CÓMO CULTIVAR LA ARMONÍA CON TU PAREJA.

 

Cuando primero conociste a tu pareja, llegó a existir un afecto mutuo entre ustedes a causa de ciertas cosas que tenían en común. Tal vez fue porque se conocieron en una manera que pareciera indicar que tenían los mismos intereses y metas. Salían juntos, se enamoraron, y se casaron. Sin embargo, después de casarse, empezaron a manifestarse ciertas diferencias. Esas diferencias crean conflictos y alejamiento. Es en este punto donde es necesario que ustedes se den cuenta que deben hacer algunos ajustes para reestablecer aquella armonía y unión que disfrutaban desde el principio de su relación. Por eso preguntamos: ¿cómo se puede restaurar el compañerismo y la armonía en su relación? ¿cuáles son algunos pasos que ustedes pueden tomar para lograr eso? Veamos los principios generales que te ayudarán a encontrar la respuesta.

Existe un principio señalado muchas veces en la Biblia: el acuerdo mutuo. Para cultivar la armonía con tu pareja, tienes que buscar el acuerdo entre ustedes, porque éste constituye el medio por el cual llegarán a la verdadera armonía y el compañerismo que deseas en tu matrimonio. En todas las decisiones y cada asunto que tienen que resolver, Dios quiere que ustedes busquen el acuerdo. El apóstol Pablo enseñó este principio cuando escribió a los corintios acerca de las decisiones en lo más íntimo de la relación matrimonial: la unión sexual. Dijo, “No se nieguen el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparse sosegadamente en la oración; y vuelvan a juntarse en uno, para que no les tiente Satanás a causa de su incontinencia”  (1 Cor.7:5). La palabra consentimiento significa armonía.

Si la palabra de Dios enseña que debemos de buscar el mutuo acuerdo en cuanto a la decisión más íntima de nuestro matrimonio, entonces ¿cuánto más debemos de buscar el acuerdo en los aspectos más generales de nuestra relación? Si procuras llegar al mutuo acuerdo con tu pareja a pesar de sus diferencias, eso producirá armonía, y por lo tanto, esto debe ser una meta diaria en su relación.

 

El principio bíblico del mutuo acuerdo es también una necesidad en tu relación con Dios. Él manifiesta este deseo cuando hace la pregunta a través del profeta Amós al pueblo de Israel: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo? (Amós 3:3). La respuesta es, obviamente, “no”. No podemos andar con Dios a menos que estemos de acuerdo con él. Este acuerdo da principio cuando comienza la salvación, como lo enseñó Juan el apóstol: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). La palabra confesar significa “decir lo mismo”, o sea, estar de acuerdo. Dios requiere que estemos de acuerdo con él acerca de nuestra conducta pecaminosa antes de que podamos comenzar a andar con él. Cuando nos rendimos a la verdad que Dios nos declara, y nos ponemos de acuerdo con él, suceden una armonía instantánea y unidad con él. Si esa armonía ha de permanecer, necesitamos seguir confesando y poniéndonos de acuerdo con Dios en toda nuestra relación con él.

Si tú deseas armonía y unión con tu pareja, llegar al mutuo acuerdo es el medio por el cual lograrás tu deseo. Si no hay acuerdo entre ustedes, no puede existir la armonía entre ustedes. Por eso, pregúntate si en cada una de las áreas de conflicto en tu matrimonio, tú deseas en verdad restaurar la armonía. ¿Están buscando llegar a un mutuo acuerdo, o solamente estás buscando imponer tu voluntad? Dios no quiere que tú estés viviendo en un ambiente conflictivo, sino uno de unión y armonía, y por eso la forma de llegar a vivir en un ambiente armonioso es ponerse de acuerdo.

¿Como pueden llegar a un acuerdo mutuo?

Cuando existen diferencias entre ustedes que causen distanciamiento, el ponerse de acuerdo en un término medio es la única forma de llegar a un acuerdo y restaurar la armonía. Se logra un acuerdo armonioso cuando los dos ceden en algo que les permite encontrarse en un punto común.

