¿CUÁL ES EL LLAMAMIENTO DE DIOS PARA TI COMO ESPOSO?

 

Una de las más apremiantes necesidades de la familia de hoy es que los hombres se ubiquen en su vocación como esposos, de acuerdo con el diseño de Dios. Como el hombre de tu hogar, se te ha confiado la vida de otra persona--la de tu esposa-- y por lo consiguiente, te interesa mucho ser fiel a esa vocación.

¿Te has preguntado acerca de cuál sería el diseño de Dios en cuanto a tu vocación como esposo? ¿Sabes cuáles son tus responsabilidades como esposo, y cómo cumplir con ellas? ¿Sabes, en lo práctico, lo que significa ser la cabeza de tu hogar? Queremos contestar estas preguntas en este artículo.

Con todas las opiniones acerca del matrimonio que existen hoy, ¿cómo podrás estar seguro de que estás actuando correctamente, cumpliendo con el llamamiento de Dios para ti como marido? ¿Existe algún modelo que tú puedes seguir para estar seguro de que tu vida cumple con el plan de Dios? Sí--existe el modelo que tú puedes seguir, alguien que para siempre será modelo de lo que todo hombre debe ser: ¡Jesucristo! El apóstol Pablo señala esta norma para los hombres cuando escribe, “Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella...” (Efesios 5:25). En esta frase Pablo nos muestra cuál es el ejemplo absoluto de cómo amar a nuestras esposas. Así es que este amor define tu vocación ante Dios. Ama a tu esposa como Cristo amó; no solamente con palabras, sino entregándote en forma sacrificial como Cristo lo hizo por ti.

Antes de explicar en términos prácticos cómo uno puede seguir el ejemplo de Cristo, quiero anticipar una duda que habrá en la mente de algunos. Cuando explico a los hombres que Jesús tiene que ser su ejemplo, muchas me preguntan, “¿Cómo podré amar a mi esposa como Jesucristo ama? Yo soy hombre nada más; ¿cómo quiere Dios que yo haga lo que él hizo?” Aunque sí es cierto que eres hombre nada más, existe algo más. Debes tener en cuenta que, si eres cristiano, eres un hombre capacitado por el poderoso Espíritu de Dios. Siendo así, Dios te ha dado su Espíritu abundantemente para realizar una obra sobrenatural en tu vida. Dios tiene el poder para transformarte completamente, “conforme a la imagen de su Hijo...” (Romanos 8:29). Este poder es lo que te capacita para amar a tu esposa como Cristo la ama. Ten por cierto que, lo que Dios te manda a hacer, también te da el poder para hacerlo.

Sin embargo, este plan de Dios para conformarte a la imagen de su Hijo puede llevarse a cabo solamente si te rindes enteramente a su Espíritu. El apóstol Pablo explica a los cristianos en Corinto cómo ocurre esta transformación: “Nosotros todos, mirando...la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria a la misma imagen...por el Espíritu del Señor” (2 Cor.3:18). Así es: la obra transformadora del Espíritu Santo es lo que te conforma a la imagen de Cristo. De esta manera tu Padre celestial te ayuda a realizar la vocación de marido que tienes de parte de él. El método de Dios es primero transformarte a ti como persona, y entonces se transformará tu matrimonio como resultado natural.

La cuestión que necesitas resolver es: ¿estás dispuesto a permitir que el Espíritu de Dios te transforme, o le vas a resistir a cada paso del camino? ¿Te has rendido a Cristo para que él comience a trabajar en ti? Si quieres que tu matrimonio marche en armonía con el propósito de Dios, tienes que comenzar entregando tu vida completamente al Padre. Esta decisión no es solamente de una vez, sino de continuo. El apóstol Pablo nos dice que el proceso de transformar y renovar al hombre es “de día en día” (2 Corintios 4:16). Si ya estás buscando a Dios cada día para la transformación y renovación de tu corazón, comienza entonces a pedirle que te muestre específicamente cómo y en dónde te quiere cambiar para que tú puedas seguir más perfectamente el ejemplo de Cristo. Jesús dijo, “Porque ejemplo les he dado, para que como yo les he hecho, ustedes también hagan” (Juan 13:15). Entonces, vamos a examinar la vida de Jesucristo. Déjale hablarte a través de estas palabras; permítele traer convicción y el deseo de ser cambiado.

