversos.  Dios te bendiga.