Algunos sienten que ceder en algo para poder llegar a un acuerdo armonioso representa una violación de sus derechos; como si fuera algo malo en sí el ceder lugar a otro. En realidad, la cuestión no es que si se debe conceder algo, sino qué cosas se conceden. Definitivamente, Dios no quiere que cedamos lugar en cuanto a cuestiones morales que están claramente definidas en las Escrituras. La Biblia enfatiza que no participemos “en las obras infructuosas de las tinieblas” (Efesios 5:11). Nos manda a “no tocar lo inmundo” (2 Cor.6:17). Sin embargo, cuando no se trata de cuestiones morales o bíblicas, las Escrituras nos enseñan que “Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente” (Rom.14:5). En aquellas cosas que no son esenciales, Dios nos da la libertad de decidir lo que sea más conveniente, pero también nos advierte que no debemos condenar ni ofender a nuestros hermanos con nuestra actitud, manera de vivir, o nuestras decisiones. Pablo dijo que es bueno no hacer “nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite” (Rom.14:21). Dice que si fallas en esto, “ya no andas conforme al amor” (Rom.14:15).

Por eso, si los asuntos que causan conflicto entre ustedes no son morales o bíblicos, es tanto posible como necesario llegar a un acuerdo armonioso a través de ceder lugar. Por ejemplo, si existen dos opciones igualmente válidas y aceptables (moralmente) para salir a distraerse, ¿por qué no llegar a un acuerdo mutuo, distrayéndose aquí esta vez, y allá a la próxima? Así ustedes convierten la situación en una oportunidad para mostrar consideración y amor el uno al otro.

Pero tal vez te preguntes, ¿qué pasos puedo tomar para llevarlo a cabo? ¿Cómo puedo encontrar ese término medio de armonía? Si estás de acuerdo que es necesario buscar la armonía en tu matrimonio, considera estos pasos que tú puedes tomar para efectuar cambios reales.

1. Pide perdón. Si recientemente ha habido algún conflicto entre ustedes en el cual tu actitud, tus palabras, o tus acciones hayan sido ofensivas, tú necesitas iniciar el proceso de reconciliación, primero admitiendo tu error a tu pareja, y luego pidiendo su perdón. Jesús enseñó que la reconciliación tiene aun más prioridad que la adoración a Dios. “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo con tu adversario pronto...” (Mateo 5:23-25).

¿Por qué es tan importante buscar el perdón por ofensas pasadas, para llegar a un acuerdo sobre una situación presente? Es porque los dos necesitan estar dispuestos a trabajar juntos para llegar a un acuerdo armonioso, y esto es imposible si existen conflictos aún no resueltos entre ustedes. Cuando pecas contra tu pareja, se destruye la armonía hasta que pidas perdón. Cuando pides perdón, ambos corazones se ablandan, y esto produce un ambiente adecuado para llegar al acuerdo. Si hoy quieres buscar unión y acuerdo con tu pareja, tienes que empezar por admitir con humildad tu error, reconociendo tus faltas del pasado. Las ofensas no se desaparecen; hay que reconocerlas para quitarlas. Mientras existan, siempre estorbarán su relación.

Esta verdad se ilustra en la relación entre José, el hijo de Jacob, y sus hermanos. Ellos pecaron contra José, vendiéndole como esclavo, porque tenían envidia de él por ser el preferido de su padre. A pesar de todo, Dios estuvo con José, y lo elevó de la esclavitud hasta ser segundo después del rey de Egipto. Al final, se encuentran nuevamente José y sus hermanos, y José les perdona. Sin embargo, la Biblia no menciona que los hermanos de José le hayan pedido perdón. Muchos años después, cuando murió Jacob, los hermanos de José le dijeron que su padre les había dejado un recado para él: “Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron” (Génesis 50:17). No sabemos por qué les haya costado tanto tiempo admitir el mal que le hicieron, pero lo que sí queda claro es que el asunto todavía les pesaba. Su temor, aún después de tantos años, muestra que el no admitir las ofensas y el no pedir perdón dejan los conflictos pendientes todavía, lo cual estorba cualquiera relación.

¿Hay algunas ofensas que aún no has reconcido? ¿Por qué no pides perdón hoy por esas ofensas? Esto sin duda es una causa de falta de armonía en tu matrimonio. No permitas que el orgullo y la necedad los mantengan distanciados ni un día más. No trates de endulzar o minimizar la ofensa refiriéndote a ella como un “error”. Reconoce específicamente que lo que has hecho es pecado ante Dios y ofensivo para tu pareja. Este siempre es el primer paso al buscar armonía y el acuerdo mutuo.