¿Cómo puede ser Jesucristo un ejemplo para ti como esposo?

1. Estaba bajo la autoridad de Dios. Jesús declaró que su voluntad era estar bajo la autoridad del Padre cuando dijo, “No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.” (Juan 5:30). Jesús era hombre que se sometía continuamente al Padre, para servirle y cumplir los propósitos y planes del Padre; no estaba aquí para cumplir sus propios deseos. Su entrega total durante toda su vida fue la clave de su vida y su ejemplo. Jesús nos demostró que un hombre, para realizar el propósito y diseño de Dios para su vida, tiene que estar primeramente sometido a una autoridad más alta. La gente seguía a Jesús porque podía ver que él no tenía ambición propia. Jesús hablaba las palabras del Padre, no las suyas propias. Él sirvió a otros, no a sí mismo.

De la misma manera, si quieres que tu esposa siga tu liderazgo, ella necesita ver primero que tú eres un hombre bajo la autoridad de Dios. ¿Ve tu esposa que tu vida personal está bajo el control del Padre? ¿Es la base de tus decisiones la palabra de Dios y la voluntad de Dios? ¿O es que ella ve a un hombre que toma decisiones basadas en sus propios intereses? ¿Demuestras el deseo de no conformarte al mundo, o te muestras ser un hombre que desea más las cosas materiales que a Dios y su reino? Antes de que el apóstol Pablo enseñara sobre las responsabilidades en la relación entre los maridos y sus esposas, primero puso la base esencial: reverencia para la autoridad de Dios. Señala que el fundamento es “Sométanse unos a otros en el temor de Dios” (Efesios 5:21). ¿Estás sometiéndote sinceramente a Dios, y le sirves con temor reverencial? Tu esposa someterá su voluntad a la tuya y seguirá tu liderazgo en el hogar, solamente si ve esto.

2. Jesucristo era líder espiritual. Jesucristo tomó la responsabilidad de proveer la salvación para el mundo entero. Vino a pagar la sentencia por el pecado del hombre y abrir el camino a la comunión con el Padre. Cristo no esperó hasta que el mundo se diera cuenta de su necesidad de él; él tomó el primer paso: él inició el contacto con el hombre y proclamó la salvación. Él fue delante de nosotros en la salvación, en su muerte y resurrección.

Como esposo, tú eres llamado también a tomar el liderazgo espiritual en tu familia. Pablo explica a los maridos que Jesús se entregó a sí mismo por su iglesia “para santificarle, habiéndola purificado por el lavamiento del agua por la palabra” (Efesios 5:25,26). He aquí tu ejemplo. Cuando Cristo vino a proclamar la palabra de Dios, estaba santificando, apartando para sí mismo su pueblo para una relación personal con él. ¿Estás siguiendo este ejemplo? ¿Estás apartando a tu familia para él? Es tu hogar distinto de cualquier otro hogar, a causa de tu influencia ahí?

¿Cómo puedes seguir el ejemplo de Cristo en el liderazgo espiritual, y así santificar a tu esposa y familia? Primero, necesitas tener una pasión propia por las cosas de Dios, especialmente por la palabra de Dios. Acuérdate que Jesús santificó a la iglesia con su palabra. No obstante, antes de poder ministrar la palabra a tu familia, tú tienes que ser estudioso de las Escrituras, permitiendo que la palabra de Dios te santifique a ti. Al grado que tú te sometes a la palabra de Dios, la autoridad espiritual fluye naturalmente de tu vida: cuando tú te sujetas a la instrucción de Dios, estás bajo su autoridad. Así será cosa muy natural que tú inicies la conversación sobre temas espirituales con tu esposa y tus hijos. Como Dios te muestra cosas en su palabra, puedes compartir esas cosas con tu esposa; asimismo puedes preguntarle acerca de lo que ella está aprendiendo en la palabra en su estudio personal. Haciendo esto, la comunión entre ustedes dos florecerá. También puedes santificar a tu esposa orando por ella y orando junto con ella. En Santiago 5:16 nos dice que “la oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). ¿Crees esto? Si lo crees, haz que tu esposa sea tu “socio” en oración. Orando juntos uno por el otro y por los demás, vendrá a ser realidad aquella unión que Dios desea para tu matrimonio.

