¿QUÉ APAGA EL AMOR EN TU MATRIMONIO?

Qué tal está tu amor por tu cónyuge? ¿Se encuentra bien? ¿Está floreciendo? ¿Aún tienes aquella pasión que antes ardía en tu corazón? ¿O es que, poco a poco, se ha enfriado? ¿Se apagó el amor?

En la Biblia se habla del amor en el matrimonio como un fuego. Así es como en Cantar de Cantares, la sulamita describe el amor entre ella y su esposo. Dice, "Porque fuerte es como la muerte el amor; duros como el Seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama." (Cantares 8: 6). El amor de la sulamita hacia Salomón era como llama de fuego en su corazón . Ella comparó su amor con las dos fuerzas más potentes que conocía: el poder de la muerte, y el poder del fuego. Ambas ilustraciones captan la fuerza y la pasión del amor matrimonial.

Primero, consideremos el paralelo entre la fuerza del amor y la fuerza de la muerte. Son semejantes porque la muerte es poderosa; consume todo. La muerte se lleva a todos, tarde o temprano. La muerte nunca se da por vencida.  Este mismo amor fue demostrado por Cristo. Él te amó hasta la muerte. Por su amor tan apasionado, se sacrificó en la Cruz. Su amor es tenaz. Él te persigue aún. En este momento, sus ojos contemplan toda la tierra, buscando corazones entregados y dispuestos a obedecerle, para mostrar su poder a favor de ellos (2 Crónicas 16:9). ¿Está dispuesto tu corazón? Dios quiere darte de su amor fuerte y persistente para amar a tu cónyuge con un amor totalmente entregado.

Consideremos ahora la otra ilustración del amor como llama de fuego ardiendo en el alma. En la Biblia, la salvación se describe como "antorcha encendida" (Isaías 62:1). La salvación es, primeramente, una relación de amor entre tú y Dios. El Gran Mandamiento declara, "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente" (Mateo 22:37). Tu corazón empieza a ser como una antorcha que arde con el fuego del amor de Dios. Esto es aun más interesante al pensar que Dios te llama a ser luz en el mundo.   El amor de Cristo es la luz que el mundo está buscando. Su amor en ti es lo que te hace resplandecer. Jesús llamó a Juan el Bautista "antorcha que ardía y alumbraba" (Juan 5:35). ¿Por qué ? Porque Juan tenía un amor intenso y apasionado por Dios.

Las dos ilustraciones muestran cómo el amor en tu matrimonio se apaga, pero la ilustración del fuego es la más importante. Tú has estado junto a una fogata o alguna llama de fuego, y sabes muy bien cómo es que se apaga el fuego. Sucede de dos maneras:

Puedes apagar el fuego por no hacer nada. Si no vigilas el fuego, echándole más leña cuando la necesite, ¿qué sucede? Poco a poco, se apaga el fuego. Así pasa también con tu matrimonio. Por ser indiferente, por no mostrar cariño y atención en forma concreta, seguramente apagarás el amor en tu matrimonio. Tu cónyuge verá tu falta de acción y se formará la idea de que no te interesa.

Si quieres que se apague el amor en tu matrimonio, entonces no hagas nada. Dentro de muy poco, se apagará solo. Muchas parejas simplemente no ponen la atención necesaria para que su amor siga floreciendo. ¿De qué manera? Bueno, ¿reconoces el trabajo de tu cónyuge? ¿Sus logros? ¿Le muestras gratitud cuando trata de agradarte? ¿Has dejado de orar regularmente con, y por, tu cónyuge? ¿Cuándo fue la última vez que salieron juntos? ¿Y cuándo fue la última vez que le diste un regalo, o hiciste algo especial por tu cónyuge, sin que fuera su cumpleaños u otro día especial? Cada una de estas acciones echa más leña al fuego de su amor. Pero si no estás cuidando estas áreas, el fuego poco a poco se apagará.

Cada caso de olvidar una acción de amor representa flojera en tu matrimonio. Pero Dios te anima a amar de otra manera: " Ámense los unos a los otros con amor fraternal...en lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor" (Romanos 12:10-11).

"Ferviente en espíritu" significa lo mismo que "hirviendo": es un espíritu ardiente. Este tipo de amor está tan ardiente que empieza a hervir con el deseo de servir a Dios: muy distinto a la flojera o la falta de diligencia.

Si Dios nos exhorta a ser diligentes y no faltar en amor hacia nuestros hermanos, ¡cuánto más necesitas amar así a tu cónyuge! ¿Le estás mostrando la bondad y el afecto que debieras? Si en verdad lo estás haciendo, el fuego del amor en tu matrimonio jamás se apagará, sino que arderá cada vez más intensamente con cada día que pasa.