Luego puedes ir a Dios en oración y pedir su perdón también por lo que hayas cometido de hecho o de palabra que sea desagradable para él. Él es fiel y justo para limpiarte de todo.

2. Escoge ceder el lugar en amor. Una clave para encontrar armonía y acuerdo en tu matrimonio es escoger ceder lugar en amor. De hecho, es imposible llegar a un acuerdo sin que uno de los dos esté dispuesto a tomar el primer paso, escogiendo ceder lugar en forma sacrificial. Cuando damos lugar en amor, estamos poniendo los ingredientes necesarios para llegar a un acuerdo. Esto siempre hace que se elimine la contienda y restaura la armonía a la relación.

El caso de Abraham y Lot ilustra esto. Cuando aumentaron las tensiones entre ellos a causa de conflicto sobre las pasturas para su ganado, nota que Abraham tomó el primer paso hacia su pariente Lot: “No haya ahora altercado entre nosotros dos...¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda” (Gén.13:8-9). He aquí la esencia del acuerdo armonioso. Se busca la manera de dar lugar para eliminar la contienda. Esto puede significar que tú le des la oportunidad a tu pareja para hacer la decisión, y que te conformes con lo que decida. El amor siempre busca la forma de dar a otros. “Porque de tal manera amó Dios...que dio a su hijo unigénito” para eliminar la contienda y reconciliarnos consigo mismo (Juan 3:16). El amor siempre actúa de manera sacrificial para hacer reconciliación.

¿Y tú? ¿Quieres dar de esta manera a tu pareja? ¿Buscarás en amor la forma de llegar a un acuerdo con tu pareja, para quitar el punto de conflicto entre ustedes? Escoge el punto más grande de conflicto, y pídele a Dios que te muestre una forma creativa para ceder lugar. Esto puede significar que tú te abstengas de ciertas acciones, o que tomes acción en cierta área, para demostrar tu amor y tu deseo de reconciliar este asunto. No esperes hasta que tu pareja tome el primer paso: toma la iniciativa ya.

3. Mantengan la comunicación abierta. Muchas veces cuando cuesta llegar a un acuerdo, la gente casada se da por vencida muy pronto, solamente porque no se comunica. Cuando falla la comunicación a causa de un conflicto, el enojo y la frustración siempre aumentarán. Sería mucho más sencillo para los dos si se sentaran a hablar con calma hasta que lleguen a un entendimiento. En tales casos, porque la comunicación se mantiene abierta, tu pareja te dirá lo que sería aceptable de su parte para acabar con el conflicto. ¿Nunca has escuchado a tu pareja decirte en una discusión, “Si tan sólo hubieras hecho tal o cual, yo no me habría enojado” o “Para la próxima vez, mejor lo hacemos así...”? Tales palabras te indican dónde se encuentra el acuerdo.

La comunicación siempre es central para llegar a un acuerdo. Sí, es difícil hablar acerca de algunos conflictos, sobre todo aquellos que han surgido repetidas veces. Aún así, es fundamental seguir hablándose hasta llegar al acuerdo. Es más fácil quejarte o desahogarte con tus familiares o amistades acerca de lo inflexible que es tu pareja, pero eso es pecado y es destructivo para tu matrimonio. Lo correcto es ir directamente a tu pareja con el problema y pedirle que trabajen juntos para solucionarlo.

Algo que ilustra muy bien el beneficio de mantener la comunicación abierta y directa se ve en el libro de Hechos; se presentó un caso en la iglesia en Jerusalén. Se multiplicaba el número de discípulos, y surgió un conflicto a causa de una diferencia entre el trato a las viudas hebreas y las viudas griegas. Parece ser que había cierta negligencia en cuanto al apoyo económico que se daba las viudas, y a las viudas griegas se sentían desamparadas por la iglesia. En el principio, solamente se quejaban del problema y había murmuración; pero por fin alguien decidió traer el problema ante los apóstoles: inmediatamente encontraron una solución. Sencillamente, era un acuerdo mutuo en el cual señalaron a siete hombres griegos que se encargaran del sustento de las viudas griegas. Fue una solución a la vez sencilla y sabia, porque como se ve en Hechos 6:5 en la lista de los hombres seleccionados para esa tarea, todos eran griegos. ¡Qué sensata y justa manera de solucionar el problema: dar a unos responsables griegos el cargo de cuidar a las viudas griegas. Este acuerdo mutuo solucionó el problema, y “agradó la propuesta a toda la multitud”.