Asimismo debes tomar la iniciativa en el liderazgo espirtual de tus hijos. En la noche antes de dormir, debes orar con ellos lo más frecuente posible. De la misma manera, debes tener un devocional con ellos varias veces por semana. Si quieres impartir a tus hijos la idea de que la palabra de Dios es importante, ellos tendrán que ver que la consideras de suficiente importancia como para comunicarla a ellos. Cuando hay reuniones de la iglesia, tú debes ser quien inicia y organiza las preparaciones para asistir como familia. Tomando el liderazgo de esta manera, no solamente serás un ejemplo de Cristo; podrás ser utilizado para infundir una pasión por Cristo en los corazones de tu familia.

3. Jesús buscaba compañerismo y comunión.   También Jesús era ejemplo porque buscaba compañerismo y comunión con la gente. Jesús declaró que vino “a buscar y a salvar” a hombres y mujeres perdidos (Lucas 19:10). Primero buscó a doce discípulos para estar con ellos como ejemplo y maestro. Jesús los llamó “mis amigos” y fueron sus compañeros durante más de tres años (Juan 15:14). Pero Jesús tenía en mente a más de doce cuando habló de sus amigos. Estaba pensando en todos aquellos que pondrían su confianza en él a causa de la predicación de los discípulos. El propósito fundamental de la salvación es la comunión y amistad con Dios. El apóstol Pablo dijo que hemos sido “llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Corintios 1:9).

De la misma manera, la comunión y la amistad con tu esposa forman el propósito más fundamental de tu matrimonio. La palabra de Dios nos dice que “ella es tu compañera” (Malaquías 2:14). La palabra hebrea que aquí se traduce “compañera” significa literalmente “estar entretejido con alguien”. La amistad que tienes con tu esposa debe ser la amistad más importante de tu vida, y el compañerismo que ella te ofrece debe ser el que más buscas. En el Antiguo Testamento, la sulamita dice acerca de Salomón, “Tal es mi amado, tal es mi amigo” (Cantares 5:16). Marido: ¿estás siguiendo el ejemplo de Cristo, buscando amistad y compañerismo con tu esposa? ¿Y cómo lo vas a hacer?

Para comenzar, busca la forma de pasar tiempo juntos, ustedes dos sólos. Antes de casarse, procurabas pasar tiempo juntos, ustedes sólos. Y lo procurabas con diligencia, aún dejando otros asuntos pendientes. Muchos hombres me han dicho, “Pero es que ya no nos da tiempo para estar juntos.” El tiempo que necesitan nunca aparecerá sólo; ustedes necesitan hacer el tiempo. Esto significa que vas a ordenar tus prioridades, dando el primer lugar a tu esposa, aunque otras cosas queden pendientes. Siempre encuentras el tiempo para hacer las cosas que en verdad tú quieres hacer. Entonces la preguntas es: ¿Ves esto como un ingrediente indispensable para tu matrimonio? ¿Consideras a tu esposa como la prioridad número uno de tu vida? Si así piensas, vas a hacer el tiempo para que el compañerismo y la amistad entre ustedes dos crezca y florezca nuevamente. Tú eres el líder; tú tienes que tomar la iniciativa y actuar.

4. Jesús era buen comunicador. Jesús explicó cómo actuar con un amigo y compañero: “Ya no les llamaré siervos...les he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, se las he dado a conocer a ustedes” (Juan 15:15). Así Jesús mostró que a un verdadero amigo o compañero se le comunica todo lo que está en el corazón. Vemos en la Biblia que Jesús hizo eso mismo: comunicó a los discípulos todo lo que el Padre le había dado, porque les amó y consideraba su relación con ellos como algo precioso.