Pero aparte de la inacción o la indiferencia, existe además otra forma de apagar un fuego. Lo que haces a propósito también apagará el fuego. Si echas agua en el fuego, se apagará. ¿Qué haces a propósito que puede apagar el fuego en tu matrimonio? ¿Usas palabras abusivas? ¿Criticas a tu cónyuge? ¿Haces burla de tu cónyuge? ¿Lastimas físicamente a tu cónyuge? ¿Le has negado relaciones sexuales para castigar su falta de atención hacia ti? ¿Actúas o hablas ásperamente? ¿Se te ha visto coqueteando con alguna persona? ¿Has quebrantado tu promesa de fidelidad (adulterio)? Todas estas acciones seguramente apagarán el fuego del amor.

El apóstol Pablo enseñó que el hacer mal a otros apaga (es decir, aleja y entristece) al Espíritu Santo en nuestra vida. Nos exhorta, "Miren que ninguno pague a otro mal por mal ...no apaguen al Espíritu... absténganse de toda especie de mal." Un mal que haces a cualquiera persona, apaga al Espíritu Santo en tu vida porque esto es pecado: y causa dolor al corazón de Dios. De la misma manera, esas acciones causan dolor a tu cónyuge, y apagan el amor entre ustedes. Lee todo el contexto de 1 Tesalonicenses 5:15-22.

Empieza a cambiar hoy mismo. No esperes más. Tu matrimonio soportará la negligencia y el abuso sólo hasta cierto punto. No puedes echar agua al fuego para siempre; llegará el momento en que el fuego se apagará. Aviva el fuego; junta las brasas: toma la acción que Dios manda.

Ya no debe ser un misterio cuando se apaga el amor en un matrimonio. Es cosa sencilla: o es que (1) no lo mantienes vivo, o (2) continúas con las acciones (pecado) que apagan el fuego. Y cuando estas faltas siguen sin corregirse en el matrimonio, causan distanciamiento. Poco a poco, el amor muere..

Algunas parejas utilizan ambas formas de apagar el amor. No hacen nada para mantener el fuego de su amor, y constantemente echan agua sobre lo poquito que queda. ¡Tal matrimonio no puede durar! ¿Cómo puedes parar esta avalancha de enfriamiento y alejamiento? ¡Sigue leyendo!

¿Qué aviva el amor entre ustedes?

Muchas veces me preguntan, "¿Aún hay esperanzas de poder avivar el amor que antes teníamos?" Dudan que se pueda restaurar el fuego de su matrimonio. Piensan que demasiadas cosas han pasado que no pueden ser cambiadas. Pero la verdad es que, si estás haciendo estas preguntas, ¡ya estás en el camino hacia un cambio! Sí: hay algo que tú puedes hacer. Sí existe esperanza. ¿Pero qué puedes hacer?

1. Vuelve a tu primer amor con Cristo.   Jamás he visto un matrimonio en dificultades en donde ambos individuos no tengan necesidad de una renovación espiritual. Donde existen conflictos no solucionados, ahí existe el rencor. Donde existe el rencor, no ha entrado el perdón. Si no ha entrado el perdón, hay un corazón duro. Con actitudes como éstas, ¡claro que tu relación con Dios prácticamente no existe! No puedes decir que amas a Dios, y al mismo tiempo odiar a tu cónyuge (1 Juan 4:20). La dureza de tu corazón hacia tu cónyuge, mete un estorbo en tu relación con Dios, lo cual destruye toda posibilidad de lograr un cambio definitivo. Jesús dijo, "separados de mí, nada pueden hacer" (Juan 15:5). Si en verdad quieres avivar el amor con tu cónyuge, necesitas volver a tu primer amor con Cristo (Apoc. 2:4-5). Dios es amor (1 Juan 4:7-8). ¡El es la fuente del amor! No puedes dar lo que no tienes; necesitas que él te dé el amor que falta en tu matrimonio. Primero, reconcíliate con él en cuanto a esos resentimientos que tienes en tu corazón. Pide su perdón por la dureza de tu corazón y por el rencor que has guardado contra tu cónyuge.

Andando en reconciliación con Dios, sentirás el poder de su amor obrando en ti. Entonces tendrás el poder para poner en acción lo que Dios pide de ti. Acuérdate, "Dios es el que en ti produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2:13). Necesitas estar en relación correcta con Dios para recibir el poder necesario para una relación correcta con tu cónyuge. Los pasos que tienes que tomar no son fáciles. Es más: son imposibles, si tienes un corazon resentido. Necesitas poder decir con confianza, "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13). Si tu corazón está bien con Dios, ¡él te fortalecerá para hacer todo lo que él te pide!

Ahora: una palabra para ti si no has recibido en tu vida, en forma individual, a Cristo como tu Salvador. Entonces este asunto es vital para ti. Tal vez no te des cuenta, pero esto constituye el problema central de tu matrimonio. Sin Cristo, nadie puede ser el esposo o la esposa que Dios quiere que sea. El amor que necesitas para resolver cada uno de los demás problemas matrimoniales, es el amor de Dios: y sólo él te lo da. Si tratas de amar a tu cónyuge con tu propio amor y en tu propia fuerza, siempre resultará insuficiente. Los problemas actuales de tu matrimonio ilustran esta verdad. Si ahora ves que este es el problema central, tienes que cambiar. Humíllate ahora mismo ante Dios, y háblale. Pídele su perdón, y pídele que venga a tu corazón. Pídele que tome control de tu vida y de tu matrimonio, que te llene con su Espíritu, haciéndote así el hombre o la mujer que él quiere que seas.