Por eso, si hay algún conflicto para el cual aún no han encontrado un acuerdo satisfactorio, vuelvan a tratar el asunto, hablando el uno con el otro. Los dos deben estar dispuestos a perdonar y a pedir perdón. Acuérdate: el Señor nunca deja de comunicarse contigo, tratando aquellos asuntos que necesitan cambio en tu vida. El persiste. Dice, “Vengan luego, y estemos a cuenta...” (Isa.1:18). ¿Por qué no hacer lo mismo con tu pareja? Persistiendo en la comunicación abierta, lograrás mucho entendimiento de tu pareja, lo cual te permitirá buscar el acuerdo. Si rechaza tus esfuerzos en este sentido, tal vez sea tiempo de obtener apoyo de un tercero que les ayude a entenderse, así como lo hicieron las viudas en la iglesia de Jerusalén.

4. Sigan orando. Después de haber platicado a fondo el asunto, puede ser que aún no lleguen a un acuerdo satisfactorio. Necesitan seguir orando. La oración es indispensable para restaurar la armonía porque así le das a Dios la oportunidad de revelarte a ti msimo tu propio corazón y motivaciones. La oración te ayuda a examinarte, para ver realmente cuál es tu disposición. Muchas veces las parejas discuten y dan muy buenos argumentos y razones. Sin embargo, en realidad esto no es más que egoísmo. Mientas continúe el egoísmo en el corazón, no se llegará a acuerdo alguno.

Por eso, cuando oras, pídele a Dios que te revele a ti y a tu pareja las verdaderas motivaciones de sus corazones. Las Escrituras declaran que el Señor “escudriña los corazones de todos y entiende todo intento de los pensamientos” (1 Crón.28:9). Dios habló al profeta Jeremías rogándole, “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jer.33:3). Si Dios conoce todo intento de tu corazón, él seguramente te lo puede revelar. Si estás dispuesto, la oración te dará el entendimiento que necesitas.

La oración no solamente te ayuda a conocer tu propio corazón; te ayuda a ver cada asunto desde el punto de vista de Diuos. Cuando oras, te acercas a Dios, como lo descubrió David: “Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras” (Salmo 145:18). Cuando te acercas a Dios, él se acerca a ti. Te llena con su Espíritu y con el fruto de su amor. Esto te motiva y ablanda tu corazón, y te hace más receptivo a su Palabra y a su consejo acerca de tu situación.

Nunca subestimes la eficacia de la oración para ayudarte a restaurar la armonía en tu matrimonio. Pide a Dios que te revele tus motivaciones, y que te llene con el Espíritu Santo para que produzca en ti la actitud correcta tan necesaria para restaurar la armonía.

Pero, ¿qué sucede si solamente uno de ustedes está dispuesto a llegar a un acuerdo? Si sólo uno está cediendo lugar, ningún acuerdo durará mucho tiempo. El amor sacrficial consiste en dar recíprocamente de ambas partes. Nota la relación recíproca del matrimonio, enseñada por el apóstol Pablo: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor...Maridos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia...” (Ef.5:22,25). Si los acuerdos no son recíprocos, entonces quien siempre cede lugar llegará a sentirse ofendido por la falta de amor del otro. Las Escrituras nos enseñan que debemos estar “no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Fil.2:4). Si los maridos y sus esposas se trataran con el mismo respeto y la cortesía que usan con sus hermanos y hermanas en Cristo, sería muchísimo más fácil llegar a un acuerdo mutuo.

Si tu pareja no está dispuesta a ceder lugar o a buscar acuerdo en cuanto a los conflictos que tienen, hay que tratar el asunto inmediatamente. Si tu pareja sigue resistieéndose a tener comunicación, a buscar un acuerdo, o cuando menos orar acerca del problema, necesitas buscar la ayuda de tu pastor o algún responsable de la iglesia para obtener orientación y consejo.

¿Qué sucede cuando has hecho todo lo que puedes para dar lugar y llegar a un acuerdo mutuo, y todavía no existe acuerdo completo?