He observado con frecuencia que los hombres se justifican por no aprender a comunicarse con sus esposas como ellas quisieran. Se han formado la idea de que, si no son buenos comunicadores, nunca podrán cambiar; pero en realidad, sí es posible aprender a comunicarse bien. Todos los hombres pueden llegar a ser excelentes comunicadores si en verdad lo quieren, y si están dispuestos a pedirle ayuda del Gran Comunicador. Pablo dijo, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil.4:13). Hombre, tú sí puedes llegar a ser el comunicador eficaz que tu esposa anhela, si permites que Cristo te enseñe y te fortalezca. Si eres una persona a quien le cuesta mucho expresarse, existen unas formas para cambiar eso:

Primero, reconoce que es el deseo de Dios que tú seas más efectivo en la comunicación con tu esposa, ya que esto refleja el corazón de Cristo. Luego, pide la ayuda y la motivación de Dios. Él quiere producir en ti “así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13). Diariamente, aparta tiempo para la comunicación con tu esposa. Recuerda: tienes que hacer el tiempo, o nunca lo llevarás a cabo. Por ejemplo, cuando llegas a casa, antes de encender la T.V. o hacer alguna actividad, inicia una conversación con tu esposa. Siéntate en la cocina mientras ella trabaja, o donde esté, y pregúntale cómo estuvo su día. Luego, platícale cómo estuvo tu día. Platica con ella acerca de lo que están viendo y aprendiendo en su tiempo devocional. Platica con ella los planes para el día siguiente o el fin de semana. Platica con ella sobre las dificultades que se hayan presentado ese día con tus hijos. Si el hacer todo esto no es propio en ese momento, espera entonces hasta después de cenar. Pero asegúrate de hacerlo antes de seguir con “tus” cosas. Sé un buen compañero: toma la iniciativa y comunica.

También es importante lo que comunicas cuando están juntos. Toma el tiempo diariamente para comunicar tu amor a tu esposa. Jesús no sintió vergüenza de decir a sus discípulos que les amaba. Él dijo, “Como el Padre me ha amado, así yo les he amado a ustedes...” (Juan 15:9). ¿Cuándo fue la última vez que tomaste a tu esposa en tus brazos y le dijiste cuánto le amas y cuán preciada es para ti? Si no expresas tu amor verbalmente, ¿no le estás comunicando que ella ahora es de muy poca importancia para ti? Cuando no haces tiempo para estar juntos solos para cimentar su compañerismo, le comunicas a tu esposa que tu relación con ella ya no te importa como antes cuando eran novios. Renueva tu interés en ella, y restaurarás la emoción de estar juntos.

Cuando has determinado que tu esposa será tu compañera, y estás haciendo tiempo para estar juntos, mejorará la comunicación entre ustedes como resultado natural. Los obstáculos que se presentan son aquellas otras prioridades que se meten en primer lugar. ¿Es tu esposa tu primera prioridad?

5. Jesús servía a los demás. Cuando Jesús se humilló para lavar los pies de sus discípulos, estaba tomando el lugar de un esclavo. Así demostraba, de la manera más visual, lo que significa ser su discípulo. Jesús dijo que no vino “para ser servido, sino para servir...” (Marcos 10:45). ¡Esto manifiesta el corazón de Cristo!

Sin embargo, muchos hombres se esquivan cuando llegan a este punto, el de tomar el lugar de un sirviente en sus hogares. Ellos me dicen, “Yo soy la cabeza del hogar y mi esposa es mi ayuda idónea; ¿no debe ser ella quien se pone a servir?” No: esa actitud no refleja el corazón de Jesucristo. En realidad, los dos deben servir el uno al otro. Pablo dijo a todos los creyentes “Sírvanse por amor los unos a los otros” (Gálatas 5:13). Así es que tú, como cabeza de tu hogar, eres quien principalmente sirve a los demás.

Servir a tu esposa es amarle, demostrándolo concretamente en cosas tales como: tomar parte en el quehacer cuando ella necesita descansar, cuidar a los niños para que ella haga una visita o un mandado, preparar la comida cuando ella está enferma. Utilizo estos ejemplos porque escucho tanto las quejas de las esposa cuyos maridos rehusan ayudar en estas cosas. ¿Y tú? ¿Cuál ejemplo sigues tú? ¿Estás siguiendo el ejemplo de Cristo en tu hogar?