2. Ahora, ve a tu cónyuge, y comienza ahora a llevar a cabo la reconciliación en las áreas de conflicto que hasta ahora les estorban. ¿Con quién empiezas? ¡Contigo! Jesús dijo, "saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano" (Mateo 7:5). Él dice que esto debe ser la prioridad de todos los que buscan reconciliación con otra persona.

Si ya quieres poner las cosas en orden, haz lo siguiente: toma un papel y apunta tus faltas en tu matrimonio. Tienes que ser transparente contigo y con Dios. ¿Qué has hecho que ha ofendido a tu cónyuge? ¿En qué aspectos no has obedecido la palabra de Dios? ¿Hay algo que no has hecho, que muchas veces se te ha pedido hacer?

Ya que hayas identificado tus faltas, ve y pide perdón de tu cónyuge por esas faltas. No empieces señalando las faltas de tu cónyuge; confiesa lo tuyo (Santiago 5:16).   Esto normalmente ablanda el corazón del otro, ayudando a estimular una respuesta parecida en tu cónyuge, para que identifique también sus faltas. Si esto no sucede, anímale amablemente a considerar sus propias faltas, examinándose como lo has hecho tú. Debes aclarar que quieres cambiar el rumbo del matrimonio, y que solamente solucionando estas áreas de conflicto podrán ver el amor florecer nuevamente.

En el proceso de reconciliación, puede haber necesidad de orientación de su pastor. Es porque, en muchos casos, una tercera persona puede ver la situación con más claridad y, por lo mismo, ofrecer mejor consejo para ustedes particularmente.

3. Comienza a estimular a tu cónyuge al amor, por medio de acciones definidas para bien. El apóstol Pablo exhortó, "considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras" (Hebreos 10:24). Es más facil que nos estimulemos unos a otros al enojo y a las malas obras; para estimular a tu cónyuge al amor requiere el poder de Dios. Se necesita el amor de Dios reinando en tu corazón para poder sujetar tus motivos egoístas. Normalmente, el amor nos estimula a amar: empezamos a responder al amor, con amor. Si alguna vez alguien te ha hecho algo bello sin que tú lo esperaras, cómo te sentiste? ¿No te hizo querer hacer algo bello por esa persona en respuesta por su bondad?

El amor estimula a otros a amar, y soluciona el problema de la falta de acción. La palabra "estimular" significa "animar, avivar".   Cada acción de amar es como si echaras combustible al fuego. Entre más acciones definidas de amor haya, más arde el fuego del amor. Naturalmente, ustedes dos se sentirán atraídos por el calor de ese amor, y naturalmente se acercará el uno al otro más y más.

4. Deja las acciones malas que has estado haciendo. Si quieres que se avive el fuego del amor, tienes que dejar de echarle agua a las llamas. ¡Esto demostrará a tu cónyuge que hablas en serio! Es indiscutible que, donde existe un verdadero arrepentimiento en el corazón, siempre se demuestra en cambios definitivos en el rumbo de tu vida. Si estás haciendo cualquiera cosa contraria a la palabra de Dios, tienes que abandonar esa cosa. Tienes que cambiar tu egoísmo en sentido opuesto. Pablo dijo que debemos hacer "obras dignas de arrepentimiento" (Hechos 26:20).

Esto significa dejar el abuso de tu cónyuge, ya sea físico o verbal. Pídele a Dios la fuerza para controlar esa ira explosiva. Comienza a tener relaciones sexuales con regularidad. Si existe una relación adúltera, abandónala hoy. ¡Eso es lo que significa el verdadero arrepentimiento!

5. Procura hacer mantenimiento preventivo diariamente. A veces las parejas empiezan a resolver sus conflictos, pero uno o el otro vuelve a las costumbres de antes. Esto apaga el amor entre ellos, y comienza otra vez el proceso de enfriamiento. Tienes que guardar contra esto con todo tu corazón.

Así como mantienes un buen fuego mediante vigilancia y atención, también así tienes que ser diligente, mostrando afecto y consideración. Es un trabajo de todos los días. Pero el amor es así: ¡se esfuerza! Pablo lo llamó "el trabajo de amor" (1 Tes.1:3).

Si amas a tu cónyuge, vas a invertir tiempo y esfuerzo para profundizar su relación. Dios te ama mucho, y él ha estado obrando mucho tiempo para que tú llegues a él. Lo que sufrió Jesús en la Cruz fue un trabajo de amor. Su trabajo de amor es también de todos los días: diariamente te colma de beneficios (Salmo 68:19). Y esto es exactamente lo que él quiere que hagas con tu cónyuge. ¡Echa cada día más combustible al fuego de tu amor! Cada día resuelvan los conflictos de ese día. ¡Demuestra hoy tu amor!

 

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There are two things you need to know once you’ve asked Jesus to take over your life. First, you need to understand what has just happened to you. Second, you need to know what the next steps you should take to begin growing in your Christian walk.

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