Ésta es una pregunta frecuente, porque el caso ocurre mucho en el matrimonio. ¿Qué debes hacer cuando has hecho todo lo que puedes, y el acuerdo no es satisfactorio? ¿Hay algo más que puedes hacer ahora? ¡Sí! Tienes que aceptar las diferencias y andar en amor. Voy a aclarar: no digo que debes estar de acuerdo con una conducta inmoral. El tipo de aceptación al cual me refiero entra cuando la situación no es una cuestión bíblica de “blanco y negro”, y solamente cuando se han esforzado a ceder lugar, comunicarse, y orar durante mucho tiempo. Siempre hay la posibilidad de ceder en muchas formas, antes de llegar al punto de tener que aceptar la situación como está y seguir adelante. Ejemplos de algunas situaciones que tal vez tengas que aceptar de esta manera son: que tu pareja no es tan sociable como tú (o es más sociable); que tu pareja no se interesa por las mismas cosas que tú; que su apetito sexual es más, o es menos, de lo que tú quisieras. Estas diferencias normalmente no cambian mucho en toda la vida, porque tienen que ver con la personalidad, el trasfondo cultural, las hormonas, y el temperamento de cada individuo. En estos casos, es importante recordar que no hay ni siquiera una pareja perfectamente “pareja” sobre la tierra. No importaría con quién estuvieras casado; siempre encontrarías tales diferencias. No eres realista si te imaginas que tu pareja--callada y reservada--se cambie en forma radical para ser como tú. Pueden encontrar armonía se se esfuerzan por dar, y no por demandar. Ten cuidado que no desprecies a tu pareja por su diferente modo de ser. Mejor, demuestra aceptación. Esta actitud permitirá más acuerdo y armonía en el futuro.

Algunos me han preguntado por qué Dios juntaría a dos personas tan distintas. La respuesta es muy sencilla: él quiere enseñarles lo que significa amar. ¿Cómo podemos estar seguros de esto? Porque la Biblia nos dice que el matrimonio es un retrato de la relación de Cristo con la iglesia (Efes.5:32). Él nos demuestra su amor diariamente, y nosotros estamos aprendiendo cada día lo que significa amarle a él. El gran mandamiento es “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón...y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mat.22:37,39). Así es que tú estás en el proceso de aprender a amar a tu pareja de esta manera. ¡No resistas este proceso; participa en él!

¿Dónde enseña la Biblia la necesidad de aceptación y amor en esas áreas grises? En el capítulo 14 de Romanos, el apóstol Pablo enseña la necesidad de andar en amor en aquellas cuestiones que no sean morales. Luego en capítulo 15 dice, “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos...recíbanse los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios” (Rom.15:1,7).

Para entender y aplicar esto en tu vida, necesitas considerar cómo te ha aceptado Cristo. Él te ve como eres, con tus defectos y flaquezas, y aún así te ama. Él hace así porque tú y él han llegado a un acuerdo acerca de tus pecados, y has recibido perdón en el pacto de su sangre. Estás en Cristo, presentable por su justicia. Él nos ha hecho “acepto en el Amado” (Efes.1:6). En su aceptación total de ti, él declara: “No te desampararé, ni te dejaré” (Heb.13:5). Además, en todos los aspectos en que tú necesitas su obra transformadora, su amor persistente no se detiene ni se desanima, para seguir produciendo en ti aquella armonía con él que tú y él desean. La prueba del compromiso de Dios para llevar a cabo su amor hacia ti, es que él te haya aceptado en Cristo (Fil.1:6).

Dios quiere que ustedes demuestren la misma aceptación. Este es el llamamiento de Dios para ti: acepta a tu pareja. No permitas que las pequeñas diferencias causen grandes divisiones entre ustedes. Deja de concentrarte en las diferencias de personalidad, o en alguna otra cosa que no podrás cambiar, y concéntrate en lo que tienen en común. Busca armonía a través de acuerdo mutuo, perdón, oración, dando lugar en amor. Comienza hoy a resolver el desacuerdo y los conflictos que están pendientes. No se solucionarán solos; ustedes tienen que buscar la solución juntos. Demuestra a tu pareja tu decisión de aceptar aquellos aspectos de su personalidad que no van a cambiar mucho durante su vida. Dile, “No te desampararé, ni te dejaré.” ¡Tengan la gracia para aceptar el uno al otro, para la gloria de Dios!

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New Believers

There are two things you need to know once you’ve asked Jesus to take over your life. First, you need to understand what has just happened to you. Second, you need to know what the next steps you should take to begin growing in your Christian walk.

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