6. Jesús comprendía a los demás. En cada palabra, cada acción de Jesús, es evidente que él comprendía todo. La Biblia nos dice que porque él se hizo hombre, puede “compadecerse de nuestras debilidades” ya que él “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). “Compadecerse” significa “padecer junto con alguien”; o sea, sentir lo siente, y mostrar compasión. Jesús entiende todas las luchas y debilidades que tenemos como humanos, y se compadece de nosotros.

La palabra de Dios también anima a los maridos a que tengan comprensión hacia sus esposas. Pedro dijo, “Ustedes, maridos, igualmente, vivan con ellas sabiamente” (1 Pedro 3:7). “Sabiamente” significa “saber algo por investigación”.   En otras palabras, si vas a seguir el ejemplo de Cristo, y obedecer este mandamiento, tienes que estudiar a tu esposa y aprender a conocerle. Si haces esto, ganarás muchísimo entendimiento de ella para tratar con ella diariamente.

¿Cómo puedes comenzar? Desde luego, comprender a tu esposa es un proyecto de toda la vida, que resulta de mucho tiempo y esfuerzo invertidos para desarrollar una comunicación abierta y confiada, y un compañerismo íntimo, todo entretejido con las cosas ordinarias de la vida cotidiana. Tú tienes que interesarte lo suficiente como para inquirir e investigar cómo le va espiritualmente, en qué consisten sus luchas personales, cuáles son sus temores, y cómo puedes tú apoyarle mejor. Esto requiere que tú le escuches activamente, poniendo atención y meditando en lo que ella te dice, tomando estas cosas en cuenta para tomarlas en cuenta en el futuro. Así sabrás qué es lo que le gusta, qué necesita de ti, de Dios, y de otros--y sabrás qué hacer por ella.

Algunos hombres me han dicho, “Pero de plano no la entiendo: qué siente, y por qué lo siente”. ¿Has pensado o dicho esto alguna vez? Si es así, tú necesitas poner manos a la obra; ponte a investigar, preguntar, y escuchar para lograr un mejor entendimiento de ella. Estoy absolutamente convencido de que tú sí puedes entender a tu esposa. ¿Por qué? Porque el apóstol Juan dijo esto: “...pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para concer al que es verdadero...” (1 Juan 5:20). Si Dios pudo abrir tu corazón para conocerle, quitando las barreras y tus conceptos equivocados acerca de Jesús, seguramente puede abrir tu corazón para conocer y entender a tu esposa. Solamente necesitas pedirle a Dios que te ayude. Los discípulos no entendieron algunas cosas que el Señor les dijo porque “tenían miedo de preguntarle” (Marcos 9:32). No permitas que el orgullo o el temor te detengan de pedir a Dios un corazón que entiende a tu esposa. Salomón pidió un “corazón entendido” para poder gobernar al pueblo de Israel, y Dios se lo dio (1 Reyes 3:9). Admite a tu esposa que en verdad necesitas entenderle mejor. Luego, oren juntos para que Dios les dé a los dos un corazón que entienda mejor al otro. El resultado será un hogar que está bien establecido, y fortalecido para permanecer. “Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará” (Proverbios 24:3).

7. Jesucristo daba honor a otros.   Después de exhortar a los maridos a vivir con sus esposas sabiamente, añade que debes también dar “Honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que tus oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7). ¿Qué significa dar honor a tu esposa? “Honrar” quiere decir estimar o tener como valioso. Nuevamente vemos a Jesús como supremo ejemplo de este tipo de amor, viviendo su vida para servir a otros y dando su vida en sacrificio en la cruz. Nos consideró a ti y a mí tan valiosos como para derramar su sangre por nosostros para redimirnos para sí mismo (1 Pedro 1:18-19).

¿Cómo puedes dar honra a tu esposa? Entregándote por ella en todas las forma que hemos examinado en este artículo: pon a Cristo en su lugar correcto como primera autoridad en tu vida; sé el ejemplo espiritual en tu hogar; cultiva un corazón de siervo; aprende a comunicarte con tu esposa; sé compañero para ella; estúdiala para desarrollar una comprensión de ella para que puedas proveer lo que ella necesita. Todas estas acciones requieren amor sacrificial. Así se nos define el honor en Romanos 12:10: “Ámense los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, dando preferencia los unos a los otros.” Dale la preferencia en amor sacrificial, y es ciertísimo que ella se dará cuenta que tú le estimas y le tienes como de mucho valor.

8. Jesús rehusó forzar a otros. Jesús nunca forzó su voluntad con otros por ningún motivo, ya que esto iría en contra de la naturaleza divina, que es amor. No se puede forzarle a alguien, y al mismo tiempo amarle verdaderamente. Jesús siempre presentaba la relación con él como asunto de elección propia y de cada persona. La última invitación que la Biblia ofrece dice, “...El que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17). El Padre te llama, y espera hasta que tú estés de acuerdo con él en cuanto a la verdad. La palabra de Dios nos dice que “Si confesamos (‘confesar’ significa decir lo mismo acerca de algo) nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados...” (1 Juan 1:9). Por eso, Dios no te obligará a venir, ni te forzará a arrepentirte. Con su amor te conduce a un lugar de armonía con él, así como hizo con el pueblo de Israel. “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor...” (Oseas 11:4).

Éste es un punto central del ejemplo de Cristo para ti, si tú quieres llegar a ser el marido que Dios quiere que seas. Jamás podrás imponer tu liderazgo a la fuerza. Ella tendrá que llegar al punto de someterse a ti así como tú llegas a someterte a Cristo. Entonces, hazte la pregunta, “¿Por qué me someto a Cristo? ¿No es por su amor y ternura que me ofrece, demostrando su amor sacrificial en su vida y en su muerte? Jesús no tiene que imponer su voluntad para tu vida a la fuerza, porque tú estás convencido que su amor hacia ti es incondicional: te ama a pesar de tus fracasos, muestra su misericordia y paciencia contigo en tantas maneras, y has experimentado su ternura y fidelidad. Con estas convicciones, tú naturalmente deseas rendirte a él y tener su autoridad en tu vida; estás plenamente convencido de estas verdades.

Por eso, en lugar de obligar a tu esposa a seguir tu voluntad a la fuerza, aprende a ser un ejemplo del liderazgo de Cristo; en amor busca llegar a un entendimiento con tu esposa en todas aquellas áreas que los dividen ahora. Pablo exhortó a hacer eso en el área de relaciones sexuales. Dijo a los hombres y mujeres de la iglesia de Corinto que no se negaran el uno al otro “a no ser por...mutuo consentimiento...y vuelvan a juntarse en uno...” (1 Corintios 7:5). La palabra “consentimiento” significa “llegar a un acuerdo”. Nota que Pablo no les dice a los maridos que obliguen a sus esposas a consentir. La exhortación es que las parejas se pongan de acuerdo para encontrar una solución. Si así hay que obrar en las áreas más íntimas de tu matrimonio, ¿cómo no debe ser la regla en las demás áreas? Así es que el amor busca llegar al acuerdo y nunca recurre al uso de la fuerza.

Marido, su tú comienzas a seguir el ejemplo de Cristo y amas a tu esposa de esta manera, el corazón de tu esposa confiará en ti y en tu liderazgo de la familia. En cambio, si rehusas aprender estas actitudes y acciones, no hay nada que puedas decir que le anime a seguir tu liderazgo.

Déjame animarte en conclusión a que tú en oración pidas a Dios que cambie tus deseos y que te dé las actitudes que reflejan el mismo corazón de Cristo. Jesús dijo, “Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:8).

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New Believers

There are two things you need to know once you’ve asked Jesus to take over your life. First, you need to understand what has just happened to you. Second, you need to know what the next steps you should take to begin growing in your Christian walk.

If you will take the time to open your Bible right now, you will begin to experience the joy of understanding God's glorious promises to you. Begin by reading the questions below.

Then, look up the Scriptures and fill in the answers. To help locate the references, use the table of contents in your Bible. All the references are in the New Testament.

What has just happened to you?
What do you become once you believe in and receive Jesus?

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